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24/07/2019

El avión ruso SSJ100 y la crisis de Interjet

Francisco M. M… / Miércoles, 3 Abril 2019 - 21:17

“La grandeza no es una función de las circunstancias. La grandeza resulta ser en gran medida una cuestión de elección consciente y de disciplina” - Jim Collins

El 19 de abril de 2011, la aerolínea Armavia inició operaciones con su primer avión Sukhoi Superjet SSJ100, el cual llevaba por nombre “Yuri Gagarin” (en honor al cosmonauta de la época soviética). En ese entonces, nadie podría predecir los grandes problemas que esta aeronave causaría a las aerolíneas que apostaron por ella.

En 2012, Aeroflot se vio obligada a regresar seis aeronaves de este modelo debido a varias fallas y a la demora en la entrega de refacciones por parte del fabricante y, unos meses después, en agosto, la propia Armavia tomó la misma decisión con dos SSJ100 y canceló la adquisición de más.

A la par, Interjet recibió sus primeros dos Superjet en septiembre de 2013 y para junio del siguiente año, su flota ya consistía de siete aeronaves con operaciones regulares entre Ciudad de México, Monterrey, San Antonio y otras rutas.

Sin embargo, ya para este momento, el avión ruso era un verdadero dolor de cabeza para las aerolíneas que apostaron por él.

En diciembre de 2016, la Agencia Federal de Transporte de Rusia puso en tierra a seis de estos aviones luego de hallar fatiga en la estructura. Acto seguido, obligaron al fabricante a poner en tierra a la flota global de SSJ100 para revisión.

Desde entonces, Interjet ha presentado distintos problemas con su flota de aeronaves rusas y, en septiembre de 2018, decidió sustituirla por nuevos A320neo. Fue entonces cuando los fabricantes rusos hicieron una serie de ofertadas: un lugar garantizado para la adquisición de refacciones, un simulador que instalarían en Toluca, mejoras importantes en sus nuevos modelos, con la inclusión de winglets, mayor peso de despegue, mejoras substanciales en sistemas y en cabina y el aumento de la capacidad de 93 pasajeros a 108.

Para marzo del mes pasado, 15 de los 22 aviones de la flota Superjet de Interjet estaban en tierra, mientras la aerolínea reclamaba un pago por las reparaciones de los motores SAM M146 instalados en su flota y reclamaba que no contaba con las instalaciones apropiadas para el mantenimiento de sus aviones.

De igual forma, Interjet cayó en problemas financieros debido a errores al momento de armar su flota y fallas administrativas, lo que derivó en un enfrentamiento por cambiar las condiciones laborales de sus trabajadores.

Afortunadamente, el sindicato y la aerolínea han llegado a un acuerdo laboral que sirve como paliativo para la difícil situación financiera de la empresa, aunque no se cumplen todas las demandas laborales de sus trabajadores.

No es la primera vez que vemos esta historia: no han sido pocas las aerolíneas mexicanas que desaparecen debido a las malas decisiones de dueños y administradores, además de dejar a miles de trabajadores sin trabajo, como resultado de falta de conocimiento y comprensión de la que -quizás- es la industria más dinámica del mundo.

La aviación se enfrenta a una encarnizada competencia, altos costos de combustibles y refacciones, altos costos por renta de aeronaves, ineludibles costos laborales y todo esto da a los administradores muy poco margen de error. Deben jugar de manera inteligente para obtener beneficios en un negocio que, de por sí, no tiene grandes márgenes de ganancias.

Lo que sí es seguro es que reduciendo los costos laborales, aumentando las jornadas de trabajo y reduciendo los descansos no va a ser suficiente para sacar a Interjet o a cualquier aerolínea de sus problemas financieros.

El trabajador es quien tiene, en última instancia, la mano en la manivela y le da vueltas para que la máquina de hacer billetes haga su trabajo y eso es algo que los administradores deberían comprender. Un trabajador es el mayor activo de cualquier empresa por lo que debería ser reconocido laboralmente en consecuencia.

Interjet es un jugador importante de la industria aérea mexicana, con millones de pasajeros al año. Se ha hecho de un nombre y tiene un alto índice de seguridad que debe mantener, pero para eso, requiere de buenas decisiones a nivel directivo y de trabajadores comprometidos para que se pueda garantizar el futuro de su aerolínea.

De lo contrario, ya sabemos qué puede pasar y no queremos vivirlo de nuevo.

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