
Me acabo de aventar un México (MEX) – Monterrey (MTY) – México (MEX) volando como pasajero en ambos segmentos a bordo de un flamante Boeing 787-9 de Aeroméxico que continuaba a Madrid, de donde al día siguiente regresó a Monterrey con destino final el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, tramo final que cubrí a bordo.
Se trató de mi sexto y séptimo vuelo en 787, por cierto, todos en Aeroméxico, pero sumando a Monterrey a la lista de aeropuertos en los que he despegado y aterrizado en este revolucionario y rentable modelo, dato que agregué con orgullo a esa bitácora de vuelos como pasajero que abrí hace décadas y ahora ronda los 1,300 registros. Sobra decir que me encantó haber tenido la oportunidad de volverme a subir a un 787 y más en nuevas rutas.
La cosa se pone interesante cuando me pregunto si la próxima vez que tenga que escoger entre hacer un México-Monterrey en un 787-9 de Aeroméxico o en uno de sus Boeing 737 MAX 8. ¿Cuál elegiría?
Mire usted que hace décadas tuve la maravillosa oportunidad de hacer un Tokio (Haneda) – Osaka (Itami) y de regreso gigantes operados por Japan Airlines; el primer segmento en un McDonnell Douglas DC-10-40, mientras que el regreso fue nada menos que en uno de sus Boeing 747-100SR/SUD con la friolera de 563 asientos, ¡todos los cuales iban ocupados! Jamás me hubiese encantado hacer esos vuelos digamos en un 737. Aun así, le confieso que en caso de otro Monterrey optaría por el MAX toda vez que además de tener básicamente los mismos interiores, comodidad y equipamiento del 787, no me siento tan abrumado por tanto asiento y tanta gente para ingresar, acomodarse y dejar el avión como me sucedió en esos 789’s. Claro está que si tengo oportunidad de sumar rutas y destinos al 787 lo haría sin chistar, pero en recorridos que ya he realizado en 87’s como los que comento, me quedo con los MAX.
Y es que siento más cercana, cómoda y emocionante la experiencia de volar en una aeronave más pequeña que en una impresionante cabina ancha y masiva pero desde mi perspectiva hasta torpe, siempre y cuando ambos tengan el mismo “pitch”, es decir, la misma distancia entre asientos. De la misma manera prefiero volar en un Airbus A318 que en un A321 y más si se trata de uno operado por una “low cost” como Viva y como su pronto hermanita Volaris que le llegan a meter como sardinas hasta 240 pasajeros. ¡Eso sí que es incomodidad!
En alguna columna comenté que no le haría el feo a un vuelo en un Airbus A380, modelo que aún no he sumado a mi bitácora, pero también mencioné que haría un solo tramo en él toda vez que cuando lo he visitado en tierra comprobé que más que sentirme en un avión me sentía en un barco, lo que ayuda al confort de muchos, especialmente al de los que temen volar, no así al de quien mientras más aeronáutico se sienta el vuelo, es decir, mientras más motor, aceleración, virajes o turbulencias se sientan mejor. ¿Ha tenido usted la oportunidad de conocer el interior de un A380? Si es el caso, ¿comprobó la distancia que hay desde el eje vertical de su persona y la ventanilla aun sentado en un asiento junto a ella? ¡Hay que acercar mucho la cara y el torso a la ventanilla para ver algo fuera del avión! Algo similar ocurre con los asientos de las clases ejecutiva y primera. Eso, en mi opinión, le quita emoción aeronáutica a cualquier vuelo.
Nuevamente confieso que, si luego de hacer un primer vuelo en un A380 se me presenta la oportunidad de hacer otro, pero en otra ruta o en la misma, pero en otra aerolínea, lo haría sin pensarlo, insisto, para seguir coloreando mi bitácora, tal y como lo haría con el 789, digamos en otro vuelo nacional. Pero mientras eso no suceda, simple y sencillamente con el fin de sentirme en un avión y no en un barco, voy a seguir prefiriendo asientos de ventanilla en los aviones más pequeños a los que tenga alcance, lógicamente si es posible en manos de una aerolínea que tenga la decencia de dejar a mis piernas estirarse tantito.
En fin; me encantó aterrizar y despegar en Monterrey procedente de y con destino a la Ciudad de México en un 787, pero la próxima vez me va a encantar más volverme a subir a un 737 MAX. Digo, si es que por mis finanzas no termino en un 321 de Viva o Volaris.
Pensándolo bien, creo que, si la combinación de tarifas y horarios es la adecuada, ese siguiente México-Monterrey-México lo voy a hacer en la nueva aerolínea militarizada que porta las marcas y nombre de mi adorada Mexicana de Aviación, cuyos Embraer 195 me late que vuelan padre. Es decir, que se siente uno en un avión dentro de ellos y no en un simple y masivo transporte.
Al tiempo…
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