
Por momentos, la aviación mexicana parece vivir en “holding pattern”.
Ahora, en voz de especialistas, exfuncionarios y analistas, regresa Texcoco al radar.
No como nostalgia política, sino como síntoma: el sistema aeroportuario del Valle de México sigue sin cerrar el debate de fondo.
El Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAICM), impulsado en su momento por ENRIQUE PEÑA NIETO, fue cancelado en 2019 por ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR.
A cambio, se apostó por un modelo de tres aeropuertos.
Siete años después, la presión operativa vuelve a poner preguntas incómodas sobre la mesa.
El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), bajo el timón naval de JUAN JOSÉ PADILLA OLMOS, sigue saturado por diseño administrativo.
El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), bajo el yugo castrense de ISIDORO PASTOR ROMÁN, crece y ya es séptimo nacional, pero aún no termina de cuajar como hub natural de largo alcance.
Toluca, otra vez, a medio gas.
Mientras tanto, México rompe récord de pasajeros, la flota rebasa las 400 aeronaves, las aerolíneas expanden rutas y el Mundial 2026 obliga a cuidar tarifas, experiencia y conectividad.
La demanda no espera.
Desde la óptica técnica, Texcoco ofrecía algo que hoy nadie más ofrece: capacidad de crecimiento concentrada en un solo nodo.
Desde la óptica política y financiera, revivirlo sería abrir una zona de turbulencia: costos hundidos, litigios, obra cancelada y una narrativa pública difícil de revertir.
Pero el verdadero riesgo no es Texcoco.
El riesgo es no decidir nada.
La pausa al aumento de la TUA rumbo al Mundial es una señal clara: contener costos hoy, aunque el problema estructural siga intacto.
El Mundial pasa. La demanda no.
Y aquí entra el último punto, el que rara vez aparece en los discursos técnicos.
Porque mientras se pide austeridad, el mensaje interno no siempre cuadra con la realidad.
En el órgano informativo Conexión de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), donde despacha CARLOS MANUEL MERINO CAMPOS (y no, no es capitán), se invita a los trabajadores a no:
– “Realizar gastos innecesarios o desproporcionados”.
– “Buscar privilegios o lujos indebidos”.
El mensaje suena bien.
El problema es la pista.
Porque, recién el jueves pasado, en asamblea celebrada en las propias instalaciones de ASA, se festejó por todo lo alto el cumpleaños de gerente de servicios generales:
Quesadillas, chamorro, carnitas, tacos de canasta…
Y en octubre, el cumpleaños del director de aeropuertos, hasta con mezcal incluido.
“Mijo tu que eres piloto vuélale por las tortillas para la taquiza”… ¡Salud!..
¿Austeridad hacia abajo y festejo hacia arriba?
En aviación eso se llama mensaje cruzado.
Por eso, cuando se habla de Texcoco, del AICM, del AIFA o de cualquier modelo futuro, el debate no es solo de pistas y slots.
Es de credibilidad institucional.
Sin ella, ningún plan despega.
Porque en aviación —y en la administración pública— la coherencia también es combustible.
¡QUEDA DICHO!
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