
Quienes hemos trabajado para la industria aérea por muchos años no podemos entender bien la razón por la cual la AFAC haya tomado la decisión de “reservar” los resultados de la última auditoría de la FAA, llevada a cabo en agosto pasado, por cuestiones de seguridad nacional.
Las evaluaciones IASA (International Aviation Safety Assessment) de la FAA (Federal Aviation Administration) tienen como objetivo examinar la capacidad de la autoridad aeronáutica para cumplir las normas de seguridad de la OACI: legislación, reglamentos, inspectores, certificación, vigilancia, registros y resolución de problemas de seguridad, y todos estos temas (entre otros) no tienen por qué no hacerse públicos.
No basta con que una información sea “importante”, “sensible” o relacionada con la seguridad para que jurídicamente sea convertida en información de seguridad nacional.
Existe un dato importante en este caso: la propia FAA publica los resultados de sus evaluaciones IASA y su documentación señala expresamente que, una vez concluidas las actividades de evaluación, la FAA deberá publicar los resultados y las categorías de los países evaluados.
Por ejemplo, en 2021 la FAA hizo público que México había sido degradado a Categoría 2, explicando todas las deficiencias encontradas en la supervisión de la autoridad de aviación civil mexicana.
Entonces, ¿qué caso tiene que la AFAC reserve hoy el informe cuando sabemos que la FAA va a hacer públicos muy pronto los resultados o conclusiones de su evaluación?
Resulta difícil justificar que esas mismas conclusiones públicas sean secretas en México únicamente por calificarlas como un asunto de seguridad nacional, sin que haya alguna explicación pública y contundente sobre las causas.
Existen cuestionamientos recientes sobre capacitación, personal, institucionalidad de la Agencia y, especialmente, un recorte al ya reducido presupuesto para operar, que resultan ser áreas relevantes para una evaluación IASA.
No podemos adelantar el resultado de esta última auditoría, pero las señales enviadas dejan muchas dudas sobre la permanencia de la AFAC en la Categoría 1.
Existe la impresión en el medio de que la aviación es una prioridad olvidada en México y parece ser una de esas industrias de las que el Gobierno se acuerda solamente cuando existe una crisis. Y ese es precisamente el problema: una autoridad aeronáutica y un gobierno que aspiran a ver crecer a la industria aérea, atraer turismo, generar empleos y competir internacionalmente no pueden tratar a su aviación como un asunto secundario.
La aviación de México necesita mucho más que aeropuertos y aviones. Requiere infraestructura moderna, seguridad, tecnología, capacitación y, sobre todo, autoridades con conocimientos técnicos y visión de futuro. Sin embargo, cuando las decisiones se toman sin considerar suficientemente las necesidades de quienes trabajan diariamente en el sector, las consecuencias las terminan pagando pasajeros, trabajadores y aerolíneas.
México tiene una ubicación privilegiada y podría ser aprovechada para convertirlo en un referente de conectividad aérea en América Latina, pero ese potencial no sirve de nada si no existe una política aeronáutica seria, estable y de largo plazo. No basta con inaugurar obras o anunciar proyectos; se necesita invertir permanentemente en seguridad, mantenimiento, navegación aérea, formación de profesionales y modernización de la infraestructura.
La pregunta entonces no es si México necesita una aviación fuerte y una autoridad eficiente; la pregunta es por qué un país con semejante potencial sigue siendo tratado como si fuera un lujo y no una necesidad estratégica.
Ignorar la aviación y negar el apoyo a su autoridad aeronáutica significa ignorar una parte fundamental de la economía y de la conexión de México con el mundo. El Estado mexicano debe entender que la aviación no puede seguir esperando: necesita atención, inversión y decisiones responsables ahora, no después de que ocurra una crisis como la que podría traer una nueva degradación de la AFAC.
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”[







