
Era octubre de 2005 cuando el huracán Wilma se paró sobre Yucatán y no se movió en casi dos días. El aeropuerto de Cancún colapsó y miles de turistas terminaron durmiendo en el suelo de las salas, a la espera del puente aéreo que los sacara de ahí. Dieciocho años después, en el otro océano, Otis tocó Acapulco como categoría 5 y dejó la terminal en ruinas en cuestión de horas. ¿Coincidencia? Dos costas, dos mares distintos y la misma lección.
“A la aviación mexicana le basta un solo sistema de mal tiempo bien colocado para quedarse sin aeropuerto”.
Y la temporada 2026 trae una vuelta de tuerca que conviene entender, porque el peligro de este año no se va, solo cambia de domicilio.
Este año sabemos que el responsable tiene nombre: El Niño. Actualmente las débiles condiciones de La Niña, se encuentran en fase de disipación, pero el Pacífico ecuatorial empieza a calentarse. Para el pico de la temporada de este año (agosto), ese calentamiento podría ser de moderado a fuerte, según calcula la Universidad Estatal de Colorado (CSU). Desde ahí, El Niño mueve los hilos de las dos cuencas a la vez, y lo hace en sentidos opuestos. El Niño provocará el desarrollo de vientos cruzados en las capas altas del Atlántico; estas corrientes impactan los sistemas ciclónicos en formación y los desgarran antes de que logren organizarse, un fenómeno que los meteorólogos denominan cizalladura, condición que este año tendrá una presencia predominante. En el Pacífico ocurre lo contrario. El Niño calma esos vientos de altura, deja el mar caliente y la atmósfera quieta, y ahí las tormentas crecen rápido. A veces demasiado rápido, como lo hizo Otis en octubre de 2023, que pasó de tormenta a monstruo de categoría 5 en menos de un día. Para la temporada de este año, los números siguen el mismo patrón. Para el Atlántico, CSU proyecta 13 tormentas con nombre, 6 huracanes y apenas 2 mayores, por debajo de la media histórica y la NOAA lo ratificó el 21 de mayo con un rango de 8 a 14 tormentas y un 55% de probabilidad de una temporada de baja actividad. Por su parte, el Servicio Meteorológico Nacional, de la Conagua, coincide y habla de 11 a 15 sistemas en esa cuenca. Sin embargo, el Pacífico es la otra cara de la moneda; el mismo SMN prevé entre 18 y 21 ciclones, de los cuales cuatro o cinco podrían escalar a huracán mayor, y advierte algo que pone nerviosos a los pronosticadores: la intensificación rápida, ese salto brusco de categoría que vimos en Acapulco. La NOAA le da a esta cuenca un 70% de probabilidad de superar el promedio, con hasta nueve huracanes mayores en su escenario alto. ¿Cuántos serán categoría 5? Nadie lo sabe, y quien lo prometa miente. Predecir con meses de antelación cuántos ciclones tocarán el escalón máximo de la escala Saffir-Simpson es imposible. Por eso los expertos no los cuentan por separado, sino que se agrupan en categorías 3, 4 y 5, llamados “los huracanes mayores”, que son los que han dejado a la aviación en crisis. Para los operadores aéreos, todo esto se reduce a una frase que bien podría caber en este escenario: El riesgo nacional no baja, se muda al oeste. Cancún, que mueve cerca de 30 millones de pasajeros al año, junto con Cozumel, Mérida y Veracruz, encara una temporada más amable de lo habitual. Los que tienen que revisar sus protocolos de emergencia con mucho cuidado están en la otra costa, y son los aeropuertos que enfrentarán a la cuenca más caliente y más explosiva del año: Los Cabos, Puerto Vallarta, Mazatlán, Manzanillo, Huatulco y por supuesto Acapulco, que todavía cura las cicatrices de Otis. La Organización Meteorológica Mundial recicla en el Atlántico la lista de 2020, con 21 nombres que se asignan por orden alfabético desde el 1 de junio: Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo, Hanna, Isaías, Josephine, Kyle, Leah, Marco, Nana, Omar, Paulette, Rene, Sally, Teddy, Vicky y Wilfred. La cara nueva es Leah, que entra en lugar de Laura, retirado tras la devastación de 2020. En el Pacífico, donde la temporada arrancó el 15 de mayo, la lista abre con Amanda, el primer sistema que el SMN ya tenía en la mira a finales de mes, seguidos de Boris, Cristina, Douglas, Elida, Fausto, Genevieve, Hernan, Iselle, Julio, Karina, Lowell, Marie, Norbert, Odalys, Polo, Rachel, Simon, Trudy, Vance, Winnie, Xavier, Yolanda y terminando con Zeke. El consenso entre CSU, NOAA y Conagua pinta un 2026 de contrastes, pero la regla de oro del oficio no cambia con la estadística. Basta un huracán en tierra para que la temporada deje de ser tranquila, sin importar en qué costa caiga. Así que el mensaje para aerolíneas, aeropuertos y despachadores de ambos litorales es el mismo y es ahora: repasen los planes de contingencia, afinen las rutas de desvío y el abasto de combustible, y dejen lista la comunicación con el pasajero antes de que se forme el primer ciclón. En esto, prepararse nunca dependió del número de tormentas que vienen. Dependió siempre de la única que llega.

Cap. Cesar Matta
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