
La burocracia es, o debería ser, un sistema organizado de reglas y procedimientos para servir y mantener el orden y la eficiencia dentro de las instituciones gubernamentales.
Debemos decir, sin embargo, que cuando esta estructura se vuelve excesivamente rígida, corrupta y desproporcionadamente compleja, como es el caso de México, se provoca uno de los mayores males administrativos que se pueden sufrir: la ineficiencia.
La ineficiencia burocrática se deja ver a diario en procesos innecesariamente largos y complicados, duplicación de funciones, trámites que se pueden convertir en un verdadero calvario y una total falta de visión en lograr los buenos resultados.
Este fenómeno llamado ineficiencia no solo demora y complica la toma de decisiones, sino que también desmotiva tanto a los usuarios como a muchos de los empleados dentro del propio sistema, porque en lugar de facilitar soluciones la burocracia ineficiente se convierte en un obstáculo que impide la innovación y el cambio.
Un claro ejemplo de esta problemática se encuentra en muchas instituciones públicas en México donde, para realizar una gestión sencilla, es necesario pasar por múltiples oficinas, llenar formularios repetitivos y esperar semanas y a veces años por una respuesta.
Esta lentitud y esta falta de eficacia y voluntad para hacer las cosas no solo afecta la calidad del servicio que presta la Institución sino que también alimenta la desconfianza en ella.
En conclusión, aunque la burocracia es necesaria para organizar grandes estructuras sociales y administrativas, su exceso, y sobre todo la corrupción, la falta de voluntad, la falta de recursos humanos y financieros y un inadecuado diseño general generan ineficiencia.
Reformar desde el fondo a cualquier Institución es importante y eso no implica eliminarla, sino seleccionar un buen equipo de profesionales expertos empezando en su propia dirección y cuadro administrativo, actuar honestamente y con un alto sentido de ética, acertar en la toma de decisiones, simplificar procesos, respetar tiempos, reducir obstáculos y redundancias y centrar el sistema en el servicio efectivo y profesional a las personas.
Solo así se podrá recuperar la confianza, la agilidad y legitimidad de las instituciones frente a los ciudadanos… y sí, entre esas instituciones me refiero también a la AFAC y toda sus dependencias.
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