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22/11/2019

Emirates, libertades del aire y política de Estado

Rosario Avilés / Lunes, 22 Julio 2019 - 21:44

A raíz del anuncio de que -ahora sí- Emirates aprovechará la quinta libertad que le otorga España a EAU para volar de Barcelona a México, se ha desatado una polémica sobre su pertinencia, aunque la discusión está centrada en el árbol olvidando el bosque. Veamos por qué:

Las libertades del aire son de los países, no de las empresas, y cada país tendría que buscar qué gana y qué pierde en las negociaciones de éstas. Más que pensar si Emirates “merece” o no disfrutar la quinta libertad que le permite explotar el mercado entre la capital de Cataluña y el AICM, habría que preguntarnos a cambio de qué se aceptó el uso de esa prerrogativa. Los Emiratos Arabes han buscado con afán esta oportunidad y en el pasado ofrecieron ayuda en petróleo y turismo a cambio de obtener lo que, de acuerdo a los negociadores mexicanos sería una minucia (¿qué tanto es tantito? ¿qué daño nos puede hacer si los dejamos volar? O, incluso: “nos atraerá turistas”… Esto último es dudoso, pero vayamos más allá).

Los países árabes le han apostado a industrias específicas para incrementar su presencia mundial. Una de éstas es el transporte aéreo. Han comprado aerolíneas europeas y han negociado sus tratados bilaterales de aviación con mucha habilidad para lograr que sus aeropuertos (grandes aeropuertos construidos a todo lujo, sin complejos) tengan suficiente tráfico y la península arábiga se convierta en la puerta entre Asia, Europa y Africa.

Tienen flotas enormes con grandes aeronaves, aunque no tengan tanto pasaje. No han escatimado ni gastos ni apoyos, están invirtiendo fuertemente en combustibles alternativos para que la aviación no dependa tanto del petróleo e incluso han contratado a técnicos muy especializados (algunos mexicanos) para que apoyen estas investigaciones.

Esto, desde luego, no tiene nada de malo, al contrario: qué bueno que ellos Sí tienen una política de transporte aéreo, una política de Estado, y usan para ello su fuerza diplomática, sus inversiones y sus capacidades en otros órdenes. Lo malo es que México no hace lo mismo.

Una de las críticas que se han hecho a los gobiernos llamados “neoliberales” es precisamente que dejaron a la deriva industrias como la de transporte aéreo, a la que le quitaron la calidad de estratégica y prioritaria, para que “las fuerzas del mercado” la manejaran a su arbitrio. Esta es una política, desde luego, que tiende a concentrar en las megatransportadoras el curso de los flujos de viajeros y mercancías hacia y desde los centros de decisión en otros países.

Una ruta en lo particular no hará la diferencia, es cierto, pero lo malo es que no se está entendiendo el transfondo. Dejar que las rutas, frecuencias y libertades del aire se negocien al margen de una estrategia nacional para comunicar al país provocará que, a la larga, nuestra aviación nacional se debilite en favor de las aerolíneas foráneas, las cuales decidirán quiénes y a dónde vuelan, incluso decidirían en un momento dado dejarnos incomunicados con el mundo o mantener los flujos que otros gobiernos y empresas decidan. Es decir, perderemos soberanía y capacidad de autodeterminación.

Y recurrir a la polarización contra Aeroméxico no le ayuda a nadie. Necesitamos una política de Estado en favor de las empresas mexicanas: Interjet, Volaris, Viva, Aeromar, TAR, Aeroméxico y todas las que existan, para darles a ellas la posibilidad de competir en el mundo con una estrategia de interconexión que sirva al país, a los trabajadores mexicanos y a los intereses nacionales. Una política de Estado en materia de aviación incluirá esto y más.

Lo oí en 123.45: La rectoría del Estado sirve para darnos a todos certidumbre y futuro. Precisamente lo contrario de lo que el “abogado” Felipe Calderón interpretó cuando dijo que lo de Mexicana era “un asunto entre particulares”, condenándola a la desaparición. E-mail: raviles0829@gmail.com; twitter: @charoaviles

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