
La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), indicó en un estudio que se espera que las nuevas tecnologías, incluidas la propulsión con hidrógeno y la propulsión eléctrica, aporten un 13% de las reducciones de emisiones necesarias para que la aviación alcance emisiones netas cero de CO2 en 2050.
El organismo expresó que a pesar de los retrasos en la entrada en servicio prevista de algunos proyectos, distintas iniciativas en varias regiones continúan explorando cómo pueden evolucionar de manera conjunta las tecnologías de las aeronaves, la infraestructura y los modelos operativos, con el objetivo de preparar el ecosistema para las operaciones comerciales.
Tras las prometedoras demostraciones realizadas a principios de la década de 2020, la aviación basada en hidrógeno enfrenta actualmente desafíos más amplios relacionados con infraestructura, operación y energía. Para atender estos retos, los aeropuertos están surgiendo como socios clave en este esfuerzo y encabezan cerca de dos terceras partes de las iniciativas de hidrógeno identificadas.
Las diferencias regionales están determinadas por el apoyo de las políticas públicas y por el potencial de aplicación de cada tecnología.
Europa lidera las iniciativas aeroportuarias relacionadas con el hidrógeno para almacenamiento, abastecimiento de combustible y operaciones en tierra, en línea con el financiamiento de la Unión Europea.
En América, las iniciativas de las aerolíneas se inclinan por los vuelos regionales eléctricos y los taxis aéreos, respaldados en Estados Unidos por políticas recientes sobre aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical (eVTOL), el programa piloto de integración de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) y la inversión privada en infraestructura de recarga.
Los proyectos eléctricos en África y Medio Oriente incluyen conexiones urbanas y hacia complejos turísticos en los países del Golfo, así como conversiones de aeronaves regionales en África.
Convertir estas iniciativas en soluciones escalables requerirá un apoyo considerable en materia de políticas públicas e inversión para desarrollar el ecosistema necesario para el hidrógeno, junto con una transición energética más amplia.
Para ello, los gobiernos, reguladores, proveedores de energía y actores de la industria de la aviación deberán coordinarse a escala internacional para alinear el desarrollo de las aeronaves, los requerimientos de infraestructura y los estándares operativos.







