
¿Será que el accidente del vuelo 2976 de la operadora logística UPS, ocurrido el pasado 4 de noviembre en los alrededores del Aeropuerto Internacional “Muhammad Ali” de Louisville, Kentucky marcará el fin de los McDonnell Douglas MD-11?Todo parece indicar que el modelo va a seguir en el aire luego de ser puesto temporalmente en tierra para realizarle revisiones a los ejemplares todavía en operación. De los 200 MD-11 en cinco versiones ensamblados entre los años 1990 y 2000 en Long Beach, California, un cuarto de ellos nacieron cargueros dedicados, vocación en la que encontró su verdadero nicho. Se estima en 54 el número de ejemplares operativos, todos ellos en manos de tres aerolíneas norteamericanas del sector, a saber: FedEx, UPS y Western Global. La intención de esas compañías es irlos reincorporando al servicio conforme se les realicen las correspondientes revisiones de seguridad y mantenerlos en volando hasta ya entrada la década de los 30. En cualquier caso, la moneda sobre el futuro del MD-11 está en el aire, debido a que no debemos descartar que el costo de corregir aquello que deba ser arreglado, supere el valor de la vida útil que le quede a los aviones.
La historia de este gigante está marcada como toda aeronave con claroscuros, más oscuros que claros hay que decir, en especial si tomamos en cuenta que el cinco por cierto de las producidas, es decir 10 unidades, terminó en un accidente, a los que hay que sumar casi 150 incidentes de diversa importancia. El consenso entre los pilotos que lo han volado es que, por sus características de diseño el MD-11 es un avión difícil de pilotear, especialmente a la hora del aterrizaje, reto que los pilotos de Aeroméxico hubiesen tenido que enfrentar de haber madurado positivamente la opción de incorporar el modelo en la aerolínea para sustituir comienzos de los años noventa al Douglas DC-10 en su flota, en especial para sus servicios a Europa, algo que evidentemente no sucedió luego de que, por más que a Aeroméxico le encantase el trirreactor con el que entró en el año 1974 a la era de los aviones de cabina ancha, su hermano mayor, es decir, el MD-11, no lograba las prestaciones y economías que le ofrecían birreactores como el Boeing 767, al que como sabemos finalmente adoptó y los usuarios disfrutamos.Un segmento para el que el MD-11 resultó y de hecho sigue resultando sumamente atractivo, es el de los entusiastas de la aviación, comenzando con los spotters a los que les encanta capturarlo cuando pueden en sus tomas fotográficas. ¿Qué decir de volar en uno? Estoy seguro que algunos de los lectores de A21 tuvieron alguna vez, como quien firma esta columna, el privilegio de volar como pasajero en uno de ellos. En mi caso se trató de tres despegues a bordo ejemplares operados por la belga CityBird haciendo el recorrido Ciudad de México -Puerto Vallarta -Bruselas y de regreso sin escalas el “Benito Juárez” en el año 1999. La experiencia, si bien emocionante, en especial con esa escala en “Vallarta”, lógicamente la sentí tan cómoda como aquellas que tuve la suerte de vivir en los diversos DC-10s en los que alguna vez volé.Habrá que estar pendientes entonces de qué pasa con el MD-11, que insisto, a pesar del lamentable y preocupante accidente de UPS, es posible que siga haciendo de las suyas en los aeropuertos cargueros del mundo por un rato más.
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