
Desde hace más de cinco años, el ruido aéreo se ha convertido en un problema constante para los habitantes del Valle de México. Lo que antes era un zumbido lejano ahora es una molestia diaria que ha encendido las alarmas de organizaciones ciudadanas y especialistas.
El origen de esta problemática se remonta a una decisión de alto impacto: la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco y la consecuente implementación de un nuevo diseño del espacio aéreo para integrar tres terminales: el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y el de Toluca.
Antecedentes: Un sistema eficiente vs. un proyecto cancelado
Previo a 2019, la Ciudad de México contaba con un diseño aéreo altamente eficiente, perfeccionado durante más de 50 años. Este sistema permitía llegadas continuas por el norte, con descensos directos que ahorraban tiempo de vuelo, combustible y jornadas de tripulación.
Sin embargo, todo cambió cuando el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó, tras cancelar el NAIM (un proyecto destinado a ser un hub de clase mundial), la creación de un nuevo esquema que permitiera la coexistencia de tres aeropuertos.
Expertos en control de tráfico aéreo, pilotos e ingenieros han señalado que la solución del “Sistema Aeroportuario” no ha cumplido las expectativas. De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), las restricciones operativas impuestas al AICM han deprimido la demanda de viajes en el centro del país, mientras que el AIFA no ha logrado compensar la caída, movilizando solo una fracción de los pasajeros proyectados.
El rediseño técnico y sus consecuencias inmediatas
El rediseño del espacio aéreo, cuyo desarrollo estuvo a cargo de los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM), bajo la dirección de Víctor Hernández Sandoval en el sexenio anterior, se implementó en fases a partir de marzo de 2021.
Para ello, el gobierno federal contrató a la empresa extranjera NavBlue, que prometió que con la Navegación Basada en Performance (PBN) se reduciría el tiempo de vuelo hasta en un 16%.
Sin embargo, la realidad operativa fue distinta. Con la entrada en operación del AIFA en marzo de 2022, los vuelos comenzaron a experimentar retrasos constantes, trayectorias más largas y un incremento significativo de sobrevuelos sobre zonas densamente pobladas que antes no eran afectadas.
Lo que para las autoridades representaba un avance en eficiencia tecnológica, para los ciudadanos se convirtió en una pesadilla de ruido constante.
El ruido: un problema de salud pública
La presión ciudadana no se hizo esperar. Organizaciones como el colectivo “Más Seguridad Aérea, Menos Ruido”, integrado por más de 60 colonias y asociaciones vecinales del poniente del Valle de México, han documentado con estudios técnicos los impactos de esta situación.
Según sus reportes, el ruido ha superado los parámetros recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), provocando alteraciones en el descanso nocturno, afectaciones cardiovasculares y cognitivas, así como una disminución en la calidad de vida de más de 2.6 millones de personas.
El colectivo señala que el problema no es solo la molestia auditiva, sino la falta de transparencia. Exigieron a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y a la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) la publicación de los estudios que garantizaran la seguridad y los efectos ambientales de las nuevas rutas, argumentando que los cambios se realizaron sin un estudio de impacto ambiental adecuado, lo que llevó incluso a suspensiones provisionales por parte de jueces federales.
La Lucha Interna por la Seguridad y la Solución
En medio de la controversia, el personal técnico del SENEAM y controladores aéreos han trabajado en condiciones complejas para evitar incidentes mayores. El Sindicato Nacional de Controladores de Tránsito Aéreo (SINACTA) advirtió en su momento sobre el aumento del riesgo de accidentes debido a las nuevas maniobras y cruces de vuelos en direcciones encontradas.
Ante esta situación, se formó un equipo de trabajo que ha buscado corregir el rumbo. Este equipo, conformado por especialistas como el ingeniero Luis Sergio Ibarra Vázquez, jefe de controladores aéreos, los ingenieros Andrés Francisco Bravo y Alejandra Pérez Quiroz, en conjunto con personal de aerolíneas y especialistas en ruido aéreo, han colaborado para mejorar la seguridad operativa.
Fruto de este esfuerzo, las autoridades (AFAC y SENEAM) reconocieron recientemente la viabilidad de las propuestas presentadas por el grupo “Más Seguridad Aérea, Menos Ruido”, abriendo una mesa técnica de diálogo para revisar alternativas de trayectorias de salida que reduzcan el impacto acústico en la zona poniente .
Conclusión: ¿una solución en el horizonte?
Aunque el camino ha sido accidentado, el diálogo entre autoridades, especialistas técnicos y ciudadanos parece vislumbrar una solución. Se prevé que un nuevo modelo de rediseño aéreo entre en operación en octubre de 2026, con la participación activa de controladores y pilotos.
El problema del ruido aéreo sobre la Ciudad de México es un claro ejemplo de cómo las decisiones de infraestructura, cuando no se sustentan en estudios profundos y participación ciudadana, pueden tener consecuencias duraderas en la salud y la vida cotidiana de millones de personas.
La batalla por el cielo del Valle de México continúa, ahora con la expectativa de que la seguridad y el derecho a un ambiente sano avancen de la mano.
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