
En septiembre de 2023, la aviación mexicana dejó de volar con alas recortadas. Tras más de dos años bajo la sombra de la Categoría 2, México recuperó la tan anhelada Categoría 1 en seguridad operacional, otorgada por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA). No fue un trámite más en los pasillos burocráticos; fue una reingeniería profunda de un sistema que parecía condenado a la inercia.
Al frente de ese esfuerzo estuvo el General MIGUEL ENRIQUE VALLÍN OSUNA, hoy director general de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC).
Hombre de carrera militar y disciplina férrea, Vallín Osuna entendió que en la aviación no basta con prometer: hay que cumplir con estándares internacionales que no perdonan errores.
“La aviación no es sólo un medio de transporte, es un pilar para el desarrollo nacional, un motor económico y un eje de conectividad que impulsa el bienestar social y el progreso regional”, recordó emocionado Vallín, cuando en 2025 la Cámara de Diputados reconoció su trayectoria.
Su visión no se limitó a apagar incendios: actualizó la legislación aeronáutica, creó nuevas divisiones en investigación de accidentes e incluso en medicina de aviación, contrató personal especializado y, sobre todo, blindó la autonomía operativa de la AFAC.
Gracias a esa estrategia, las aerolíneas mexicanas pudieron abrir rutas y crecer de nuevo en el mercado estadounidense, recuperando confianza e inversión.
Cada vuelo adicional que hoy despega rumbo a Estados Unidos lleva detrás no sólo pasajeros, sino la huella de una batalla institucional ganada.
Hace unos días coincidimos en Saltillo con Vallín Osuna, un hombre que ha convertido la palabra supervisión en sinónimo de permanencia.
En sus palabras quedó claro: la aviación mexicana no puede relajarse, la vigilancia y la regulación son tareas de todos los días.
“Estamos avanzando en la regulación de aeronaves no tripuladas, porque la seguridad del espacio aéreo no admite vacíos normativos.
Los drones deben operar bajo un marco claro que garantice tanto la innovación como la protección”, puntualizó Vallín Osuna.
Un mensaje que resuena, porque la aviación moderna no se entiende sin drones y, al mismo tiempo, no debe permitir que la improvisación abra grietas en la seguridad.
México recuperó la Categoría 1 y esa victoria nos recordó lo que significa trabajar con estándares de primer nivel.
Pero lo cierto es que mantener ese estatus no es automático: requiere inversión, profesionalización constante y una visión de futuro.
Aquí radica el verdadero desafío. Es imperativo que la famosa Austeridad Republicana quede en el pasado.
La seguridad aérea no se sostiene con discursos de ahorro, sino con presupuestos suficientes para modernizar radares, capacitar técnicos y garantizar que cada aeropuerto del país opere bajo parámetros internacionales.
El país no puede arriesgar su conectividad por escatimar recursos.
Si el aire es el futuro de nuestra movilidad, entonces el compromiso debe estar a la altura del cielo que surcamos.
¡Queda Dicho!
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