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23/09/2021

De visitas, auditorías, correcciones y un rumbo incierto

José Medina Go… / Domingo, 13 Junio 2021 - 22:28

A partir de la semana pasada nos hemos adentrado -a menos que ocurra algo totalmente anómalo y extraordinario- en la segunda mitad de la presente Administración Federal. Durante la primera mitad vimos la calidad, la capacidad, la disposición, el talante, la tendencia, la visión y la voluntad de quienes ocupan el liderazgo nacional, aunque no necesariamente en ese orden ni de manera intencional. Pese a los discursos, a los dichos, a las frases y a las manifestaciones mediáticas, los datos y los hechos hablan por si solos de su desempeño.

Apenas hace unas semanas debíamos ser cuidadosos de los tiempos, los procesos y las valoraciones, aunque desde la autoridad no se hizo. En el sector privado fue imperativa la cautela y la prudencia; pero habiendo pasado el momento crítico tenemos que ser muy objetivos y ciertos de los siguientes tres años. Los antecedentes no son buenos, y los datos demuestran que la gestión pública no fue la ideal ni la más eficiente. Como sector aeronáutico nacional fuimos testigos de desatinos, desavenencias y gestiones no necesariamente convenientes ni oportunas. La pandemia y el manejo de la misma por parte de la autoridad tampoco ayudó mucho a la estabilidad de nuestro sector. Las disposiciones nacionales y la perspectiva internacional sobre nuestro desempeño aeronáutico no ha sido el ideal tampoco. Pero nada de esto es nuevo, lo pasado no lo podemos cambiar.

Pero si podemos influir en el porvenir. Más allá de la reducción de calificación por la FAA, así como por las múltiples críticas y gestas internacionales hacia México y su desempeño, en los próximos tres años tenemos grandes retos a hacer frente. El primero, más que cualquier otra prioridad, es recuperar la reputación y la presencia ante la comunidad internacional. Aunque existe una corriente de pensamiento desde el liderazgo máximo de la autoridad nacional -completamente inexplicable fuera de un discurso justificatorio sustentado en una percepción totalmente distorsionada de la realidad contemporánea- de que debemos “voltear al interior”, realmente ante el mundo eso se interpretó como “voltear a verse el ombligo”.

Como hemos señalado en este espacio en innumerables ocasiones, México es -aunque a algunos no les parezca- parte de la comunidad internacional. El mundo de la tercera década del siglo XXI es global, incluyente, interdependiente, complejo. Eso no lo podemos cambiar ni alterar, solo nos queda el camino de la cooperación, la inclusión y buscar oportunidades en ese entorno plural. En consecuencia, requerimos colaboración y participación en la tendencia y dinámica global, y eso implica que debemos adquirir y mantener compromisos internacionales multilaterales. En nuestro entorno de la aviación esto no sólo es lógico, sino una exigencia inexorable y preponderante.

Sin embargo, debido a malas decisiones y gestiones ineficientes México ha perdido su reputación internacional, y sus autoridades han sido objeto y sujeto de desconfianza y descrédito. México no es ya un país confiable para la comunidad global, y un breve sondeo internacional de la opinión en los sectores públicos y privados lo demuestra con claridad. En consecuencia, no hay inversiones, hay salida de capitales, baja el turismo y el tránsito aéreo, se reducen las rutas y oportunidades de desarrollo conjunto, no se considera en muchos proyectos a México, etc. Esto es lo que hemos visto y vivido. Esto debemos revertirlo a la mayor brevedad posible.

En segundo lugar, debemos recuperar la confianza internacional. Es urgente se emprendan labores correctivas profundas y busquemos regresar a la Categoría 1. No nos equivoquemos: esta evaluación no fue sobre la aeronáutica mexicana en general, sino más bien sobre el desempeño de sus autoridades. Sin embargo, el camino se puede enmendar y podemos regresar a la Categoría 1. Ya hemos estado en esta posición en el pasado, y aunque incómoda, es un importante catalizador para el desarrollo si sabemos aprovechar la coyuntura. Esto requiere, indudablemente, de autoridades y la iniciativa privada trabajando en colaboración y coordinadamente, implica madurez y voluntad de todas las partes, y requiere esfuerzo certero y eficiente en múltiples campos y aristas.

Por otro lado, requerimos una adecuada y eficiente gestión pública de carácter integral. La auditoría de la FAA fue solo una de tantas visitas y revisiones programadas para años venideros, Esto es muy importante tenerlo en cuenta, por que eso implica que el trabajo continúa, y las exigencias internacionales ahora serán, con este lamentable antecedente, más estrictas. Para hacer frente a ellas requerimos un mayor conocimiento, compatibilidad, apertura y reconocimiento a los criterios y estándares internacionales. El sector gubernamental requiere especialistas civiles que tengan experiencia internacional, no sólo militares cuyo conocimiento en muchas ocasiones solo se limita a labores institucionales internas, las cuales por su naturaleza no necesariamente son conducentes en la gestión pública civil.

Necesitamos un sector privado con determinación y entereza. Hasta el momento, más allá de periodos turbulentos, se han desempeñado con integridad y congruentemente. Esto no exime a aquellos actores que han actuado de manera poco prudente o fuera de la norma (que vaya que hay casos recientes) y que en su momento deberán ser sancionados. Pero como conjunto integral han mantenido la aviación nacional volando, pese a las limitaciones y afectaciones. Será parte de su responsabilidad seguir llevando esta labor, y de aprovechar las pocas o muchas oportunidades que presente el porvenir.

Finalmente, debemos consolidar el elemento más importante y trascendente para los próximos tres años: voluntad. Por este término no debemos hacer un sinónimo con “intencionalidad” ni con “aspiración”. Estos términos, aunque loables, carecen de un elemento central para convertirse en verdadera fuerza motora integral, es decir, esfuerzo constante, eficiente, dirigido y sostenido. En una labor de años, trascendente, no de corto plazo ni con miras al futuro inmediato. Requerimos una visión adjuntada a la voluntad, una concepción global con trascendencia local, cooperación internacional para el beneficio nacional, competencia mundial con beneficios nacionales, y un esfuerzo sectorial con implicaciones integrales.

Suena como una receta abstracta, pero realmente no lo es. Podríamos profundizar más en el cómo, en el paso por paso, pero eso es labor para otro espacio. Podría inclusive cuestionarse si es pertinente esta discusión. En síntesis: los próximos tres años definirán a través de las visitas, auditorías, interacciones con el exterior y la imagen que demos al mismo si la aeronáutica mexicana puede volar a la altura que exige el porvenir, si volará bajo y poco, o si simplemente no tiene nada que hacer siquiera despegando. En otras palabras, se decidirá por nuestras acciones si volteamos la mirada a las alturas, al horizonte o al piso.

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