
Cuando un fenómeno climático se vuelve tema de portada, la pregunta útil no es qué tan alarmante sonó, sino qué dijeron quienes lo miden, qué ha ocurrido hasta hoy y qué falta por verse. Con El Niño de 2026, la distancia entre el pronóstico y el titular ha sido enorme.
La NOAA declaró el fenómeno el 11 de junio y, en su informe del 8 de octubre, estimó en 83% la probabilidad de que el trimestre octubre-diciembre supere en intensidad a cualquier evento registrado desde 1950. En México, lo ocurrido coincide en parte con lo anunciado, con un Pacífico desbordado de actividad y un Atlántico casi dormido, pero la sequía grave, por ahora, no aparece en los mapas.
Conviene empezar por separar a quienes miden de quienes repiten. En marzo, la NOAA daba una probabilidad de 1 en 3 de un evento fuerte para el trimestre octubre-diciembre, y en agosto ya estimaba en más de 90% la de uno muy fuerte durante el otoño y el invierno. Para el Atlántico daba en mayo 55% de probabilidad a una temporada bajo lo normal y en agosto la subió a 75%, con 7 a 13 tormentas con nombre, 2 a 6 huracanes y hasta 2 mayores. Para el Pacífico oriental calculó 70% de probabilidad de una temporada sobre lo normal.
El Servicio Meteorológico Nacional, de la Conagua, pronosticó de 18 a 21 ciclones con nombre en el Pacífico, de los cuales de 4 a 5 podrían ser huracanes mayores, y de 11 a 15 en el Atlántico, con uno o dos huracanes mayores. La UNAM advirtió de una temporada intensa de huracanes en el Pacífico, y la presidenta Claudia Sheinbaum dijo, según UnoTV, que el fenómeno sería muy intenso este año y el próximo.
En el Pacífico, el pronóstico no solo se cumplió, sino que llegó a extremos poco comunes. El meteorólogo Philip Klotzbach señaló el 22 de septiembre que Genevieve, Lowell y Polo ya eran tres huracanes categoría 5, igualando el récord de 1994 a esa fecha, y que la presión de Polo bajó a 892 milibares, la segunda más baja registrada en el Pacífico oriental. Según el SMN, Simón fue el noveno huracán de la temporada.
Del otro lado, el pronóstico de una temporada débil se cumplió, aunque con un giro tardío. De acuerdo con Moody’s, 2026 fue la primera temporada desde 1914 en llegar al 21 de septiembre sin un solo huracán. La NOAA, citada por WEAR-TV, señala que todos los El Niño fuertes desde 1950 coincidieron con una temporada atlántica bajo lo normal.
El 7 de octubre, Isaías se formó en el suroeste del Golfo de México, frente a la costa oriental mexicana, y esa misma noche se convirtió en el primer huracán del año en el Atlántico, a un día del récord de 1905 para el más tardío, según CBS News. Con nueve tormentas y un huracán a principios de octubre, la temporada quedó dentro del rango de tormentas de la NOAA, de 7 a 13, pero por debajo del de huracanes, de 2 a 6.
En México, los golpes llegaron por el Pacífico. Polo tocó tierra en Baja California Sur entre la noche del 28 y la madrugada del 29 de septiembre como categoría 2, de acuerdo con la OCHA citada por la OPS, y horas después volvió a hacerlo cerca de Guaymas, Sonora, como categoría 1, según Excélsior. La OPS registró unas 700 personas en albergues y, de forma preliminar, ninguna muerte en Baja California Sur. El gobernador Víctor Castro dijo a la agencia AFP que la infraestructura sufrió poco daño, y en Guaymas Excélsior documentó postes de la CFE caídos e inundaciones.
El 9 de octubre, Reuters informó que se esperaba que Simón tocara tierra el domingo como categoría 4 entre Manzanillo y Puerto Vallarta. No ocurrió así. El domingo 11, de acuerdo con Por Esto, se había debilitado a categoría 3 y cambiado de rumbo, y el lunes 12, según AP, era categoría 2 y seguía sin tocar tierra, aunque dejó inundaciones y deslaves en Michoacán y Colima y daños en Guerrero. El golpe más mortal vino de otro sistema. El 13 de octubre, AP reportó seis muertes, al menos cinco de ellas en Ensenada, Baja California, por las inundaciones de los remanentes de la tormenta Rachel, y una en Guerrero atribuida a Simón. El aviso de peligro fue correcto, el impacto más temido no se materializó y las muertes vinieron sobre todo de Rachel.
Tampoco la sequía llegó como se anunciaba. Una nota de Fox Sports México, del 21 de agosto, presentada como alerta del SMN y la UNAM, enumeraba entre las entidades con posibilidad de sequía extrema a Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Veracruz y la Península de Yucatán. El Monitor de Sequía de México, que elabora el SMN, muestra otra cosa. Al 15 de octubre, el 64.9% del territorio estaba libre de afectaciones por sequía, solo 1.6% tenía sequía severa y no había sequía extrema, tras lluvias sobre el promedio en gran parte del país durante la primera quincena de octubre. El cuadro no es de calma total. A mediados de enero, el mismo monitor ubicaba en 7.4% la superficie con sequía de moderada a excepcional, y al 15 de octubre la moderada y la severa sumaban 12.7%. Hay más sequía que al inicio del año, pero lejos del escenario extremo que se anunciaba.
Hubo señal y hubo ruido, y a veces venían en el mismo titular. “Súper Niño” y “Niño Godzilla” son términos de prensa, y el SMN aclaró, según Infobae, que “Súper El Niño” no es un término oficial. En mayo, El Imparcial advirtió que una cosa es decir que El Niño probablemente se formaría y otra afirmar que ya venían huracanes mayores, sequías críticas o lluvias históricas. Infobae publicó ese mismo mes, sin citar fuente, que los daños podrían superar los 27 mil millones de dólares. Y el propio SMN aclaró que su pronóstico de invierno es un escenario climático general, que se actualizará conforme avance la temporada.
El IRI de la Universidad de Columbia reportó el 19 de octubre que los 27 modelos que analiza pronostican un evento muy fuerte hasta febrero, y la NOAA estimó el 8 de octubre en más de 83% la probabilidad de un El Niño de fuerte a muy fuerte hasta enero-marzo de 2027. La temporada de huracanes termina el 30 de noviembre, pero aún pueden formarse tormentas tardías en ambos océanos. Para el invierno, el SMN prevé 56 frentes fríos, seis más que el promedio y 32 de ellos entre noviembre y febrero, y de noviembre a abril un norte más húmedo, con tormentas invernales y ríos atmosféricos, además de riesgo de heladas. Para 2027, el SMN advirtió de posible sequía en el centro del país.
Dos lecciones. La primera es que los pronósticos oficiales, leídos con sus probabilidades, resultaron más sobrios que varios de los titulares que los resumieron. La segunda es que falta lo más importante, porque El Niño no ha terminado de mostrar lo que hará en México, y el invierno y 2027 dirán si se cumplen la sequía, el calor y los frentes fríos anunciados. Mientras tanto, la mejor práctica es la más aburrida, seguir los avisos del Servicio Meteorológico Nacional y desconfiar de cualquier nota que presente un escenario como si fuera un hecho.
Cap. Cesar Matta “Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”[









