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09/12/2021

Cuando no se sabe lo que no se sabe

José Medina Go… / Domingo, 4 Julio 2021 - 21:34

En colaboraciones anteriores en este espacio, el suscribiente ha hecho alusión a los “ingredientes” indispensables para el desarrollo. Ciertamente hay quienes -por una causa u otra- tienen otra postura, pero en vez de argumentar de manera sustentada prefieren la descalificación. Esta lamentable coyuntura ha llevado a desvirtuar procesos reflexivos lógicos, los cuales son esenciales para una visión prospectiva equilibrada y fundamentada. Pero la realidad se impone, y buena parte de la historia de la humanidad muestra claramente que estos componentes esenciales en conjunción aditiva son críticos e irremplazables para promover el futuro de las sociedades, sean estas nacionales, internacionales o de naturaleza global.

Se trata de tres componentes simples, pero no sencillos; y que de una forma u otra hemos comentado ya en este espacio. El primero es mantener un marco normativo estandarizado, homologante y al que todos los actores participantes de una sociedad se suscriban. Sin este marco de referencia es virtualmente imposible que una sociedad y los sectores que lo integran puedan mantenerse, interactuar de manera ordenada y positiva, y generar una dirección clara orientada a un bien común. El segundo es promover la inversión. Si no hay actores nacionales e internacionales que fomenten el desarrollo a través de la inyección de capitales, de tecnología, de insumos, es virtualmente imposible hacer algo. Dicho de otra forma, hace falta “algo” para generar “algo más”.

El tercer elemento es indiscutiblemente el más complejo: fomentar el Capital Humano. Estamos hablando de incrementar las capacidades de una fuerza laboral profesional, independientemente del sector donde se encuentren. Se trata no sólo de tener más personal calificado, sino más preparado, más eficiente, más competente. Evidentemente esto requiere a su vez de inversión, pero a diferencia de las actividades meramente productivas la inversión es mixta y tripartita: por un lado, se requiere de la inversión de tiempo y esfuerzo individual, del Estado a través de sus programas de estudio y estandarización de criterios de exigencia, y de la inversión privada para hacer frente a los insumos que requiere esa formación. 

Evidentemente, el Capital Humano no sólo se trata de educación, tiene muchos componentes más. Pero la formación profesional y profesionalizante es esencial. En sectores tan complejos y técnicos como es el de la aviación, este componente es crítico. Y si consideramos que es cada vez más importante una actualización permanente para fines de mantener un estándar mínimo de competencia en un entorno donde la tecnología avanza a pasos agigantados, el componente de formación profesional adquiere cada vez mayor relevancia.

La crisis del 2020 nos llevó a un paradigma que cambió profundamente nuestra civilización. La suspensión de buena parte de las actividades sociales para fines de distanciamiento social y prevenir contagios orilló a muchos sectores a desarrollar sus actividades de manera remota, incluyendo al sector educativo. Sorprendentemente, en un periodo muy corto de tiempo buena parte de los programas de estudio a nivel mundial se hicieron digitales, en programas virtuales y a distancia. En muy poco tiempo transitamos -por necesidad, si no hubiera otra razón- al uso de la tecnología para la impartición de material que fomente el desarrollo del capital humano. 

En buena medida este esfuerzo fue un éxito. Transitamos a la vida digital remota más rápido y eficientemente de lo que como civilización global hubiéramos esperado. Pero esto tiene sus límites. Aquellos de nosotros que nos hemos dedicado a la docencia, y durante esta crisis llevamos a cabo labores de enseñanza e instrucción por vía remota podemos apreciar que mientras que esta modalidad ofrece algunos beneficios, la dependencia de la tecnología nos impone otras condiciones y límites. La forma de trabajar y de enseñanza ha cambiado, y debemos adaptarnos a ello.

Ciertamente, hay algunos actores que han tenido más éxito y más facilidad que otros. Eso es innegable. Pero también debemos reconocer que hay algunas actividades docentes y de formación de Capital Humano que simplemente no se pueden hacer vía remota: deben hacerse de manera presencial. En el ámbito de la aviación este es el paradigma que enfrentamos. Mientras muchas cosas pueden darse por la vía remota, otros temas requieren práctica presencial. Desde simuladores hasta talleres, desde manufactura física hasta control de equipamiento, desde abastecimientos a mantenimiento. La lista es amplia, pero el resultado es el mismo: en la aeronáutica, debido a la naturaleza intrínseca del sector, se requiere una formación del Capital Humano con irremplazable presencia física. 

En otras columnas el suscribiente ha señalado que tenemos un problema grave en materia de formación de personal aeronáutico calificado en México. Nos hace falta modernización, incorporar nuevas tecnologías y aproximaciones, así como incrementar el nivel de exigencia para hacernos compatibles con los estándares internacionales. Pero a un año y medio de iniciada esta crisis mundial, debemos regresar a los fundamentos esenciales de la formación aeronáutica y recuperar aquello que por necesidad se ha dejado de lado. 

México y su sector aeronáutico tienen una crisis potencial de Capital Humano, y en columnas subsecuentes abordaremos este tema a mayor detalle. Pero de entrada podemos percibir que uno de los grandes retos que tenemos es la formación integral del personal que conforma las diferentes especialidades de nuestro sector. Si ya estábamos en términos generales en condición de “rezago relativo” frente a otros países, con la crisis del año pasado esta brecha se esta incrementado considerablemente. Se han abandonado las prácticas profesionales y de actualización de personal aeronáutico, y mientras que algunos contenidos se han digitalizado para fines de instrucción virtual, hay algunos aspectos que simplemente no pueden ser cubiertos a cabalidad.

Por otro lado, la formación del personal aeronáutico nacional no necesariamente esta actualizada a los estándares internacionales, y eso es un problema grave. En un periodo de tiempo relativamente corto esta brecha se ha incrementado, y dar alcance a la misma requerirá de un esfuerzo adicional de todo el sector aeronáutico nacional y de sus autoridades. Esto también implica que se requerirá una mayor inversión por parte de todos los actores participantes.

En síntesis, la formación del Capital Humano Aeronáutico Nacional debe fortalecerse y consolidarse. No nos espera un trecho sencillo, ni ágil. Pero es necesario si queremos hacer frente a los retos que enfrenta nuestro sector en el porvenir. Debemos incrementar nuestras capacidades formativas y de educación constante como sector, o de lo contrario nos enfrentaremos al que podría ser nuestro mayor obstáculo para el desarrollo: no saber lo que no sabemos

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