
México vive una etapa fascinante en su aventura espacial. Y en ella, el microsatélite lanzado el 28 de noviembre de 2025, ocupa un lugar especial. Impulsado por la Alcaldía Álvaro Obregón bajo el liderazgo del alcalde Javier López Casarín, este proyecto se ha convertido en el primero de un gobierno local en toda América Latina que llega a órbita. López Casarín lo ha descrito como un esfuerzo que une gobierno, academia e industria en esa “triple hélice” que tanto potencial tiene para la innovación. Un modelo que, como él mismo ha dicho, demuestra que las ideas grandes pueden nacer desde lo municipal.
El MXÁO-1 es un CubeSat compacto, de unos 25 kilogramos y el tamaño de una maleta grande. Viaja en órbita baja, a poco más de 520 kilómetros de altura, como parte de la misión Transporter-15 de SpaceX. Lleva una cámara multiespectral capaz de capturar imágenes con resolución de 1.5 metros por píxel. Su misión: generar datos para monitoreo ambiental, gestión urbana, prevención de riesgos como deslaves o basureros ilegales, y apoyo a la investigación académica. Macrolab, la empresa mexicana que lideró la integración junto con Nara Space de Corea del Sur, destaca que incluye paneles solares, sensores y una computadora de vuelo que lo hacen autónomo. El Clúster Universitario de Alto Nivel de Santa Fe aportó talento para el análisis de datos. Todo ello, con una vida útil estimada de al menos tres años.
Hoy, a finales de diciembre de 2025, el satélite está en plena fase de comisionamiento. Esa etapa inicial tan delicada, donde se encienden sistemas, se estabiliza la órbita y se calibra todo. NORAD,
el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte, una organización de Estados Unidos y Canadá encargada de vigilar los cielos, ya lo rastrea sin problemas. No hay reportes de anomalías. La cuenta oficial @mxao_1 en X comparte contenido educativo: cómo orbita a miles de kilómetros por hora, sus capacidades multiespectrales o el peso equivalente a una maleta. Contenido que mantiene viva la expectativa.
¿Qué podemos esperar en los próximos dos meses, enero y febrero de 2026?
Lo más probable es que veamos el fin del comisionamiento. En misiones CubeSat como esta, esa fase suele durar semanas o un par de meses. Si no hay contratiempos —y hasta ahora todo apunta a que va bien—, a mediados de enero podrían llegar las primeras señales de telemetría completa. ¿Por qué no antes? Porque el satélite necesita tiempo para desplegar antenas, estabilizar su orientación y probar comunicaciones en un entorno espacial hostil, con radiación y variaciones extremas de temperatura. Es estándar: proyectos similares, como el AztechSat-1, tardaron semanas en confirmar que todo funcionaba bien.
Un escenario optimista: las primeras imágenes de México.
El MXÁO-1 orbita la Tierra unas 15 veces al día y pasa sobre territorio nacional cada pocos días. Una vez calibrada la cámara, sus capturas podrían compartirse pronto, quizás en canales como Macrolab o @mxao_1. Serían datos útiles de inmediato: vegetación, cambios en suelos, riesgos urbanos. Justo lo que López Casarín ha enfatizado como herramienta para decisiones públicas más inteligentes.
Claro, podría haber retrasos. Nada raro en el espacio. Interferencias, ajustes en software desde tierra o calibración de sensores y actuadores, podrían extender el proceso hasta febrero. Pero eso no significaría fracaso; al contrario, es parte de asegurar precisión. Mientras, en tierra avanzan alianzas como la que ya se está perfilando con la SECIHTI para colaborar en el proyecto Ixtil. El MXAÓ-1 ya genera interés educativo y podría integrarse con másiniciativas nacionales.
El MXÁO-1 no es solo un punto luminoso en el cielo. Representa esa ambición mexicana de usar la tecnología para resolver problemas reales, desde lo local hasta lo global. Como en los días del histórico vuelo de Rodolfo Neri Vela, nos recuerda que el espacio puede ser accesible. Los próximos meses dirán mucho, pero su trayectoria ya inspira. México, con esfuerzos como este, sigue elevando su mirada al cielo.
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