
El 23 de diciembre de 2025, varios medios en Estados Unidos reportaron un cambio regulatorio relevante: la FCC (la autoridad que regula equipos que usan radiofrecuencias) colocó a DJI y a otras marcas de drones extranjeros dentro de su “Covered List”. ¿Qué implica esto en la práctica? Que los modelos nuevos de esos drones (y ciertos componentes clave) ya no podrán obtener la autorización necesaria para venderse o importarse legalmente en el mercado estadounidense, salvo excepciones específicas.
La idea central es sencilla: no es una prohibición inmediata para volar drones ya comprados. Es una decisión que afecta, sobre todo, lo que podrá llegar (o no) después.
En palabras simples: ¿qué hizo la FCC?
La FCC explicó que, tras una revisión de seguridad, concluyó que los drones y componentes críticos producidos en el extranjero representan “riesgos inaceptables” para la seguridad nacional y la seguridad de las personas en Estados Unidos. Con base en ello, los incluyó en la “Covered List”.
El efecto práctico es este: cuando un equipo cae en esa lista, no recibe nuevas autorizaciones de la FCC. Y sin esa autorización, los modelos nuevos no pueden entrar normalmente al mercado.
¿Esto significa que mi DJI queda “prohibido”?
En general, no. La medida no es retroactiva: los drones que ya existen y están en manos de usuarios pueden seguir operando bajo las reglas habituales (FAA, restricciones de vuelo, permisos, zonas prohibidas, etc.). Lo que cambia es la posibilidad de introducir nuevos modelos al mercado.
Dicho de forma práctica: no te quitan el dron que ya tienes, pero sí se complica que puedas comprar “el siguiente” si es un modelo nuevo que requiere autorización.
Entonces, ¿por qué se siente tan grande?
Porque el impacto no se mide solo en “hoy”, sino en el ciclo de vida de una flota.
En actividades como seguridad pública, energía, inspección, construcción, agricultura o cine, el dron no es un accesorio: es una herramienta de trabajo que se sostiene con:
- reemplazos por desgaste o accidente,
- ampliaciones de flota,
- cambios de plataforma,
- compatibilidad con nuevos sensores y necesidades operativas.
Si el mercado se queda sin modelos nuevos de un proveedor dominante, aparece un efecto acumulativo: planeación más difícil, costos potencialmente más altos y, en algunos casos, migraciones forzadas hacia otras plataformas.
Un dato que amplifica el impacto: DJI domina el mercado global
Este punto es clave para dimensionar el tema: DJI no es un fabricante “más”. La empresa concentra más del 70% del mercado global de drones.
¿Por qué importa? Porque cuando una sola marca ocupa ese tamaño del mercado, una restricción en un país grande como EE. UU. no solo afecta “compras”:
- Afecta disponibilidad: menos modelos nuevos, menos opciones inmediatas.
- Afecta precios: al reducirse oferta o aumentar la demanda de alternativas, los costos tienden a presionarse.
- Afecta el ecosistema: accesorios, baterías, estaciones, sensores compatibles, talleres, capacitación y workflows se construyen alrededor de plataformas dominantes.
- Afecta la innovación: si el mercado se fragmenta de forma abrupta, la adopción de mejoras (autonomía, seguridad, integración) puede volverse más lenta o más cara.
En otras palabras, el efecto no se queda en “DJI sí o no”: puede reordenar una parte importante del mercado y acelerar la búsqueda de sustitutos.
¿Cuál es la justificación oficial?
La FCC señaló preocupaciones vinculadas con vigilancia no autorizada, exfiltración de datos, riesgos cibernéticos y vulnerabilidades en la cadena de suministro. Además, vinculó el endurecimiento con la necesidad de reforzar controles antes de eventos de alta exposición, como el Mundial 2026 y los Juegos Olímpicos 2028.
¿Afecta solo a DJI?
No. Aunque DJI es el caso más visible por su presencia en el mercado, el alcance es más amplio: la medida se enfoca en drones extranjeros en general (y componentes críticos), bajo una lógica de seguridad nacional.
¿Hay excepciones?
Sí. La política contempla que podría haber exenciones si el Departamento de Defensa (DoD) o el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) determinan que cierto dron o componente no representa el riesgo señalado y lo comunican a la FCC.
La lectura estratégica para México
Aunque la medida es estadounidense, deja lecciones útiles para México y la región:
- Los drones ya no se evalúan solo por cámara y autonomí Cada vez pesan más preguntas como: ¿dónde se fabrica?, ¿cómo se gestionan los datos?, ¿qué tan verificable es la ciberseguridad?
- La dependencia tecnológica tiene costos ocultos. Cuando un proveedor domina el mercado, un giro regulatorio externo puede afectar presupuestos, adquisiciones, entrenamiento y continuidad operativa.
- La conversación debe madurar: de marca a gestión de riesgo. Para operadores y organizaciones (públicas y privadas), el tema de fondo es construir políticas internas claras: clasificación de datos, procedimientos de actualización, controles de ciberseguridad y planes de reemplazo de flota.
Lo ocurrido con DJI en EE. UU. no es un “apagón” para usuarios actuales, pero sí un cambio serio en el futuro del mercado: sin autorización de la FCC, no entran modelos nuevos. En un sector donde la innovación es constante, frenar la renovación tecnológica puede reconfigurar precios, disponibilidad y decisiones de compra en los próximos años.
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