
“La seguridad aérea no se negocia, no se improvisa y no se pospone”
Muchos hemos abordado el tema desde hace mucho tiempo, desde diferentes aristas, y hemos hablado sobre la urgencia de encontrar soluciones.
Otra vez, la aviación mexicana atraviesa un momento que merece una reflexión seria.
Durante los últimos años, la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) ha enfrentado problemas recurrentes relacionados con su capacidad operativa, supervisión, recursos humanos, procesos administrativos y cumplimiento de estándares internacionales y, cuando parecía necesario fortalecerla, profesionalizarla y dotarla de mayores recursos, aparece una decisión difícil de comprender: un recorte presupuestal.
AFAC ha operado con un presupuesto raquítico de aproximadamente 657 millones de pesos y, necesitando urgentemente aumentarlo a por lo menos 2 mil millones, hoy sufre un recorte y se le asignan para el 2027 apenas 175 millones de pesos.
La pregunta es inevitable: ¿cómo se pretende mejorar la seguridad, la supervisión y la eficiencia de la autoridad aeronáutica si al mismo tiempo se reducen los recursos necesarios para cumplir esas funciones?
La autoridad aeronáutica no puede ser considerada un gasto más dentro de la administración pública. La aviación es una actividad altamente especializada en la que cada decisión tiene consecuencias directas sobre la seguridad operacional, la conectividad nacional y la imagen de México ante el mundo.
AFAC tiene responsabilidades enormes: supervisar a las aerolíneas, certificar personal aeronáutico, vigilar el mantenimiento de aeronaves, supervisar aeropuertos, controlar organizaciones de instrucción, verificar el cumplimiento de las normas y mantener a México alineado con los estándares de la OACI y de otras autoridades internacionales.
Lo hemos dicho hasta el cansancio: para cumplir todo lo anterior se requiere presupuesto adecuado, personal suficiente, altamente capacitado, bien remunerado y con herramientas modernas.
Los problemas recurrentes de la autoridad no necesariamente se solucionan con más burocracia, sino con profesionalización, continuidad administrativa, tecnología, procedimientos eficientes y, sobre todo, con una verdadera cultura de seguridad.
Un inspector de AFAC no puede ser tratado como un funcionario administrativo convencional porque detrás de cada inspección existe una responsabilidad técnica enorme. Un inspector debe tener experiencia, conocimiento, independencia y autoridad para tomar decisiones que pueden afectar a una empresa, a una tripulación o incluso a la operación de todo un sistema.
Por eso resulta contradictorio que se hable permanentemente de fortalecer la seguridad aérea y, al mismo tiempo, reducir los recursos económicos destinados a la institución encargada de supervisarla.
La seguridad aérea no debe administrarse con criterios de corto plazo y eso es justamente lo que se ha hecho.
México ya ha experimentado las consecuencias de una supervisión deficiente. La degradación (dos veces) de la categoría de seguridad aérea mexicana ante la FAA ha sido una señal de alerta que no debería olvidarse. Más allá de las causas políticas o administrativas que puedan existir, aquellas situaciones demostraron que las debilidades institucionales de una autoridad aeronáutica terminan teniendo consecuencias internacionales.
Hoy, México necesita una AFAC fuerte, técnica e independiente. Una autoridad capaz de anticiparse a los problemas, no simplemente reaccionar cuando estos ya ocurrieron.
El crecimiento de la aviación mexicana exige precisamente lo contrario de un recorte porque las nuevas aeronaves, nuevas rutas, crecimiento de aerolíneas, mayor actividad aeroportuaria, nuevos modelos de negocio y una industria cada vez más compleja requieren una autoridad proporcionalmente más preparada.
Por ello, el debate no debería reducirse a cuánto dinero se asigna a AFAC, sino a qué autoridad aeronáutica necesita México para los próximos 20 años.
Una autoridad aeronáutica eficiente es aquella que tiene los recursos para garantizar seguridad, eficiencia y cumplimiento normativo.
Si existen deficiencias presupuestales, deben corregirse; si existen problemas administrativos, deben solucionarse; si existen duplicidades, deben eliminarse. Pero reducir recursos sin explicar claramente cómo se mantendrán o mejorarán las funciones críticas de supervisión genera una legítima preocupación dentro de la industria.
La aviación no admite improvisaciones.
Como pilotos, ingenieros, técnicos, controladores, sobrecargos, despachadores e inspectores sabemos que la seguridad se construye todos los días. Se construye con procedimientos, disciplina, capacitación, supervisión y recursos.
No podemos pedirle a una autoridad aeronáutica que garantice los más altos niveles de seguridad con herramientas insuficientes.
AFAC necesita una transformación profunda, pero esa transformación debe comenzar por reconocer que la autoridad aeronáutica es una pieza fundamental de la seguridad nacional y del desarrollo económico de México.
El presupuesto puede reducirse en muchas áreas de la administración pública. Pero cuando hablamos de seguridad aérea, la pregunta debe ser diferente:
¿Cuánto cuesta fortalecer la seguridad y cuánto podría costar no hacerlo?
La respuesta debería ser evidente.
La aviación mexicana necesita una AFAC fuerte, profesional, técnica y con los recursos necesarios para cumplir su misión. Porque en aviación, ahorrar en supervisión nunca debe convertirse en ahorrar en seguridad por todas sus indeseables consecuencias.
Ojo, Gobierno Federal, Congreso, autoridades de Hacienda, y ojo todos los involucrados: este es otro llamado a tiempo.
Que conste.
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