
Como alguien que ha seguido de cerca el desarrollo del sector aeroespacial en México desde que tengo uso de razón, no puedo evitar sentir un profundo orgullo al escribir sobre el reciente lanzamiento de los femtosatélites ThumbSat-1 y ThumbSat-2, desarrollados por la empresa mexicana ThumbSat S.A. de C.V. Este hito, logrado el pasado 19 de agosto de 2025 desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el desierto de Gobi, China, no sólo marca un momento histórico para la industria espacial mexicana, sino que también refleja el potencial de nuestra gente, nuestra visión y nuestra capacidad para innovar en un escenario global.
Mi vinculación con el proyecto comenzó hace algunos años, cuando conocí el trabajo de ThumbSat, una empresa que, desde sus inicios en Tijuana y su posterior expansión a Ensenada, ha demostrado que el talento mexicano puede competir al más alto nivel. Como parte del Cluster Aeroespacial de Baja California, un ecosistema con casi seis décadas de experiencia que ha convertido a la región en un referente nacional, ThumbSat ha sabido capitalizar la colaboración con instituciones como la Universidad Tecnológica de Tijuana (UTT) y el Centro de Nanociencias y Nanotecnología de la UNAM (CNyN-UNAM). Esta sinergia entre la academia, la industria y una visión global ha sido clave para llevar a México al espacio.
Recuerdo con precisión las primeras conversaciones con el equipo de ThumbSat, cuando me contaron su ambicioso plan de diseñar femtosatélites —satélites diminutos, de apenas 100 gramos cada uno— capaces de realizar tareas que antes estaban reservadas para dispositivos mucho más grandes. ThumbSat-1, con su carga útil diseñada para capturar una “selfie” en órbita mediante un sistema de espejos, y ThumbSat-2, que lleva un proyecto artístico que fusiona ciencia y creatividad, no son solo demostraciones tecnológicas, sino también un recordatorio de que la exploración espacial puede ser accesible, inclusiva y profundamente humana. Estas ideas, que en un principio podrían parecer audaces, se convirtieron en realidad gracias a la tenacidad de un equipo que nunca dejó de soñar en grande.
El lanzamiento, realizado a bordo del cohete Kinetica-1 de la empresa china CAS Space, no fue un evento aislado, sino el resultado de años de trabajo y una colaboración internacional sin precedentes. La alianza con CAS Space, que incluyó el diseño conjunto de un desplegador satelital especializado, demostró que México puede ser un socio estratégico en el competitivo mercado espacial global. Este proyecto, además, se enmarca en el llamado de China para fortalecer la cooperación internacional en la exploración espacial, un esfuerzo al que ThumbSat se sumó con entusiasmo, consolidando la primera colaboración de este tipo entre México y China.
Pero lo que hace que este logro sea aún más significativo es su impacto educativo y social. ThumbSat no se conformó con enviar satélites al espacio; también está democratizando el acceso a la tecnología espacial. A través de su programa de divulgación, la empresa ha instalado estaciones terrestres de recepción en todo México, equipadas con antenas y software gratuitos. Esto permite a estudiantes y entusiastas del espacio rastrear las señales de los satélites y participar activamente en una misión que trasciende fronteras. Imagino a jóvenes en escuelas de todo el país, mirando al cielo con la emoción de saber que están conectados con estos pequeños artefactos mexicanos en órbita. Este enfoque inclusivo no solo fomenta la educación en ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas (STEAM), sino que también inspira a las nuevas generaciones a soñar con las estrellas.
El éxito de ThumbSat-1 y ThumbSat-2 es un testimonio del músculo empresarial y la capacidad de innovación que existe en Baja California. El Cluster Aeroespacial de la región, con su rica historia y su red de colaboración, ha creado un entorno donde proyectos como este pueden florecer. La vinculación con el Reino Unido y China, sumada al talento local, demuestra que México no solo puede participar en la carrera espacial, sino también liderar iniciativas que combinen ciencia, arte y educación.
Este lanzamiento es más que un logro técnico; es un modelo a seguir. Proyectos como el de ThumbSat muestran que, con visión, colaboración y un compromiso con la inclusión, México puede desarrollar tecnología espacial de vanguardia y posicionarse como un actor relevante en el escenario global. Es un llamado a otras empresas, universidades y gobiernos a invertir en iniciativas similares, a fomentar la innovación y a empoderar a los jóvenes para que sean los protagonistas del futuro espacial de nuestro país. Porque, como lo ha demostrado ThumbSat, el cielo no es el límite: es solo el comienzo.
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