
Los vuelos directos programados entre China y Estados Unidos registran una caída de 71.9% respecto a 2018, año en el que alcanzaron su máximo histórico, de acuerdo con un análisis de la consultora de datos aeronáuticos OAG. Pese a la recuperación de la mayoría de los mercados internacionales tras la pandemia, las operaciones entre ambas potencias todavía no alcanzan los niveles registrados en 2010.
Según los datos de OAG, los vuelos directos programados en un solo sentido entre ambos países alcanzaron 17,876 operaciones en 2018, antes de desplomarse a 372 en 2022. Para 2026, la cifra se sitúa en 5,020 vuelos, equivalente al 28.1% del máximo histórico y al 90.4% de las 5,554 operaciones registradas en 2010.
De acuerdo con John Grant, jefe de analistas de OAG, durante las dos primeras décadas del siglo, la conectividad aérea entre China y Estados Unidos experimentó una expansión significativa, impulsada por el crecimiento del comercio y el turismo. Aunque ambos países nunca establecieron un acuerdo de cielos abiertos, los protocolos de liberalización de 2004 y 2007 facilitaron el desarrollo de nuevas rutas y el incremento de frecuencias.
Esta expansión benefició principalmente a las aerolíneas chinas, cuya participación en los vuelos entre ambos mercados pasó de 46.9% en 2005 a 58.4% en 2018, hasta alcanzar 60.3% en 2019. Paralelamente, el número de pares de aeropuertos conectados aumentó de nueve en 2005 a 45 en 2018, aunque únicamente 18 de estas conexiones eran operadas por compañías estadounidenses.
“El crecimiento de las aerolíneas chinas generó tensiones competitivas con sus contrapartes estadounidenses, debido principalmente a sus menores costos operativos, que podían situarse hasta 30% por debajo de los de sus competidores. A ello se sumaban las dificultades reportadas por las compañías estadounidenses para obtener slots en aeropuertos como Beijing y Shanghái”, afirmó el experto.
La pandemia de 2020 modificó las condiciones del mercado y abrió paso a una revisión del acuerdo bilateral de servicios aéreos. Estados Unidos solicitó establecer un límite de 50 vuelos semanales para las aerolíneas de cada país, frente al promedio de 343 operaciones semanales registrado en 2018, lo que representó una reducción de 243 vuelos semanales respecto al límite combinado de 100 frecuencias.
Como resultado de esta reorganización, la distribución de operaciones entre las aerolíneas de ambos países volvió a niveles prácticamente equilibrados. Para 2026, las compañías chinas concentran 49.8% de los vuelos programados, mientras que las estadounidenses representan 50.2%, de acuerdo con los registros de OAG.
La reducción de vuelos directos también generó oportunidades para otros centros de conexión internacionales, particularmente el Aeropuerto Internacional de Incheon, en Seúl, Corea del Sur, que se consolidó como una alternativa para los pasajeros que necesitan desplazarse entre China y Estados Unidos mediante itinerarios con escala.
En 2018, aproximadamente 218,000 pasajeros que viajaban entre ambos países realizaron conexiones a través de Incheon, cifra que aumentó a 855,000 en 2024, equivalente a un crecimiento de 292%. Este incremento estuvo acompañado por la incorporación de nuevos destinos y mayores frecuencias hacia ciudades chinas, lo que fortaleció la posición del aeropuerto surcoreano como centro de conexiones en el noreste de Asia.
OAG afirmó que las restricciones de capacidad derivadas de decisiones políticas y comerciales no necesariamente eliminan la demanda de transporte aéreo, sino que pueden modificar los flujos de pasajeros hacia rutas alternativas. En este contexto, el desempeño de Incheon evidencia cómo los aeropuertos de conexión pueden beneficiarse de los cambios en los acuerdos bilaterales y de la reconfiguración de las redes internacionales de las aerolíneas.









