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18/07/2019

“¡Se nos atravesó un cerro!”

José Medina Go… / Domingo, 5 Mayo 2019 - 21:26

Mucho dice el innegable hecho que Santa Lucía sigue dando de qué hablar, y no por aspectos positivos y notorios como FAMEX –evento que a todas luces fue un rotundo éxito- sino por los corolarios, anexos y subsecuentes episodios satírico-demostrativos a la autoevidente magna equivocación de la innecesaria cancelación del NAIM y el “proyecto” del futuro aeropuerto Gral. Felipe Ángeles en lo que hasta ahora es la BAM 1, Santa Lucía, Estado de México. Lo que en su momento pareció un catastrófico errar hoy ya es un tema que raya en la burla, y algo terriblemente mal esta pasando cuando la más profunda de las reflexiones se origina de bromas en redes sociales en lugar que en las sobrias oficinas y espacios de reflexión de las autoridades federales especializadas y titulares en la materia.

Invoco a un mensaje que ha circulado por redes sociales en torno a las declaraciones de la Oficina del Titular de Ejecutivo sobre las obras y el “Plan Maestro “(que no se ha publicado, por cierto) en Santa Lucía, el cual reza e ilustra gráficamente: “Entonces en Santa Lucía NO vieron un cerro que SI EXISTE, pero en Texcoco vieron un lago que NO EXISTE”. Es un poderoso y contundente razonamiento, tan absurdamente obvio que trasciende del análisis y se adentra a la más ignominiosa burla satírica. Las declaraciones de SCT que tras un primer estudio de riesgos ambientales realizado por la SEDENA (ojo: por la Secretaría de la Defensa Nacional, no la Fuerza Aérea Mexicana específicamente, lo cual dice mucho en sí mismo) en el cual se establece que el Cerro de Paula representa un obstáculo natural para el “plan” proyectado por el Grupo Rioboó para el nuevo aeropuerto Gral. Felipe Ángeles son totalmente impactantes.

Impactantes no por su declaratoria, sino por la obviedad de las mismas. Cualquier persona que se pare en la Base Aérea Militar 1 de Santa Lucía puede ver este cerro a simple vista. De hecho, cualquier asistente a FAMEX 2019 tuvo oportunidad de ver este “obstáculo” que “inicialmente nadie había contemplado”. Sobra decir que esta declaración carece de sustento y trasciende a lo absurdo. Sobre todo, si se complementa la misma con la determinada declaración que le siguió: los costos de la obra se incrementan en aproximadamente 11.7% para dar solución al “problema”. Esto también implica que el tiempo de conclusión de la obra se incrementa (lógico y esperable), pero el gobierno federal insiste que el aeropuerto estará terminado y en plena operación en menos de dos años (ilógico y virtualmente imposible).

Suficientemente grave son ya estas declaraciones, pero por desgracia hay todavía más. Se informó que “la primera piedra” se colocaría el lunes 29 de abril, y la primera etapa de este proyecto -del que reiteramos todavía no hay un Plan Maestro, o al menos un documento de naturaleza similar que sea público- es la demolición de la Escuela Militar de Materiales de Guerra. Notorio, trágico y hasta traumatizante es esta declaración por diversas causas. En primer lugar, este es un plantel virtualmente nuevo y de primer nivel internacional, ya que fue una de las últimas obras inauguradas por la administración 2012-2018, su construcción era totalmente necesaria y justificada, y el nivel de este plantel es incuestionablemente alto y competitivo a nivel internacional. Solo basta pararse frente al mismo para darse cuenta que este centro educativo no es opulento, ni lujoso y mucho menos oneroso. Es un plantel de calidad, eso sí, pero como debe de ser cualquier centro de enseñanza especializado.

Por otro lado, este plantel requirió una inversión considerable en su momento, y se encuentra fuera del polígono de la BAM. En otras palabras, la obra podría empezar en otro lado donde no hay construcciones que demoler este plantel por el momento. Surge entonces la pregunta ¿es esto un acto simbólico o un verdadero requerimiento para la construcción y desarrollo de la infraestructura? Tal parece que esta pregunta se le puede aplicar virtualmente a todo el proyecto, ya que siguen saliendo detalles, interrogantes y cuestionamientos que debieran haberse aclarado desde un principio.

Consistente y congruente es la declaración de las autoridades federales al señala que este proyecto “no se realizó al vapor ni de manera apresurada”. Esta línea de argumentación es esperable y hasta necesaria para fines mediáticos. Pero cuando vemos realidad apreciamos una clara y evidente incompatibilidad con la realidad. Más sorprendente aún es ver que el proyecto se “diseñó” por el Grupo Rioboó con información, por decir lo menos, “cuestionable” en razón que muchos de sus aportes sin duda carecen de sustento. El caso del Cerro de Paula es un obvio y exagerado ejemplo patente. Los conocimientos técnicos y especializados exhibidos dejan mucho que desear, insistimos.

El caso sigue: la existencia de vestigios arqueológicos pone el proyecto en directa oposición a la normatividad nacional para protección y salvaguarda del patrimonio cultural del país. Pasarles encima no sólo pone al Estado Mexicano en un conflicto jurídico interno, sino también en el ámbito internacional por los tratados y acuerdos multinacionales que hemos firmado en la materia. Por otro lado, está el tema medioambiental, los mantos acuíferos regionales, e inclusive el deterioro de ciertos ecosistemas. Todos estos aspectos y cuántos más debieran haberse considerado en los estudios preliminares del proyecto, los cuales aparentemente no fueron realizados oportunamente.

¿Cómo se pueden hacer estas declaraciones de manera tan contundente? Para empezar, debemos reconocer estos estudios no se realizan de la noche a la mañana, toman meses e incluso años en realizarlos. ¿Debemos entender que Grupo Rioboó es tan capaz que realizó los mismos en cuestión de semanas? ¿Debemos interpretar entonces que el equipo de SEDENA se supeditó a las consideraciones de este Grupo? En caso afirmativo ¿por qué no hemos visto el Plan Maestro y el diseño integral del nuevo aeropuerto Gral. Felipe Ángeles? ¿A quiénes se consultó para el mismo? ¿Cuál fue su realimentación?

Preguntas, preguntas y más preguntas. Actos y declaraciones simbólicas que no contribuyen a la claridad, sino que nublan la visión general del rumbo de este proyecto y del futuro aeronáutico nacional. Intensiones sin duda bien orientadas, pero incuestionablemente erradas. Situaciones que rayan en la aberración y declaraciones correctivas que recaen en la burla. No es una crítica infundada, sino un cuestionamiento responsable y necesario. No es un ataque al nuevo gobierno y las ideas que promueve ni a su visión de Estado, es la urgencia de respuestas que nos aclaren el panorama. No es el ataque irreflexivo sino la reflexividad realista. No son preguntas incómodas, es la incomodidad de tener que preguntarlas. Quedamos a la escucha de las respuestas, solo recibimos silencio.

Mala señal cuando la única respuesta es “¡se nos atravesó un cerro!”

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