
Hay decisiones que obligan a revisar dos veces los instrumentos, porque uno sospecha que el altímetro está descalibrado.
Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), bajo el mando de CARLOS MANUEL MERINO CAMPOS, decidió utilizar al Centro Internacional de Instrucción de ASA, el CIIASA, para capacitar operadores del autotransporte federal.
Sí, leyó usted bien: un Centro Internacional de Instrucción diseñado para fortalecer las competencias del sector aeronáutico ahora baja de altitud para enseñar al transporte terrestre.
Que capacitar choferes profesionales sea necesario no está en discusión.
Factor humano, seguridad, liderazgo y actualización tecnológica son indispensables en las carreteras mexicanas.
La pregunta es otra: ¿por qué tiene que hacerlo precisamente ASA?
El CIIASA fue durante años una fortaleza de capacitación aeronáutica mexicana, creada para formar y actualizar especialistas de una industria donde equivocarse por centímetros, segundos o procedimientos puede terminar en tragedia.
Y justo cuando México necesita reforzar inspectores, verificadores, técnicos y especialistas para mantener estándares internacionales, resulta que una parte de esa capacidad institucional pone direccional… Y se incorpora a la carretera.
Nada contra los tractocamiones.
Pero uno supondría que primero habría que mantener perfectamente entrenada a la tripulación antes de mandar al instructor a enseñar cómo manejar un tractocamión quinta rueda.
La paradoja resulta todavía mayor porque, si ASA quería conocer de autotransporte, tenía excelentes coordenadas: Nuevo Laredo, Tamaulipas, la principal plataforma terrestre del comercio México-Estados Unidos y donde diariamente se vive la logística internacional, no desde un PowerPoint, sino detrás del volante, en patios, aduanas y cruces fronterizos.
Ahí existen empresarios y especialistas que llevan años trabajando en capacitación, seguridad y profesionalización, incluso bilingüe.
Uno de ellos es PEDRO LOZANO MARTÍNEZ, de Transportes Mega, quien ha impulsado precisamente esquemas de formación para operadores adaptados a las necesidades reales del transporte transfronterizo.
Pero nadie preguntó por aquellas coordenadas.
Quizá desde algunos escritorios de la Ciudad de México Nuevo Laredo aparezca demasiado lejos en el radar.
Curioso: para mover buena parte del comercio internacional del país está perfectamente ubicado; para escuchar a quienes conocen el negocio, aparentemente queda fuera de cobertura.
Mientras ASA toma carretera, la aviación mundial enfrenta otra turbulencia.
El combustible de aviación llegó a 155 dólares por barril en marzo, de acuerdo con datos citados por ACI, mientras las aerolíneas enfrentan además escasez de aeronaves nuevas.
Y el combustible representa alrededor del 23 por ciento de los costos de una aerolínea comercial.
Ahí sí hay materia suficiente para que México mantenga motores encendidos.
También está el SAF, combustible sostenible de aviación, convertido ya en una carrera estratégica mundial.
China, Brasil y otros países están acelerando mientras México todavía tiene una magnífica oportunidad de desarrollar producción propia.
Y hay buenas noticias: durante el primer semestre, la carga aérea mexicana creció 4.7 por ciento, hasta alcanzar 616 mil 193 toneladas.
El AIFA, bajo la dirección de ISIDORO PASTOR ROMÁN, movilizó 202 mil 469 toneladas, creciendo 6.4 por ciento.
La aviación mexicana tiene entonces suficiente tráfico en el radar.
Por eso ASA debería preguntarse cuál es exactamente su plan de vuelo.
Porque diversificar capacidades puede ser una buena estrategia.
Pero cuando un centro internacional aeronáutico termina capacitando choferes mientras la propia aviación mexicana necesita fortalecer desesperadamente su capital humano, aquello empieza a parecer menos diversificación…
y más un aterrizaje fuera de pista.
¡QUEDA DICHO!
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