
Una homologación completa entre la FAA de Estados Unidos y la AFAC de México se ve difícil, pero es deseable, además de posible.
Serían de esperarse grandes ventajas para nuestro país, sobre todo porque hoy ya existen mecanismos parciales de cooperación y reconocimiento técnico entre ambas agencias, lo que representa un gran avance; aun así, obviamente no existe una homologación ni de cerca en todos los ámbitos.Habría que continuar principalmente con la homologación de licencias de pilotos, certificaciones de aeronaves e inspectores, mantenimiento, escuelas, operadores aéreos y regulaciones completas, entre otras.
Entre Estados Unidos y México ya existen acuerdos bilaterales de aviación civil y cooperación técnica, como reconocimiento de algunas capacidades aeronáuticas en licencias para pilotos y técnicos de mantenimiento, validaciones, coordinación de seguridad operacional, entrenamiento, auditorías y estándares OACI compartidos.
Ambos países siguen lineamientos de la Organización de Aviación Civil Internacional, lo cual, en un momento dado, podría facilitar bastante la compatibilidad regulatoria.
Existen, sin embargo, obstáculos mayores para lograr una homologación total.
Quizá el mayor de ellos es que la AFAC mexicana ha perdido un tiempo precioso durante muchos años, incluidos aquellos en que fue degradada a Categoría 2 entre 2021 y 2023, limitando, entre otras restricciones, las operaciones aéreas.
Siguen existiendo grandes diferencias regulatorias y de supervisión, dejando clara una ineficiencia de la autoridad aeronáutica de México que ya tiene años vigente ante una acción gubernamental muy lejana.
México recuperó la Categoría 1 en 2023 después de corregir observaciones regulatorias y de supervisión técnica, lo que deja claro que nuestra autoridad podría lograr capacidad para alinearse. Sin embargo, hay que decir que lograr y mantener la equivalencia requiere de una inversión económica suficiente y constante, inspectores capacitados y estabilidad regulatoria.
La FAA tiene un sistema sumamente robusto y, hay que decirlo, prácticamente libre de corrupción, problema que es uno de los más graves que sufre la AFAC de México.
La FAA tiene una administración experta, un enorme presupuesto, opera con tecnología moderna, inspectores muy bien entrenados, certificaciones propias y estándares operativos claros, modernos y muy detallados. Además, tiene al lado el departamento de investigación de accidentes más eficiente e importante del mundo, la NTSB, completamente independiente y con recursos financieros y humanos propios.Una oficina investigadora de accidentes aéreos igualmente independiente y con recursos suficientes es una urgencia que no es de hoy, sino de siempre en México.
La AFAC todavía opera con muchas reglas de los años sesenta y, aunque ha avanzado en la modernización de sus regulaciones y leyes, debería seguir actualizando sus reglamentos, alineándose más rápido de como lo hace hasta hoy, adoptando, de entrada, la filosofía de eficiencia de la FAA o al menos acercarse.
Uno de los mayores obstáculos que enfrenta la Agencia Federal de Aviación en México es la burocracia rampante que existe al interior, la cual complica y retarda hasta el más mínimo trámite, invitando a la corrupción.
Un buen porcentaje de sus trabajadores no está preparado para hacer lo que tiene que hacer y ha sido impuesto, en su mayoría, por presiones políticas. Además, la Agencia está dirigida por militares cuya formación y experiencia no terminan de cuadrar con una oficina civil.
Debemos decir, sin embargo, que también hay personas profesionales y honestas que hacen el esfuerzo todos los días para poder mover ese “elefante en la sala” que detiene todo al interior de la AFAC.
Para lograr equivalencia debería buscarse la validación recíproca de licencias ATP, TPI y comerciales, y todo lo relacionado con mantenimiento, entrenamiento y certificación de talleres. ¿Y por qué no?, también la transferencia de pilotos entre aerolíneas mexicanas y estadounidenses, aunque el trámite legal y laboral de esto último hoy marca una distancia enorme, pero no imposible.
En este sentido, las aerolíneas norteamericanas empiezan a sentir seriamente la falta de pilotos calificados, porque están recibiendo aeronaves nuevas como nunca. United Airlines, por ejemplo, acaba de alcanzar la friolera de 1,500 aviones en su flota.
Por otra parte, una gran cantidad de aviadores está alcanzando la edad de jubilación a los 65 años y los pilotos que salen de las academias de vuelo requieren, como mínimo y por ley, 1,500 horas de vuelo para iniciar entrenamiento inicial en una aerolínea estadounidense, sin olvidar que no hay suficientes pilotos con experiencia para volar al mando.
Se ve muy posible que en un futuro no muy lejano sea necesaria la contratación de pilotos extranjeros con capacidades de licencia como primeros oficiales y con experiencia en el caso de capitanes para volar en las 100 líneas aéreas comerciales y sus 8 mil aviones que tiene Estados Unidos.
También grandes aerolíneas internacionales, especialmente europeas y asiáticas, que nunca lo pudieron prever, imaginar ni aceptar siquiera por su estructura legal, hoy se ven obligadas a contratar extranjeros y ya existen cientos de pilotos volando sus aviones por todo el mundo, incluyendo, por cierto, a muchos mexicanos cuya calidad profesional es muy bien valorada internacionalmente.
En cuanto a México, sabemos que existe una gran cantidad de aviadores recién salidos de las escuelas de vuelo en espera de una oportunidad para contratarse en alguna aerolínea nacional, por lo que hoy no se entendería la contratación de extranjeros en nuestro país, debiendo, en todo caso, primero cambiar nuestra Constitución, que explícitamente lo prohíbe.
Dadas las condiciones laborales y, sobre todo, económicas, hoy solo se podrían atraer a México —si se cambia el marco legal— pilotos extranjeros de países que no tienen una aviación estructurada y que, en su mayoría, no han logrado acumular capacidades ni experiencia.
En fin, una homologación de las agencias federales de Estados Unidos y México sería un parteaguas y un avance positivo en la industria de ambos países, especialmente beneficiosa para el nuestro, aunque para eso se requiere voluntad política.
Se debería presentar, primero, una AFAC con reglas claras, honesta, eficiente, eficaz y modernizada en todos sentidos, con regulación de acuerdo con los tiempos que vivimos, recursos tecnológicos y económicos suficientes, así como personal experto, entrenado y bien pagado.
Falta voluntad; lo demás podemos tenerlo.
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