
Mientras Tulum pierde pasajeros y las aerolíneas abandonan posiciones, Saltillo mete potencia y comienza a recuperar conectividad.
Dos aeropuertos, dos estrategias y una lección para quienes todavía creen que construir terminales equivale a desarrollar aviación.
El Caribe mexicano enfrenta turbulencia severa.
Según cifras de ASUR, bajo la dirección de ADOLFO CASTRO RIVAS, Cancún movilizó 20 millones 882 mil 658 pasajeros entre enero y septiembre, una caída de 5.9 por ciento.
El tráfico internacional retrocedió 6.5 por ciento y el doméstico 4.8 por ciento.
Cozumel tampoco mantiene altitud: 486 mil 504 pasajeros y una contracción de 1.2 por ciento.
Pero Tulum prácticamente entró en barrena.
Inaugurado en diciembre de 2023 durante el gobierno de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, movilizó 585 mil 540 pasajeros entre enero y agosto, contra 883 mil 308 del mismo periodo anterior.
¡Una caída de 34.08 por ciento!
Y cuando el factor de ocupación no alcanza para cubrir combustible, tripulaciones, mantenimiento, servicios aeroportuarios y costos operativos, las aerolíneas no esperan instrucciones de Palacio Nacional: levantan el vuelo.
Aeroméxico, dirigida por ANDRÉS CONESA LABASTIDA, suspendió operaciones en septiembre. Volaris, encabezada por ENRIQUE BELTRANENA, prepara su salida para enero de 2027.
JetBlue, Avianca, Copa y Discover también figuran entre las compañías que retiran servicios, mientras American Airlines anunció la cancelación de cinco rutas, incluida Miami.
Siete aerolíneas en retirada. Demasiadas luces rojas encendidas en el tablero.
La explicación rebasa la demanda turística.
Traslados terrestres costosos, distancias excesivas, deficiente intermodalidad con el Tren Maya y problemas turísticos asociados al sargazo y al Parque del Jaguar.
Se construyó un aeropuerto, pero faltó diseñar un verdadero modelo de conectividad.
Una pista de concreto no garantiza pasajeros.
Tampoco una torre de control, una plataforma monumental o una ceremonia presidencial.
Ahora cambiemos de frecuencia y sintonicemos Saltillo.
Sin reflectores nacionales ni discursos grandilocuentes, el aeropuerto coahuilense comienza a recuperar sustentación comercial.
Bajo la gestión de OSCAR PÉREZ BENAVIDES, titular de Servicios Aéreos Estatales, la terminal registra una dinámica favorable mediante negociaciones con las compañías y aprovechamiento de su infraestructura.
Viva, encabezada por JUAN CARLOS ZUAZUA, reporta ocupaciones de entre 90 y 95 por ciento en sus vuelos hacia el AIFA.
Estos indicadores justificaron incorporar frecuencias nocturnas los miércoles y jueves durante octubre.
El primer servicio adicional transportó aproximadamente 130 pasajeros, con un factor de ocupación cercano al 70 por ciento.
Nada despreciable para una operación experimental.
La gestión de PÉREZ BENAVIDES merece reconocimiento porque entiende que una ruta aérea necesita demanda, negociación comercial y continuidad operativa.
Saltillo dispone de un mercado industrial importante y viajeros que requieren conectividad eficiente con la capital del país.
El siguiente desafío será convertir estas frecuencias temporales en permanentes.La comparación resulta reveladora.
Tulum tiene infraestructura nueva, pero pierde operadores. Saltillo aprovecha su infraestructura existente y comienza a recuperar frecuencias.
No son mercados equivalentes, pero sus resultados permiten cuestionar las prioridades de la política aeroportuaria mexicana.
Porque mientras algunos funcionarios presumen inversiones multimillonarias, las aerolíneas revisan ingresos por asiento disponible, costos por tramo y rentabilidad de cada ruta.
Los aviones no vuelan con propaganda.Tulum necesita una revisión integral de su modelo comercial, accesibilidad y competitividad.
Saltillo debe consolidar lo conseguido y evitar que su crecimiento termine siendo un vuelo de prueba.
La infraestructura pública requiere planeación, no ocurrencias sexenales.Y aquí está la crítica de fondo: México continúa confundiendo obra pública con política aeronáutica.
Construir aeropuertos genera fotografías; mantenerlos operando exige capacidad técnica, estrategia y resultados.
Porque cuando la política ocupa la cabina de mando sin entender los instrumentos, termina metiendo al sector en una barrena.
Y la factura de semejante aterrizaje forzoso siempre la pagamos los mexicanos.
¡Queda Dicho!
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