
Cuando una aeronave enfrenta una zona de mal tiempo capaz de atentar contra tu integridad, necesitas preparar muchas cosas que, si no conoces o conoces poco del tema, te pueden llevar a un verdadero susto. Necesitas avisar a tu tripulación de cabina para que no haya cosas sueltas, carritos de servicio, botellas, cafeteras y cosas que, en un momento dado, puedan convertirse en un proyectil que dañe a alguien; necesitas tener presente y reducir la velocidad a la diseñada para cruzar turbulencias, dar aviso a los pasajeros y una larga lista de etcéteras que solo te da la experiencia, el entrenamiento continuo y la preparación. Siempre que sea posible, lo mejor es evitar las zonas de mal tiempo; esto es algo de sentido común y puede evitarnos cualquier riesgo.Justo en estos tiempos, la aviación en México está frente a una gran zona de mal tiempo, turbulencia (no sabemos qué tan fuerte, pero puede serlo); hay que evitar transitarla, darle la vuelta y, si no se puede y vamos hacia ella, es necesario que lo hagamos con gente experta en esos temas. Haciendo una lista de comprobación o lista de check, como se le conoce en nuestro argot aeronáutico, sinceramente nos conviene a todas luces acudir a los expertos. Está claro que el manejo de la AFAC, nada menos que el organismo que regula la aviación a nivel nacional, como lo hacen todos los países de la Tierra, de la cual depende en buena medida la seguridad de las operaciones aéreas, esa sí que es seguridad nacional, no se puede escatimar nada porque, cuando se nos cobre la factura, será demasiado tarde. La aviación debe trabajarse como se hace en todo el mundo: de manera anticipada se deben prever las cosas para que no sucedan; y precisamente, cuando sucedan los problemas, se debe investigar y analizar de tal manera que no vuelva a suceder o que las posibilidades sean mínimas.
Nuestra aviación pasa por un mal momento y eso hay que reconocerlo. Los sobreprecios del petróleo encarecen enormemente las operaciones aéreas; la competencia desmedida y, a veces, sin control, sin proporcionar un piso parejo para la libre competencia, dificulta las cosas. Las demoras en la entrega de equipos de ambos fabricantes que surten a nuestra aviación, llevándonos a dificultar las planeaciones adecuadas de tripulaciones, de refacciones y de itinerarios, nos juegan las contras. El retraso en el desarrollo de las actividades consuetudinarias de nuestro regulador también nos juega las contras; eso, sin contar con que la amenaza de la reducción de categoría no nos deja conciliar el sueño. La aviación no permite improvisaciones, no permite aprendizaje sin asesores correctos y preparados, y algo que sí juega a nuestro favor es que se llevan a cabo las actividades de manera abierta. Aquí no se vale dejar para después la transparencia; eso sería catastrófico y en nada ayudaría a superar las anomalías que hubiera.
Los problemas de la AFAC tienen muchos, pero muchos años. Con administraciones civiles, militares, híbridas o como sea, no hemos podido escalarla de nivel; hay muchos vicios, inconvenientes y restricciones, y quizá hasta malas prácticas que el mismo sistema no permite que se corrijan y que necesitan corregirse a la brevedad. Debo reconocer que los dos años que trabajé en AFAC me sirvieron para apreciar el trabajo comprometido de muchos compañeros con los que compartí el quehacer diario. Fui, como muchos, testigo del crecimiento de la aviación y del limitado crecimiento del personal de nuestra AFAC. Todos los actores de la aviación mexicana debemos estar en la misma frecuencia porque el mal tiempo que cruzaremos nos exige formar parte de una tripulación completa, bien comprometida e integrada, bien dirigida. En México llevamos mucho tiempo haciendo aviación y sabemos que difícilmente nos van a venir a enseñar cómo hacerle para operar con seguridad todos los componentes que intervienen en nuestro desarrollo como nación.
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