
Podemos estar de acuerdo o no con su modelo de negocios, con las características de su servicio en tierra y aire, con sus frecuencias y horarios, con la distancia entre asientos que disponen sus aviones, con sus políticas o hasta con sus prácticas gerenciales, algunas de ellas deleznables, pero el hecho es que, de ahí el origen de esta entrega, que Viva y Volaris, que junto con las ahora desaparecidas Avolar e Interjet forman parte de las nuevas aerolíneas mexicanas que nos heredó la decisión del gobierno de Vicente Fox de abrir el mercado del aerotransporte nacional a la libre competencia, ya son jugadores de primera importancia en el mercado mexicano.
Basta decir que suponen un conjunto de flota que supera las 260 aeronaves, por cierto, con poca edad, incluyendo algunos de los más modernos modelos de la familia de aviones Airbus nacida con el A320, en las que vuelan más de 50 millones de pasajeros cada año, portando en su fuselaje con seguridad, eficiencia, rentabilidad, y me encantaría poder referir con calidad, la bandera mexicana en los cielos de México, Estados Unidos, el Caribe, Centro y Sudamérica, fomentando la libre competencia y la reducción de tarifas en beneficio de los usuarios.
Dicho en otras palabras: Si bien no en lo que toca al alcance de sus rutas, algo en lo que destaca Grupo Aeroméxico con sus servicios a América del Sur, Asia y Europa que suma muchos RPK’s, es decir, pasajeros de pago por kilómetros transportados, la de Enrique Beltranena (Volaris) ya puede ser considerada la aerolínea más grande de México en términos de pasajeros transportados, mientras que la de Juan Carlos Zuazua (Viva) sigue creciendo a tal grado que no es descabellado afirmar que ya están a la par en muchos sentidos de la que comanda Andrés Conesa, y eso estimado lector, además de una excelente noticia para la aviación comercial latinoamericana, no se logra fácilmente, de ahí el honor siento merecen, mismo que pretendo reivindicar por medio de esta entrega que quizás sorprenda a más de uno de mis lectores a los que por ahí les podría quedar claro que no soy un fan de la calidad del servicio que caracteriza tanto a Viva como a Volaris, protagonistas de frecuentes reclamos en las redes sociales, hay que decirlo, no siempre justificados, por parte de sus pasajeros. La realidad es que estas operadoras son hoy día componentes esenciales de la oferta del aerotransporte mexicano y su economía, a las que eventual y potencialmente casi todo el pasajero puede recurrir a menos que medie alguna inquebrantable lealtad a Aeroméxico derivada digamos de su producto de Clase Premier —mismo que Viva y Volaris no ofrecen, de algún contrato empresarial, del deseo de acumular puntos en un programa de viajero frecuente, de la satisfacción con las experiencias de viaje o simple y sencillamente de no entender o no estar de acuerdo con el modelo de desempeño de alta eficiencia operativa y reducción de costos asociado a Viva y a Volaris.
Un dato que me parece debe ser destacado a la hora de reconocer la labor de Viva y de Volaris, es que, contrario a lo que muchos pudieran pensar que, por “baratas y chafas” son peligrosas, volar en ellas no es más arriesgado que viajar en otra aerolínea mexicana. Y es que una consulta en el conocido portal de internet enfocado en seguridad de la aviación, denominado “Aviation Safety Network” www.asnflightsafety.org, permite confirmar que, subir a un avión de Viva o Volaris, estadísticamente hablando, es hasta más seguro que subir a uno de Grupo Aeroméxico, en especial a uno de Aeroméxico Connect, cuyo vergonzoso y lamentable “Durangazo” del 2018, por ejemplo, sigue en la memoria de muchos de nosotros, como siguen otros más que no voy a mencionar en esta oportunidad.
Va entonces, con humildad y hasta con agradecimiento, mi admiración hacia quienes han logrado transformar a Viva y a Volaris en lo que ya son. En mi opinión, si bien pueden mejorar, en especial en temas de calidad su servicio en aire y tierra, sin duda han hecho un gran trabajo en beneficio del aerotransporte mexicano y eso se refleja en los aeropuertos de las decenas de países en los que operan.
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