
La aviación civil en México no es solo un termómetro económico; es un sistema de relojería donde la seguridad operacional (Safety) y la seguridad de la aviación (Security) son los engranes que dictan el rumbo. Al observar el panorama de este 2026 desde la experiencia operativa, la pregunta no es si tenemos la capacidad de volar más alto, sino si nuestra arquitectura institucional posee la solidez necesaria para soportar el ascenso.
Si bien la recuperación de la Categoría 1 hace un par de años representó un respiro indispensable, la realidad presupuestal de este ejercicio -con recortes que rondan el 8.5%– nos coloca en una posición vulnerable. Hay que decirlo con claridad: una autoridad que carece de recursos para contar con inspectores bien remunerados y capacitados está condenada a ser reactiva. La seguridad no se decreta por voluntad política; se financia, se entrena y se supervisa con rigor técnico.
A pesar de diversos intentos, México sigue adoleciendo de una Política Pública en Materia Aeronáutica que trascienda los calendarios electorales. Hoy, en pleno 2026, el reto no es únicamente la saturación del espacio aéreo o la conectividad del Sistema Metropolitano, sino la certeza jurídica. Necesitamos un plan maestro que integre la infraestructura con una visión de competitividad regional. No podemos permitir que el costo de la TUA y las cargas impositivas sigan siendo el lastre que impida a nuestras aerolíneas competir en igualdad de condiciones con los gigantes del norte.
Frente a las amenazas emergentes, mi mayor preocupación radica en la evolución de los riesgos y la falta de una respuesta contundente ante la ilegalidad. El Mundial de 2026 ha puesto de manifiesto que los protocolos tradicionales de AVSEC (Aviation Security) son insuficientes frente a la guerra electrónica y el uso hostil de drones y RPAS en perímetros aeroportuarios. La gestión de riesgos ya no se limita al arco detector de metales; hoy ocurre también en la ciberseguridad y en la protección de infraestructuras críticas frente a fenómenos naturales, como el impacto de ceniza volcánica, un tema que hemos documentado exhaustivamente.
Sostengo que el capital humano es nuestro activo más devaluado. La aviación comercial en México enfrenta una escasez de talento técnico sin precedentes. Si la AFAC y las empresas no apuestan por una formación de vanguardia que incluya gestión integral de riesgos y nuevas tecnologías, seremos simples espectadores del crecimiento ajeno, mientras nos quedamos en tierra por falta de personal certificado.
El panorama para la aviación mexicana en este 2026 es amplio, pero permanece nublado por la falta de una visión sistémica. La seguridad operacional es el único terreno firme sobre el cual se puede construir. Sin una AFAC robusta, una política de Estado clara y una academia vinculada al sector, seguiremos “volando por instrumentos” en una zona de turbulencia severa. Es momento de tomar los controles con responsabilidad técnica, no solo política y alcanzar el Horizonte Seguro anhelado.
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