
En las últimas semanas he tenido la oportunidad de participar en diversos foros dedicados al sector de los drones. Ahí se reunieron principalmente operadores, pero llamó la atención la escasa presencia de la autoridad regulatoria, un vacío que se hizo evidente en cada conversación.
Lo que más sorprendió fue que existe mayor desconocimiento del Subcomité de Drones de la AFAC, creado para fortalecer la gestión de la seguridad operacional, que de la propia Norma Oficial Mexicana que regula los lineamientos de operación y esto ocurre en un contexto donde los vuelos en espacios compartidos entre aeronaves tradicionales y sistemas no tripulados ya no son escenarios futuros, sino realidades operativas de todos los días.
No hay duda: los drones representan una enorme oportunidad para el desarrollo y la competitividad de México como Estado-nación. Sin embargo, la falta de transdisciplinariedad en la creación de normas y modelos regulatorios nos obliga, como especialistas en aviación civil, a replantear nuestra visión. Las necesidades de los operadores varían según los usos que cada industria asigna a esta tecnología: protección civil, seguridad ciudadana, agricultura de precisión, control de fauna, vigilancia, construcción, levantamientos y topografía aérea, por mencionar solo algunos.
Cada sector tiene retos específicos y, por tanto, requiere respuestas regulatorias igualmente específicas. Es justo ahí donde el diálogo debe ampliarse y donde esa transdisciplinariedad que tanto hace falta puede marcar la diferencia.
A partir de las ponencias y los intercambios recientes, sintetizo este reto en un modelo que denomino A3 por la interrelación que debe existir entre tres pilares: la Autoridad, la Academia y los Actores que participan en la operación directa de drones.
Para no extender más este artículo, dejo aquí el diagrama general del modelo de mí creación, con la invitación abierta a que lo revisen, lo cuestionen y lo enriquezcan desde su experiencia en el campo.
Desde mi perspectiva, la Autoridad debe fomentar la colaboración; la Academia, diseñar y actualizar el currículo especializado; y los Actores, impulsar el licenciamiento y reglas de operación acorde a su actividad. Solo así podremos profesionalizar la operación de drones en México y avanzar, en conjunto, hacia un verdadero Horizonte Seguro.
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