
La Reserva Federal de Estados Unidos elevó su tasa de referencia en 25 puntos base el pasado 16 de septiembre, el primer aumento desde 2023. Esta decisión siguió al movimiento del Banco Central Europeo del 10 de septiembre y precedió al del Banco de Japón, que el 18 de septiembre elevó su tasa de política monetaria al nivel más alto desde mediados de la década de 1990.
Las tasas de política monetaria se transmiten de manera dinámica a lo largo de los distintos plazos de las tasas de interés del mercado y están influidas por numerosos factores, entre ellos las expectativas de inflación, los niveles de deuda, la demanda de capital y la forma en que estos elementos evolucionan en cada país.
Con la crisis energética aún en curso, las expectativas de inflación han sido revisadas al alza en el corto plazo, lo que explica las decisiones adoptadas por los bancos centrales, expresó la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) en uno de sus análisis.
De acuerdo con el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), los niveles de deuda mundial alcanzaron máximos históricos de aproximadamente 353 billones de dólares durante el primer trimestre (1Q) de 2026.
El endeudamiento gubernamental es la principal causa de este incremento, particularmente en Estados Unidos y China. La deuda del gobierno estadounidense superó los 40 billones de dólares y la Oficina de Presupuesto del Congreso prevé un déficit de 1.9 billones de dólares tan solo para este año.
El auge de la inversión relacionada con la inteligencia artificial (IA) está generando un fuerte incremento en la demanda mundial de capital y compite con los gobiernos por esos recursos.
Esto añade una presión adicional al alza sobre las tasas de interés de largo plazo. Además, en este contexto aumenta el atractivo de otros activos considerados refugio seguro, y los bancos centrales han incrementado gradualmente sus tenencias de oro al tiempo que reducen la proporción de activos denominados en dólares dentro de sus reservas.
Las tasas de interés más elevadas pesarán sobre la actividad económica en general. También encarecerán la refinanciación de la deuda que llegue a vencimiento y el servicio de esa deuda.
Aunque resulta difícil determinar un vencimiento promedio único para la deuda de toda la industria aérea, una estimación razonable situaría el vencimiento promedio ponderado de la deuda de las aerolíneas entre seis y ocho años. Por ello, el perfil de deuda del sector tiene plazos más largos que el de muchas industrias que requieren una menor intensidad de capital.
El vencimiento promedio puede ser mayor en aerolíneas con importantes montos de financiamiento de aeronaves y menor en aquellas compañías que dependieron en gran medida de préstamos de corto plazo durante la pandemia.
Un incremento sostenido de los rendimientos de largo plazo también elevará los costos de financiamiento de aeronaves, las tarifas de arrendamiento, los gastos de refinanciación y otros cargos.
El organismo internacional afirmó que una nueva era de tasas de interés más elevadas representaría un importante factor adverso para la renovación de flotas de las aerolíneas y para la demanda de viajes.







