
Por décadas, hablar de la aviación regional mexicana fue hablar de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA).
El noble organismo que este mes cumplió 61 años y que fue responsable de desarrollar, operar y fortalecer buena parte de la infraestructura aeroportuaria del país, además de consolidar la red de suministro de combustibles de aviación, la capacitación especializada y la asistencia técnica que sostienen al sector.
Sin embargo, el aniversario llega acompañado de una realidad incómoda: ASA conserva el conocimiento y la experiencia, pero ha perdido gran parte de la red aeroportuaria que ayudó a construir.
Hoy, bajo la dirección del ex gobernador de Tabasco, CARLOS MANUEL MERINO CAMPOS, el organismo promueve una campaña para recordar su importancia estratégica dentro de la aviación nacional.
Y razones existen de sobra. Durante seis décadas, ASA formó generaciones de administradores aeroportuarios, bomberos aeronáuticos, técnicos, especialistas en combustibles y personal operativo que aún hoy mantiene en movimiento a la industria.
Pero mientras ASA celebra, los números muestran la dimensión de la transformación que ha sufrido.
La reestructuración aeroportuaria impulsada por el Gobierno Federal transfirió la mayor parte de los aeropuertos administrados por ASA a organismos controlados por las fuerzas armadas.
Terminales como Nuevo Laredo, Ciudad Victoria, Puebla, Uruapan, Nogales, Tamuín, Campeche, Chetumal e Ixtepec dejaron de estar bajo su operación directa.
La diferencia es contundente. Durante 2023, la red aeroportuaria de ASA movilizó cuatro millones 156 mil pasajeros y registró más de 128 mil operaciones aéreas.
Tras la transferencia de terminales, en el primer semestre de 2024 los registros bajo administración directa del organismo se redujeron a 433 mil 800 pasajeros y apenas 5 mil 900 operaciones.
No se trata de una caída de la actividad aérea nacional. Los pasajeros siguen viajando y los aviones continúan aterrizando.
Lo que cambió fue quién administra los aeropuertos.
Una parte importante de esas terminales pasó a GAFSACOMM, hoy Grupo Mundo Maya, encabezado por ADOLFO HÉCTOR TONATIUH VELASCO BERNAL, mientras otras quedaron bajo control del Grupo Aeroportuario Marina, aún bajo el timón de JUAN JOSÉ PADILLA OLMOS.
La pregunta sigue vigente: ¿fortaleció esta decisión al sistema aeroportuario mexicano o debilitó a una institución civil que acumuló más de seis décadas de experiencia especializada?
Porque la experiencia no se transfiere mediante decretos. De hecho, durante la transición, buena parte de la operación tuvo que apoyarse en personal formado precisamente por ASA.
A sus 61 años, el organismo sigue siendo pieza fundamental en el suministro de combustibles de aviación, la capacitación y la asistencia técnica.
Pero resulta inevitable reconocer que la institución que alguna vez fue la gran operadora aeroportuaria del Estado mexicano hoy observa desde una posición mucho más limitada.
Paradójicamente, ASA llega a su aniversario con más experiencia que nunca y con menos aeropuertos que administrar.
En aviación existe una regla elemental: cuando se reduce la pista disponible, el margen para despegar también disminuye.
Y eso es exactamente lo que hoy enfrenta Aeropuertos y Servicios Auxiliares.
¡Queda Dicho!
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