
El documento Estrategia de desarrollo del espacio cislunar / Cislunar Space Development Strategy 2026 de la National Space Society (NSS) constituye un texto programático que combina visión estratégica, promoción ideológica y una hoja de ruta preliminar para el desarrollo económico del espacio cislunar. El documento se encuentra disponible en el siguiente vínculo: https://nss.org/docs/NSS-Cislunar-Space-Development-Strategy-2026.pdf
La estrategia de desarrollo del espacio cislunar de la NSS describe un marco estructurado para la expansión económica e infraestructura del sistema Tierra-Luna. Prioriza la actividad comercial continua, el desarrollo de una logística integrada y la utilización de recursos in situ (ISRU) para establecer una presencia humana sostenible y permanente en el espacio. La estrategia se organiza en una cronología coherente y de múltiples fases:
-Infraestructura de retorno a la Tierra: se centra en capacidades espaciales inmediatas, incluidas las comunicaciones en situaciones de desastre, la gestión del tráfico orbital, el seguimiento de basura espacial y la monitorización climática.
-Bancos de pruebas en el entorno orbital cercano a la Tierra: enfatiza la reparación en órbita, el mantenimiento de satélites, los sistemas de soporte vital de ciclo cerrado y la robótica para entornos extremos.
-Transporte y logística cislunares: estandariza el traslado rutinario y asequible de carga, propelentes y personal entre la Tierra, la Luna y diversos puntos de Lagrange (como las estaciones de paso L1 y L2).
-Desarrollo de la superficie lunar: aboga por la transición de misiones de exploración a corto plazo hacia bases lunares tripuladas permanentes, la extracción industrial de recursos y el desarrollo de los sistemas de energía nuclear.
Paralelamente a este marco, la NSS ha publicado documentos de postura complementarios sobre el presupuesto reducido de la NASA para 2026 y las bases lunares en el programa Artemis, con el fin de alinear mejor el gasto gubernamental con los objetivos a largo plazo de asentamiento cislunar.
En términos generales, la estrategia de la NSS propone una narrativa profundamente optimista sobre la expansión humana más allá de la órbita terrestre baja, sustentada en la idea de que el espacio entre la Tierra y la Luna representa la siguiente frontera económica y tecnológica de la humanidad. Sin embargo, un análisis crítico revela tensiones importantes entre sus supuestos económicos, sus implicaciones políticas y la viabilidad técnico-social de sus propuestas.
En primer lugar, el documento se apoya en un discurso de excepcionalismo tecnológico y económico que presenta el desarrollo cislunar como una continuación casi inevitable del progreso humano. La NSS define esta región como “el siguiente paso lógico en nuestra expansión al espacio” y plantea que su explotación generará un “nuevo mercado masivo” con beneficios globales. Esta afirmación encierra una concepción lineal del desarrollo histórico, en la que la expansión espacial se presenta como una evolución equivalente a anteriores procesos de colonización terrestre. Sin embargo, esta analogía es cuestionable ya que mientras que la expansión en la Tierra ocurrió en contextos de explotación de recursos ya accesibles biológicamente, la economía cislunar requiere inversiones iniciales extraordinarias y tecnologías pesadas aún en desarrollo. El documento menciona el crecimiento de la economía espacial —546 mil millones de dólares en 2022 y una proyección de un trillón para 2040— como evidencia de viabilidad, pero no distingue claramente entre la economía espacial orbital -basada en satélites (ya consolidada y que representa el 80% de la economía espacial)- y los mercados cislunares aún incipientes. Esto sugiere una extrapolación altamente optimista que puede ocultar riesgos significativos.
Un segundo aspecto crítico es la fuerte orientación hacia el libre mercado como motor del desarrollo espacial. La NSS enfatiza la necesidad de fomentar competencia, emprendimiento y asociaciones público-privadas, al mismo tiempo que reconoce que, en etapas iniciales, el desarrollo dependerá en gran medida del financiamiento gubernamental. Esta dualidad refleja una tensión no resuelta, por un lado, se promueve una visión de economía autosostenida; por otro, se admite que dicha economía no puede existir sin subsidios estatales prolongados. Históricamente, muchos sectores estratégicos —como la aviación o la energía— han requerido décadas de apoyo público antes de alcanzar la rentabilidad, lo que plantea dudas sobre la rapidez con la que el modelo de desarrollo cislunar podría independizarse del Estado. Además, el documento no profundiza en cómo se distribuirán los beneficios económicos, lo que deja abierta la posibilidad de que la riqueza generada se concentre en actores corporativos y potencias espaciales ya establecidas, dejando al margen a los países en desarrollo o emergentes.
El documento destaca múltiples aplicaciones potenciales, desde la energía solar espacial hasta la manufactura en microgravedad y la minería lunar. Estas ideas, aunque técnicamente plausibles, se presentan de manera agregada sin una priorización clara ni un análisis detallado de su madurez tecnológica (TRL e IRL). Por ejemplo, la energía solar espacial ha sido objeto de investigación durante décadas, pero aún enfrenta enormes desafíos de eficiencia, transmisión y costos de infraestructura. De igual modo, la manufactura orbital de productos como órganos artificiales o semiconductores implica barreras regulatorias, logísticas y éticas que el documento no aborda. La estrategia, por tanto, funciona más como un catálogo de aspiraciones que como un plan operativo jerarquizado real.
Otro punto relevante es el enfoque en la explotación de recursos en el espacio ultraterrestre, particularmente el hielo lunar y materiales de asteroides. Aunque se menciona la necesidad de sostenibilidad y conservación, el documento no define criterios concretos para evitar la sobreexplotación ni explica cómo se implementará una gobernanza efectiva de los recursos. Esto es especialmente crítico considerando que el Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe la apropiación nacional del espacio, pero las interpretaciones recientes (soft law) permiten la apropiación de los recursos extraídos. La NSS apoya estas interpretaciones y promueve el desarrollo de mercados de commodities espaciales, lo que podría generar dinámicas similares a las de la minería terrestre, incluyendo desigualdades (acceso inequitativo a todos los países), conflictos y degradación ambiental. Esta contradicción entre el discurso de sostenibilidad y el impulso extractivista es uno de los puntos más débiles del documento.
En términos políticos, la NSS aboga por una cooperación internacional amplia, basada en iniciativas como los Acuerdos Artemis, y reconoce la necesidad de evitar conflictos en el espacio cislunar. No obstante, la estrategia subestima las tensiones geopolíticas existentes entre las principales potencias espaciales, como Estados Unidos, China y Rusia. La idea de un espacio cislunar gobernado de manera cooperativa y equitativa resulta idealista en un contexto internacional marcado por la competencia estratégica, la nueva carrera espacial y el NewSpace. Además, la propuesta de crear nuevos marcos de gobernanza internacionales carece de detalles sobre mecanismos efectivos de cumplimiento, resolución de disputas y representación equitativa de países no espaciales. Esto confirma que la dimensión política del proyecto está menos desarrollada que la económica y tecnológica.
El documento también incorpora un componente ético y cultural, al afirmar que la expansión al espacio inspirará a nuevas generaciones y beneficiará a toda la humanidad. Si bien esta narrativa es poderosa, puede ser interpretada como una estrategia de legitimación que minimiza las desigualdades globales. Es cuestionable hasta qué punto los beneficios del desarrollo cislunar llegarán realmente a poblaciones en países en desarrollo, especialmente cuando la participación en la economía espacial requiere capacidades tecnológicas y financieras avanzadas. La promesa de beneficios universales, por tanto, debe analizarse con cautela, ya que podría reproducir patrones de exclusión similares a los observados en otros sectores de alta tecnología.
Otro elemento crítico es la temporalidad de las metas propuestas. El documento establece objetivos a cinco y diez años, incluyendo hitos como la reducción drástica de costos de lanzamiento, la existencia en ascenso de estaciones espaciales comerciales y el establecimiento de comercio entre entidades en órbita. Aunque algunos de estos avances ya están en marcha, otros parecen ambiciosos en exceso considerando las limitaciones actuales. La historia de la exploración espacial muestra que los plazos suelen extenderse debido a problemas técnicos, financieros y políticos. Por ello, la narrativa poco fundada de progreso acelerado puede generar expectativas muy poco realistas.
Finalmente, es importante destacar que el documento tiene un carácter claramente promocional, orientado a movilizar apoyo político, financiero y social para la agenda de la NSS. Esto se refleja en secciones dedicadas a donaciones, programas educativos y conferencias, así como en el lenguaje inspirador que permea todo el texto. Si bien esto es comprensible en un documento estratégico de una organización no gubernamental, también implica que el análisis de riesgos, costos y consecuencias negativas es limitado.
En suma, la Cislunar Space Development Strategy presenta una visión estimulante y coherente del futuro de la humanidad en el espacio, pero adolece de un optimismo estructural que minimiza las complejidades económicas, políticas y tecnológicas del proyecto. Sus principales fortalezas radican en la integración de múltiples áreas —desde la infraestructura hasta la gobernanza— y en su capacidad para articular una narrativa movilizadora. Sin embargo, sus debilidades incluyen la falta de priorización estratégica, la subestimación de los desafíos geopolíticos y la ausencia de un análisis crítico de las implicaciones sociales y ambientales. Por ello, el documento debe leerse no tanto como un plan detallado, sino como una declaración de intención que requiere complementarse con estudios más rigurosos, objetivos y realistas para transformar su visión en una política viable.
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