
Estimados lectores:
El 2025 nos ha dejado un muy mal sabor de boca en cuanto al índice de accidentes aéreos tanto a nivel mundial como nacional.
De acuerdo con el portal de la Flight Safety Foundation, en 2025 se registraron 150 accidentes que dejaron un saldo de 548 fatalidades, pese a que en su base de datos la organización reportó una mejora sustancial en el número de eventos en comparación con 2024. Cabe destacar que, de esos 150 accidentes, cinco correspondieron a aeronaves con bandera mexicana (3.33%), ubicándose solo por debajo de Estados Unidos, que concentró 46% del total, Rusia con 5.3% y Canadá con 4%, pero por encima de países como Congo, Costa de Marfil o Etiopía, cuyas aviaciones no se caracterizan precisamente por sus altos niveles de seguridad.
Aunque este porcentaje es engañoso (pareciera que la aviación de Estados Unidos es la más insegura del mundo y no es así), la verdad de estas cifras es que, si las asociamos a la cantidad de operaciones, tampoco nos ayudaría mucho a posicionarnos mejor como país.
De acuerdo a las cifras de la IATA, la tasa de accidentes a nivel mundial en 2024 fue de 1.28 por millón de vuelos con 244 fatalidades y hasta mediados del 2025 dicha tasa estaba ubicada en 1.23 con 586 fatalidades (al momento de redactar este artículo aún no se tenían las cifras finales de 2025 de IATA), seguramente al final del 2025 dicho indicador no será muy alentador.
OACI reportó para 2024 una relación a nivel mundial de 2.56 accidentes por cada millón de vuelos con 296 fatalidades, al día de haber escrito este artículo, la OACI aún no había publicado su reporte para 2025, ni siquiera cifras preliminares que muestren la tendencia de este índice. Aún y cuando las cifras varían entre una fuente y otra, me atrevo a decir que, como industria, aún estamos lejos de lograr los niveles de excelencia en materia de seguridad tanto a nivel nacional como mundial.
En cuanto a México se refiere, según información de la Dirección de Análisis de Accidentes e Incidentes de Aviación (DAAIA) de la AFAC, 2025 ha sido el peor año desde 2017 con mayor número de accidentes e incidentes aéreos serios: 59 para ser exactos hasta mediados de diciembre, casi el doble de los reportados en 2024.
De acuerdo a una investigación de El Financiero, a mitad de 2025, se habían estimado al menos 64 incidentes de los cuales al menos el 50% eran considerados serios e involucraban pérdida de separación entre aeronaves, activación de sistemas anticolisión e incursiones en pista, como aquella en el AICM entre un avión de Delta y uno de Aeromexico Connect el 21 de julio que por fortuna no tuvo consecuencias catastróficas. Por otro lado, la AFAC informó que entre enero y octubre de 2025 se registraron 35 accidentes aéreos en México, lo que representa un incremento del 25 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2024.
En ese mismo periodo de tiempo, se contabilizaron 184 incidentes, 41 más que el año anterior. Las cifras son preocupantes y se ha identificado que la aviación ejecutiva, escuelas de vuelo y aeronaves militares son las que encabezan las estadísticas, dejando entrever que existen grandes áreas de oportunidad que deben ser atendidas de inmediato:
- Ausencia de regulaciones o regulaciones obsoletas para taxis aéreos, escuelas de vuelo, ambulancias aéreas y aeronaves de Estado distintas a las militares.
- En cuanto a la aviación militar, la falta de presupuesto, sin duda es el principal factor que afecta el mantenimiento, disponibilidad de partes y componentes de aeronaves que, dicho sea de paso, su edad promedio es muy alta (por ejemplo, en caso de los C130 Hércules está por arriba de los 45 años), así como capacitación de personal técnico.
- La falta de vigilancia por parte de la autoridad aeronáutica para la aviación ejecutiva y escuelas de vuelo, en parte por temas presupuestales, falta de personal hasta desconocimiento de este sector de los mismos inspectores.
A lo anterior, se agregan otros factores que afectan a todo tipo de aviación, como el déficit de Controladores de Tránsito Aéreo lo que lleva a que los existentes, laboren más allá de su jornada.
No hace falta decir lo grave que es el asunto y las consecuencias para la aviación y para nuestro país en caso de persistir este problema. Las iniciativas por parte de la industria (operadores de aeronaves y de aeropuertos, prestadores de servicio, asociaciones y grupos de profesionales entre otras partes interesadas), han sido insuficientes, no han hecho mucho eco en los resultados y esto no es en gran parte culpa de ellos, sino del poco involucramiento de la autoridad, no tener una política aeronáutica clara es algo que al día de hoy carecemos, simple y sencillamente sin ella no sabemos cuál es el rumbo de nuestra aviación, urge esa política que durante décadas hay quienes aseguran que existe pero nunca la hemos visto (como si se tratara de OVNIs), tan sencillo que parece el comienzo, pero la falta de voluntad es algo que a la fecha no se tiene. Cada actor en la aviación, a su manera grita por ser escuchado, levanta la mano y la voz para indicar donde está la solución a sus problemas, trabajo que ya se le ha ahorrado a nuestra autoridad, solo es asumir el liderazgo, coordinar y actuar en consecuencia.
Como se ve, el 2026 será un año lleno de desafíos en materia de seguridad en el sector aeronáutico, al no haber mejor manera de comenzar el año que con optimismo, no pierdo la esperanza que se puedan resolver esos huecos y cabos sueltos que han hecho que este sector tan importante, pero a la vez tan noble, recupere el nivel de seguridad que alguna vez tuvo, siendo un modelo a seguir para muchos países a nivel Latinoamérica y a nivel mundial.
No se pierdan mi próximo artículo y recuerden que en seguridad…¡¡¡el primer error puede ser el último!!!
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”







