
Por segunda vez en este 2026 me viene a la mente el gran héroe aeronáutico Charles Lindbergh al pensar en temas de ecología, mismos que siento merecen ser tratados en mis columnas de opinión. Y mire usted que el año “el mundialista” nos ha dado razones para preocuparnos por los efectos del deterioro del medio ambiente natural, producto de aquello que llaman “Cambio Climático”, es decir, la alteración a largo plazo de las temperaturas y los patrones meteorológicos de la Tierra, comenzando por lo ocurrido en territorios chinos y nepaleses de la cordillera del Himalaya, conocida como “el techo del mundo” el pasado 26 de agosto, por cierto, aniversario luctuoso de Lindbergh, donde una riada, hasta donde se sabe causada por una avalancha de hielo y nieve procedente de una de las cumbres del Himalaya, mató a miles de personas, provocó miles de desaparecidos y causó enormes daños en comunidades e infraestructuras nepalíes, evento que el propio Primer Ministro de esa hermosa nación asiática atribuyó al “Cambio Climático” en particular al aumento de la temperatura en el planeta que ha dado al traste con la integridad de la estructura de cuerpos con tanta agua congelada como son los glaciares que adornan esa región, cuyos habitantes no van a poder estar a partir de ahora un momento en paz solo de pensar que en cualquier momento algo similar vuelva a ocurrir, como tampoco deberían estar quienes en otras geografías presumen con orgullo glaciares en sus montañas, caso las regiones andinas o alpinas.
Lindbergh y el “Cambio Climático” representan para mi toda una contradicción y por ende un conflicto. Por una parte, me enfrento a la realidad de un complejo y controversial personaje ultraconservador cuyos puntos de vista políticos y sociales forman parte del discurso del presidente Donald Trump, al que estoy seguro apoyaría, pero por otra reconozco que al final de su vida el que protagonizó una de las más grandes hazañas de la aviación mundial al volar sin escalas entre Nueva York y París en mayo de 1927, terminó siendo un gran promotor de la protección del medio ambiente natural de nuestro planeta y para el que quedaría claro sí existiría tal cosa llamada “Cambio Climático” —recordemos que Trump dice que eso no existe.
La pregunta es obligada: ¿De qué lado estaría Lindbergh luego del desastre de Nepal?”Por sus actos los conoceréis”, dice una expresión popular y si tomo en cuenta, no solamente el grado de dedicación e involucramiento del aviador en los temas de protección ecológica en los años 60 y 70 pasados, sino decisiones como la de acudir en ayuda de la población afectada por una severa inundación provocada por los ríos Yangtze y Huai en la región de la ciudad de Nanjing, China, en el año 1931, empleando su avión anfibio Lockheed Model 8 “Sirius” en vuelos de reconocimiento de daños y ubicación de afectados, acompañado por su esposa Anne que en uno de sus libros autobiográficos afirmó que habían quedado impactados por el enorme sufrimiento que constataron, entonces no me cuesta trabajo pensar que en una de esas Lindbergh se sumaría a quienes pensamos que lo de Nepal es una consecuencia del deterioro de su entorno natural por parte del ser humano, situación de debe cambiar de inmediato, de lo contrario Nepal se va “a quedar corto” en un evento similar.
También estoy seguro que aplaudiría los esfuerzos que la aviación civil internacional con la Organización de Aviación Internacional (OACI) al frente, hace para mejorar el desempeño medio ambiental de los equipos de vuelo, en especial velando por la aplicación y actualización permanente del Anexo 16 “Protección del Medio Ambiente” al Convenio de Chicago sobre Aviación Civil Internacional. Recordemos que la aviación civil internacional busca alcanzar cero emisiones netas de carbono para el año 2050, siendo la OACI quien precisamente encabeza este esfuerzo en base a medidas como combustibles sostenibles, tecnología, mejoras operativas y compensación de emisiones mediante el Plan Corsia que obliga a las aerolíneas a compensar el crecimiento de sus emisiones de dióxido de carbono mediante créditos de carbono certificados.
¡Padrísimo sin duda! Pero nada como comenzar a cuidar el planeta desde nuestra casa y desde nuestro propio comportamiento.
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