
Aparentemente, las cosas están resueltas para la aviación, o en lo que se refiere a la verificación de las entidades que tienen que ver con la aviación mexicana. Por fin, dicen los medios, a la AFAC se le asignarán mil cuatrocientos millones de pesos. Algo similar deberá hacerse con SENEAM, entidades muy similares en cuanto al manejo del espacio aéreo. De hecho, hay quien, sin saberlo, piensa que esta última entidad es una autoridad.
Me da mucho gusto que la autoridad hacendaria haya entendido bien la problemática y rectificara el monto pensado en un principio. No sé si no le habían explicado bien las consecuencias de un presupuesto restringido, pero entró y eso es lo importante. Estoy seguro de que las presiones de todos los grupos de esta especialidad en algo influyeron para que se rectificara la propuesta de asignación de presupuesto, tan baja como nunca se había dado en este país. Bueno, vendrá el papeleo, las reuniones de aplausos, las palmadas en la espalda; eso es parte del protocolo que se da después de las jornadas tan extenuantes de negociaciones.
Ahora hay que ponerse a trabajar para cumplir con los 21 ítems pendientes para diciembre y se acabó. A darle la vuelta a la página y hacer las cosas bien, porque, independientemente de que haya habido arreglos políticos, como de seguro los debió haber habido —y nada tiene de malo, se necesita cuando se requiera y ahí están las cosas—, ahora bien, ya que se abrieron a la crítica, quizá deben permitir que los asesoren los tantos y tantos profesionales preparados en la materia para evitar nuevamente caer en la categoría 2. Hay organismos que se mueren por apoyar; pues déjenlos que lo hagan, que aporten ideas y que se permita dar un buen seguimiento a lo que se hace, con independencia de las revisiones externas. Que se revise la correcta aplicación de los recursos para que nadie dude de que se hacen bien las cosas.
El caso de SENEAM es más complicado. Es una empresa muy importante que se mueve bajo intereses muy específicos. Ahí está el tiempo extra, que no baja y cada vez es más cuantioso. Poco se hace desde la dirección general para solucionar esto porque poco interesa; hay otras “prioridades”. Pero, sin una buena planeación de la capacitación para que deje de ser el “castigo” para el que se porta mal, no se podrá avanzar en este rubro.
Siguen sin corregirse los temas de incidentes en términos de su reporte oportuno, corrección y apertura para que siquiera nos sirvan para no volverlos a repetir. Seguimos con falta de controladores y, sobre todo, de una formación sólida que les permita tener amplio conocimiento de la aviación en este país. No sé si hayan autorizado los 500 que decían que hacían falta o cuántos más serán necesarios en los próximos años, pero recordemos: no es posible que cualquiera sea controlador aéreo; se requiere personal preparado y permanentemente capacitado e inspeccionado.
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