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08/03/2021

La aviación necesita pioneros climáticos

Redacción A21 / Martes, 10 Diciembre 2019 - 09:58

Bertrand Piccard, presidente de la Fundación Solar Impulse

Anne Rigail, directora general de Air France

Los primeros 50 años de historia de la aviación fueron muy fructíferos en innovaciones disruptivas. Pasamos del Flyer de los hermanos Wright al Boeing 707. El medio siglo siguiente ciertamente permitió optimizar la calidad, pero el Airbus 340 más reciente sigue aún pareciéndose al 707. Por tanto, ¿cómo se puede retomar el camino de la disrupción frente a los desafíos medioambientales?

A día de hoy la aviación se ha convertido en chivo expiatorio del cambio climático. Aunque muchas otras industrias emiten más CO2, el fenómeno conocido como flygskam, que significa sentir vergüenza por tomar un avión, refleja el malestar de una generación frente al sector aéreo. Pese a que el sector actualmente representa entre el 2 y el 3% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, se acusa a las aerolíneas de todos los males, las cuales, además, tienen la obligación de acelerar sus compromisos y de comunicarlos mejor.

No debemos olvidar que la aviación es uno de los avances tecnológicos más extraordinarios en la historia de la humanidad. Más allá de su papel fundamental en los intercambios económicos y los millones de empleos creados, el surgimiento de la aeronáutica ha conllevado importantes beneficios para nuestra apertura al mundo y nuestros intercambios culturales. En 2018, 4300 millones de pasajeros viajaron en avión.

Volar de manera responsable, con un impacto negativo mínimo en el medio ambiente, parece estar fuera del alcance de muchos. ¿Se puede conciliar una de las innovaciones más formidables de nuestro tiempo con el imperativo ecológico? Estamos profundamente convencidos de ello, pero esto requiere cambiar algunos paradigmas. En 2003, cuando se lanzó el proyecto Solar Impulse, los expertos en la materia creían que era imposible. Según ellos, el sol no proporcionaría la energía suficiente. Sin embargo, el prototipo Solar Impulse era tan eficiente que podía abastecerse de sobra con la energía diurna recibida para volar las 24 horas del día. El mensaje de Solar Impulse era claro: las tecnologías limpias pueden lograr lo imposible.

Para confrontar sin ambages su huella de carbono, el sector aéreo debe sacar partido de la larga tradición de innovación que lo ha hecho exitoso. Sacando el máximo partido del potencial que ofrecen las nuevas soluciones tecnológicas y operacionales, todos podemos aceptar este desafío, actuando juntos sin demora y sin esperar a que lleguen presiones externas.

En el aspecto operacional, necesitamos urgentemente acelerar el proyecto de Cielo Único Europeo, que hemos estado aguardando durante demasiado tiempo, con el fin de poder adoptar rutas más directas. Hace tiempo que disponemos de programas que permiten analizar los planes de vuelo de los pilotos capaces de suministrarles sugerencias y de lograr hasta un 5% de ahorro de combustible. Asimismo es necesario generalizar la práctica del ecopilotaje, que permite un ahorro significativo de combustible en vuelo, por ejemplo mediante el descenso en aproximación continua; pero también en tierra, mediante la circulación con el motor apagado, que permite ahorrar hasta 700 kg de combustible.

Se avecinan cambios a nivel tecnológico. Los constructores trabajan en programas de aviones eléctricos. Ya existen de dos y cuatro plazas, y veremos más en el futuro. La hibridación también es prometedora: una turbina que funcionase a un rendimiento óptimo para producir la electricidad de los motores consumiría casi la mitad de queroseno que los reactores actuales.

En vuelos de larga distancia, el uso de biocombustibles al 100% sería técnicamente posible, pero habrá que enfrentarse a las dificultades en disponibilidad e implantación, particularmente en Francia, así como en materia de políticas de incentivos estatales. ¿Aguardamos la llegada del hidrógeno?

Hasta el momento en que se pongan en práctica todas estas novedades, la compensación es una solución de transición apropiada... con toda certeza mejor que nada.

Estos son solo algunos ejemplos, pero hay muchos otros que aún necesitamos identificar e implementar a gran escala. Este es precisamente el objetivo de la asociación anunciada entre la Fundación Solar Impulse, que tiene como objetivo seleccionar y etiquetar tecnologías rentables para proteger el medio ambiente, y Air France. Juntos hacemos un llamamiento a buscar soluciones y trabajamos para determinar las respuestas que le permitan al sector de la aviación alcanzar sus objetivos medioambientales.

Air France anunció recientemente su intención de reducir sus emisiones de CO2 por pasajero-km en un 50% para el año 2030, de reducir los desechos no reciclados en un 50% y de continuar reduciendo su huella de ruido. También anunció su decisión de compensar por completo las emisiones de CO2 de sus vuelos nacionales para 2020, creando una tendencia junto con otras compañías. Las aerolíneas que han decidido tomar medidas concretas para reducir su impacto en lugar de resistirse al cambio muestran que están a la altura del desafío del clima y renuevan el espíritu de innovación demostrado por los primeros pioneros de la historia.

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