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22/09/2020

Entre lo urgente y lo importante: radares

José Medina Go… / Domingo, 13 Septiembre 2020 - 18:17

En las últimas semanas las grades reflexiones y opiniones en torno al mundo de la aviación internacional han girado sobre a cómo la industria aeronáutica y aeroespacial ha hecho frente a la gran crisis global que nos aqueja, y que los últimos meses ha cambiado profundamente nuestra percepción y relación interpersonal, social e internacional. En el ámbito doméstico, buena parte de la discusión ha girado en las grandes afectaciones a la aviación nacional, los esfuerzos que muchas empresas y actores están llevando a cabo para sobrevivir y mantenerse como entidades productivas independientes, así como posibles indicios de las dificultades que están experimentando algunos actores emblemáticos de la aeronáutica nacional contemporánea.

En nuestro sector la mayor parte de la discusión se ha concentrado en temas coyunturales o contextuales. Esto no es necesariamente malo -de hecho, es necesario y apremiante- particularmente por que realizamos ejercicios reflexivos y prospectivos que puedan sugerir cuál es el camino que como sector adoptaremos para salir adelante, regresar y superar las condiciones pre-pandemia, y cómo capitalizar las lecciones aprendidas. Sin embargo, debemos aprender a “leer entre líneas”, profundizar en la reflexión analítica, e identificar el trasfondo de los acontecimientos para vislumbrar su trascendencia.

Esta crítica se puede sintetizar en lo siguiente: la falta de profundidad analítica lleva irremediablemente a desestimar, desvalorar, a ignorar o a devaluar reflexiones trascendentes; y la falta de contextualización de una prospectiva a a minimizar y a relegar potenciales aportes que reflejan la complejidad de nuestro entorno. Dicho de otra manera: devaluar una postura analítica por no entenderla en su totalidad es producto de concentrarnos en lo urgente inmediato y no en lo importante trascendente.

Esto es exactamente lo que ocurrió hace apenas algunos días en el entorno aeronáutico nacional. La primera semana de septiembre el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), en conjunto con la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Secretaría de Marina-Armada de México (SEMAR) presentaron formalmente un prototipo del Radar de Vigilancia Aérea TZINACÁN. Este proyecto, mismo que fue concebido desde el 2014 pero que arrancó formalmente con la colaboración de las tres instituciones anteriormente citadas en octubre de 2015, es uno de varios proyectos aeronáuticos nacionales para fortalecer la Defensa y la Seguridad Nacional del entorno aéreo mexicano.

Se trata de un radar móvil, cuya misión principal es poder ampliar la cobertura de vigilancia aérea en la frontera sur de nuestro territorio. Aunque es un aporte destacable debido a que es tecnología y manufactura totalmente nacional, su presentación vuelve a traer a primer plano una vulnerabilidad estratégico-integral del Estado Mexicano para aquellos que pueden ver entre líneas y trascender de las implicaciones inmediatas de una nota que prácticamente pasó desapercibida: México tiene graves y significativas carencias en la vigilancia de nuestro espacio aéreo. Nadie puede negar que proyectos como el TZINACÁN poseen un gran valor agregado a la Defensa y a la Seguridad Nacional, pero lamentablemente estos son, si acaso, “parches” que cubren una de las más grandes vulnerabilidades estratégicas nacionales.

Como se ha referido en otras aportaciones semanales del suscribiente, titánica y esencial es la labor del Sistema Integral de Vigilancia Aérea (SIVA) que encabeza la Secretaría de la Defensa Nacional y que opera la Fuerza Aérea Mexicana. Profesionales comprometidos, especialistas preparados, y servidores públicos altamente capacitados, todos los hombres y mujeres que integran el SIVA llevan a cabo esfuerzos impresionantes 24 horas al día, siete días de la semana, 365 días del año para dar protección, seguimiento y vigilancia a nuestro espacio aéreo.

Pero no importa cuánto se esfuercen estos profesionales dedicados sino cuentan con los insumos necesarios para llevar a cabo su labor. Como también hemos mencionado en este espacio en repetidas ocasiones, México tiene amplias regiones de su territorio que no cuentan con cobertura radar. Buena parte del Sur-Sureste Mexicano tiene una cobertura de radares primarios “aceptable”, con “áreas grises” y pocos espacios “en negro”. Estos son los ámbitos que el TZINACÁN podrá cubrir, al ser radares móviles de naturaleza secundaria, es decir, de apoyo a la infraestructura de vigilancia y seguimiento primaria.

El centro de país, por obvias razones, tiene una cobertura aceptable (pero no perfecta), y los sistemas de radar y seguimiento comercial-civil complementan la información del SIVA para minimizar las “áreas grises”. Pero el occidente y norte del país tiene relativamente poca cobertura radar, y las áreas grises y negras son bastante amplias. De alguna manera, estas carencias se han subsanado al contar con el apoyo de los sistemas de seguimiento de Defensa de Estados Unidos (NORAD, NORTHCOM, etc.) pero todos poseen un mismo problema: no son sistemas propios, y no podemos contar con tener la información de nuestros aliados norteños en tiempo y forma para poder operar la Defensa y Seguridad Aérea Nacional. Sin duda, no minimizamos ni despreciamos los aportes estadounidenses, pero por doctrina y pragmatismo deberíamos de contar con nuestros propios sistemas de vigilancia y seguimiento.

El TZINACÁN es un aporte a complementar la red del SIVA, sin duda. Pero lamentablemente es muy poco y muy tarde. Necesitamos urgentemente fortalecer la cobertura radar de todo el territorio nacional, así como modernizar y fortalecer profundamente a nuestro SIVA. Debemos identificarlo, conocerlo más, y responsabilizarnos por él. No sólo es dejárselo en manos a SEDENA y esperar que funcione apropiadamente. Como ciudadanos comprometidos, y como parte del sector aeronáutico nacional en mayor o menor medida, debemos reconocer que el SIVA es uno de los grandes baluartes estratégicos de la Seguridad y la Defensa Nacional, y uno de los ejes torales de la Defensa Aérea Mexicana.

Celebramos que casi cinco años después de iniciado el proyecto TZINACÁN haya ya un prototipo como resultado. Pero también debemos reconocer que no podemos orientar todos nuestros esfuerzos a “parches”. Debemos fortalecer profundamente nuestra capacidad de vigilancia y protección aérea, así como es imperativo robustecer a nuestra Fuerza Aérea Mexicana para la Seguridad Aérea Nacional. Estas son acciones e inversiones estratégicas, trascendentes, mutuamente vinculantes, y de responsabilidad conjunta sociedad-gobierno.

No debemos concentrarnos solo en lo urgente, sino también considerar y enfocarnos en lo importante. Debemos trascender a lo inmediato-coyuntural y abocarnos a lo estratégico-trascendental. No debemos quedarnos en la superficialidad de la percepción, sino adentrarnos al análisis de aquello que esta de fondo, no sólo de forma. La vigilancia y el seguimiento de nuestro espacio aéreo es un tema estratégico, tratémoslo como tal.

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