
El cometa interestelar 3I/Atlas fue descubierto en Chile el 1 de julio de 2025 por el Sistema de Alerta Temprana de Impacto de Asteroides / Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System (ATLAS), operado por el Instituto de Astronomía (IfA) de la Universidad de Hawái (UH) para la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria / Planetary Defense Coordination Office (PDCO) de la NASA. ATLAS es un sistema robótico que consta de cuatro telescopios de 0.5 metros, dos en Hawái y otros dos en Sudáfrica y Chile, que escanean el cielo nocturno para detectar objetos cercanos a la Tierra / Near Earth Objects (NEO´s), con el fin de proporcionar una alerta temprana de posibles impactos futuros que podrían suponer un peligro para nuestro planeta. ATLAS es una herramienta fundamental en la estrategia de “Defensa Planetaria” e investigación astronómica de la NASA en conjunto con la Fuerza Espacial (USSF), para proteger a la Tierra de posibles colisiones con asteroides. Además de la detección de asteroides, ATLAS también proporciona datos astrométricos y fotométricos de pequeños cuerpos del sistema solar y monitorea objetos variables y satélites artificiales en el espacio ultraterrestre.
Investigación astronómica y evidencia científica
De acuerdo con las diversas investigaciones en curso a cargo de telescopios espaciales y observatorios de diferentes universidades y redes astronómicas, aunque su origen exacto es desconocido, la órbita del 3I/ATLAS no se pudo vincular a ningún sistema estelar conocido. Es probable que haya sido expulsado de su sistema natal durante una interacción gravitacional, posiblemente con un planeta gigante. El descubrimiento y estudio del 3I/ATLAS, junto con los de 1I/’Oumuamua y 2I/Borisov, confirman que los objetos interestelares son más comunes de lo que se pensaba. Estos cuerpos actúan como “muestras gratuitas” de otros sistemas estelares, permitiendo a la comunidad astronómica analizar su composición sin tener que viajar a ellos. La realidad científica comprobada es que estos objetos son portadores de materiales y condiciones de formación de otras estrellas, que ofrecen una oportunidad única para la astrofísica y la exoplanetología.
El cometa 3I/ATLAS (C/2019 Q4) es el tercer objeto extrasolar detectado en nuestro sistema solar. Su naturaleza y comportamiento han permitido a los científicos analizar y confirmar varias realidades importantes sobre estos objetos interestelares, que difieren de los cometas y asteroides de nuestro propio sistema. El cometa, que inicialmente fue clasificado como un asteroide por su apariencia puntual, más tarde mostró actividad cometaria, es decir, desarrolló una cola de gas y polvo. Esta actividad la explican los astrónomos por la sublimación de hielo, lo que confirma que el 3I/ATLAS es un cometa con una composición similar a los de nuestro sistema solar.
Características principales
De acuerdo con información disponible en diversas fuentes en Internet, el cometa 3I/Atlas destaca por su velocidad y una posible antigüedad de miles de millones de años. Es el objeto interestelar más añejo observado hasta ahora, con una edad estimada que podría superar los 7 mil millones de años, anterior a la formación del Sol, lo que daría información sobre la Vía Láctea primitiva; su estudio es una oportunidad sin precedentes para la comunidad astronómica, ya que ofrece una mirada única a las condiciones y los materiales de una región lejana de nuestra galaxia, y podría revelar pistas sobre la formación del universo. Proviene de fuera de nuestro sistema solar (lo que se confirma por su órbita hiperbólica. A diferencia de los objetos ligados gravitacionalmente al Sol, cuya órbita es elíptica o parabólica, una órbita hiperbólica indica que un objeto tiene suficiente velocidad para escapar de la atracción solar y continuar su viaje a través del espacio interestelar), del disco grueso de la Vía Láctea, una región galáctica compuesta por estrellas y sistemas planetarios antiguos. Los astrónomos estiman que tiene un núcleo de entre 320 metros y 5.6 kilómetros de diámetro y una densidad de 0.5 g/cm³. A pesar de ser el objeto interestelar más grande detectado, no será visible a simple vista. Los astrónomos están utilizando telescopios espaciales como el Hubble y el James Webb para obtener imágenes nítidas y estudiarlo. Durante su paso por nuestro sistema solar, se están realizando observaciones por medio de sondas espaciales como la misión JUICE de la ESA y la misión SPHEREx de la NASA para estudiar su composición y actividad.
Entre otras de sus características significativas destacan su importancia científica, por la que los astrónomos están analizando su tamaño y propiedades físicas para entender mejor los objetos interestelares. Aunque no hay una conjunción solar que afecte su visibilidad desde la Tierra, las observaciones antes y después de su perihelio (punto de la órbita de un planeta más cercano al Sol) brindan oportunidades significativas para la ciencia y la colaboración ciudadana en red con telescopios. Continuará siendo observable con telescopios terrestres hasta septiembre de 2025, pasará cerca de Marte en octubre y alcanzará su punto más cercano al Sol (perihelio), alrededor del 30 de octubre de 2025. La NASA y la ESA han descubierto que este cometa contiene dióxido de carbono en cantidades mayores que el agua, lo cual es inusual para cometas de nuestro sistema solar.
Resultados preliminares del estudio del 3I/ATLAS
Los análisis espectroscópicos de la coma (“atmósfera” o halo de gas y polvo que se forma alrededor del núcleo helado cuando el cometa se acerca al Sol) y la cola del cometa revelaron a los científicos la presencia de cianógeno (CN) y carbono diatómico (C2). Esto sugiere que su composición de hielo es similar a la de los cometas de la nube de Oort, una región de objetos helados en los confines de nuestro sistema solar. Esta similitud es un hallazgo importante, ya que indica que los procesos de formación de cometas en otros sistemas estelares podrían ser parecidos a los nuestros.
Al respecto, uno de los eventos más notables registrados hasta ahora fue la desintegración del cometa ATLAS (C/2020 F3, descubierto en diciembre de 2019) en abril de 2020, observado por el telescopio Hubble. A medida que se acercaba al Sol, su brillo aumentó repentinamente y luego disminuyó drásticamente, lo que llevó a los astrónomos a concluir que se había fragmentado, siendo el primer registro de este tipo. En el momento de su fragmentación se encontraba en la órbita de Marte, a 145 millones de kilómetros de la Tierra. Esta desintegración no es rara en cometas que pasan cerca del Sol, pero su estudio en un objeto interestelar proporciona información valiosa sobre la integridad estructural de estos cuerpos. El cometa se rompió en al menos cuatro fragmentos, que continuaron su viaje, aunque con una trayectoria alterada.
Sin riesgos para el planeta
El cometa interestelar 3I/ATLAS no representa ningún peligro para la Tierra debido a su trayectoria orbital y la gran distancia a la que pasará de nuestro planeta, solo pasará cerca de Marte. La trayectoria del cometa 3I/ATLAS es hiperbólica, lo que significa que no orbita alrededor del Sol, sino que atraviesa el sistema solar en un curso de “no retorno“. Esto lo diferencia de los cometas que se originan en nuestro propio sistema y que pueden tener órbitas elípticas que los devuelven periódicamente.
La distancia mínima de acercamiento a la Tierra para el cometa 3I/ATLAS es de al menos 1.6 unidades astronómicas (UA), lo que equivale a unos 240 millones de kilómetros. A modo de referencia, una UA es la distancia promedio entre la Tierra y el Sol, aproximadamente 150 millones de kilómetros. Este hecho, confirmado por la NASA y otras organizaciones científicas, demuestra que el cometa pasará a una distancia segura, sin riesgo de impacto.
Fomentar la comprensión científica destacando la relevancia de la investigación
Al explicar con claridad lo que los astrónomos están aprendiendo del cometa, como su composición, su trayectoria y su origen, la divulgación científica objetiva permite al público entender el proceso de la investigación. Esto ayuda a que las personas valoren la ciencia como una herramienta para explorar el cosmos y obtener respuestas verificables, en lugar de depender de la especulación o teorías conspirativas.
La cobertura objetiva resalta por qué los científicos de todo el mundo, desde observatorios terrestres como el del Telescopio Gemini en Chile hasta sondas espaciales en la órbita de Marte, están dedicando tantos recursos a este cometa. El estudio del 3I/Atlas puede proporcionar información crucial sobre la formación de exoplanetas y la evolución de sistemas planetarios en nuestra galaxia, lo que demuestra la relevancia de la investigación en curso.
Combatir la desinformación
La importancia de una divulgación científica objetiva sobre el cometa 3I/Atlas radica en la necesidad de proporcionar al público información precisa y basada en evidencia científica, lo que contrasta con la desinformación y las especulaciones. Por ello, la divulgación objetiva es crucial para combatir las especulaciones.
Afortunadamente, la información científica disponible va más allá de la hipótesis que sugiere Avi Loeb, astrofísico de Harvard, que el cometa interestelar 3I/ATLAS podría ser de origen artificial (como una nave espacial de tecnología extraterrestre o un dispositivo de propulsión nuclear), en lugar de ser un objeto celeste natural. Sus argumentos se basan en la trayectoria ajustada y la velocidad inusual del objeto, y la ausencia de una cola de gas y polvo que se esperaría de un cometa estándar. Loeb propone el envío de una sonda de la NASA, como Juno, para interceptar el objeto y estudiar su naturaleza, aunque la comunidad científica, encabezada por la NASA, lo considera un fenómeno natural, un cometa interestelar normal, el tercero conocido. Su órbita hiperbólica lo clasifica como interestelar, indicando que no sigue una trayectoria cerrada alrededor del Sol. La oportunidad de estudiarlo es rara, pero las pruebas futuras determinarán de manera concluyente si su naturaleza es más extraordinaria de lo que se especula.
La naturaleza única de un objeto interestelar como el cometa 3I/Atlas ha generado una gran cantidad de especulaciones, incluyendo la hipótesis de Loeb. La divulgación científica objetiva y precisa desmiente estas narrativas, explicando que, si bien es un objeto intrigante y raro, la evidencia científica actual apunta -de manera razonable- a que es un cometa de origen natural con características inusuales, no un artefacto tecnológico.
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