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15/07/2020

Inversión, la seguridad en nuestra fuerza aérea

José Medina Go… / Domingo, 26 Enero 2020 - 20:51

En esta columna semanal, así como en otros espacios de este portal electrónico y en otros medios de difusión informativa un tema recurrente es la Seguridad Aérea. Este rubro bipartito –“Security” y “Safety”, cada uno en su dimensión particular- es parte de (más nunca un complemento) las operaciones aéreas contemporáneas, y es una condición insustituible de cualquier aproximación a la aeronáutica en el siglo XXI. En nuestro país se han llevado a cabo importantes avances, discusiones y reflexiones de alto nivel en materia de Seguridad Aérea, algunas de estas iniciativas lidereadas por las autoridades del Estado Mexicano. Celebrando tan importante aporte, debemos destacar el papel de nuestra Fuerza Aérea Mexicana en esta noble labor, así como su inflexible compromiso en esta materia. Hasta que algo sale mal.

El pasado domingo 19 de enero, un helicóptero MD530F de la FAM, con matrícula 1143 sufrió un accidente al intentar aterrizar en la pista de El Zorrillo en el municipio de Guadalupe y Calvo en el estado de Chihuahua, resultando en la pérdida total de la aeronave y todos sus ocupantes lesionados. Hasta el momento no hay pérdidas de vidas humanas que lamentar; pero si es un incidente que debe llamarnos profundamente la atención. Con pleno conocimiento de causa el suscribiente puede afirmar dos cosas indiscutibles: los MD son aeronaves de ala rotativa altamente maniobrables, flexibles y adaptables; y los pilotos aviadores de dichas aeronaves poseen un muy elevado nivel de profesionalismo, adiestramiento y capacidad de respuesta.  Los pilotos de la Fuerza Aérea Mexicana poseen un nivel de preparación y experiencia muy destacable, por lo que decir que este incidente fue “error del piloto”, mientras que no es descartable tampoco debe ser nuestra primera suposición.

Lo que sí es importante señalar nuevamente en este espacio es que este incidente parece ser la continuación de una “racha” muy lamentable de incidentes aeronáuticos protagonizados por nuestras Fuerzas Armadas. Debemos recordar la aviación es inherentemente un entorno peligroso, y suponer que se puede neutralizar el riesgo totalmente es pecar de un profundo desconocimiento en la materia. Mientras que los esfuerzos se concentran en minimizar la incidencia de acontecimientos que resulten en pérdidas humanas y materiales, en la aviación siempre estaremos expuestos a este tipo de sucesos.

El problema resulta cuando desde hace algunos años -y destacadamente a partir del inicio de la presente administración federal- el número de accidentes/incidentes se ha incrementado muy considerablemente. Podemos buscar muchas explicaciones, y sin duda podremos encontrar a cuantiosos responsables que deberán dar una explicación razonable por estos sucesos. Sin embargo, lo anterior es seguir viendo hacia atrás y no hacia adelante, como debiéramos hacerlo siempre.

Reiterando nuevamente que en el caso de las Fuerzas Aérea y Aeronaval de México el nivel de adiestramiento del personal es extremadamente elevado y profesional, debemos trascender de la simple explicación preliminar del “error humano” y encontrar otras correlaciones explicativas. La más evidente y dolorosa es la restricción presupuestal y el recorte de montos de inversión -por supuesto también recortes en gastos de operación ordinaria- en nuestras Fuerzas Armadas en lo general y en particular en nuestros componentes aéreos. Reiterando que estos han sido “ahorros mal entendidos”, estas limitantes desde el inicio se sabían traerían costos graves en las operaciones aéreas militares y navales del país. Tal vez aquí esta una manifestación dolorosamente evidente.

La presente administración federal, con una visión cuestionable y destacadamente fundamentada en preceptos de hace más de tres o cuatro décadas en el pasado, declaró desde sus inicios que no invertiría en materia militar, y “recortaría gastos” en los sectores aeronáuticos. Bajo la cuestionable filosofía “hacer más con menos”, el presente gobierno busca incrementar la eficiencia ordinaria llegando a niveles extraordinarios. El problema del planteamiento del titular del ejecutivo en nuestro rubro es que si seguimos en la lógica de “hacer más con menos” acabaremos “haciendo todo con nada”, y eso es un postulado imposible para dar cumplimiento. En materia aeronáutica, el realizar inversiones oportunas evita gastos, y en el mediano y largo plazo es mucho más eficiente y seguro. Lamentablemente, toda la evidencia sugiere que en la presente administración estos recortes están afectando la operatividad de las actividades aeronáuticas militares y navales. En lugar de invertir en material aéreo, refacciones, insumos esenciales y recursos preventivos, aparentemente se busca lograr grandes resultados y al mismo tiempo limitando costos irreflexivamente.

Sin duda esta es una receta para el desastre, y tal vez lo acontecido el domingo 19 del actual fue otra llamada de atención a este tema. Conocer las causas del accidente en Chihuahua sin duda abrirá la puerta a un elevado numero de reveladoras conclusiones, pero todas nos llevan invariablemente al mismo punto terminal: debemos invertir oportunamente en la Seguridad Aérea Integral. Lo anterior no es un “capricho”, o un “gasto”; es una inversión responsable, necesaria e ineludible. Debemos promover un entorno permisivo para estas iniciativas, o de lo contrario podríamos enfrentarnos a algo mucho más grave que un MD de la FAM en una pista del norte del país.

Sea esta una llamada de atención más, y un momento para promover la prevención y no la lamentación colectiva ante un incidente más grave, que hoy por hoy tenemos en las manos prevenir. Que el “ahorro” no sea excusa para la negligencia, ni los “recortes” sean la justificación para la irresponsabilidad.

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