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03/04/2020

Señales encontradas y mensajes confusos: malas aproximaciones estratégicas

José Medina Go… / Domingo, 19 Enero 2020 - 20:37

En este espacio el suscribiente ha reiterado en cuantiosas ocasiones la imperativa necesidad de adoptar planteamientos y visión estratégica integral, es decir, de largo plazo y vinculando un tema o rubro con otros para potencializarlos a todos de manera conjunta. De igual forma, en este mismo contexto se ha discutido la incuestionable exigencia de planteamientos claros, eficientes, transparentes y que otorguen certidumbre en un sentido o en otro en torno a la resolución resultante de un proceso concienzudo y metódico de toma de decisiones. En otras palabras: tomar buenas decisiones para el largo plazo, vincularlas con otros procesos, tener claridad en las resoluciones y dar certidumbre que las acciones derivadas de estas decisiones serán contundentes, justificas y previsibles.

Sin embargo, trágico e indignante es ver que tal pareciera estos criterios escapan a la cotidianidad de algunos tomadores de decisiones nacionales. Sin intención de resultar irreflexivo o bien tendencioso, algunas notas la semana pasada en el entorno aeronáutico nacional nos deben llamar la atención. Nos deben hacer tomar consciencia por tres aspectos esenciales: por un lado, eran predecibles, tal vez en demasía; por otro lado, sus implicaciones son considerables para el sector aeronáutico nacional; y finalmente por que tal parece que buena parte de la población parece no otorgarles el gran peso que tienen intrínsecamente estas notas.

A inicios de la semana pasada la Capital de la República se vio afectada en su vialidad por manifestantes siendo estos un elevado conjunto de transportistas que buscaban evidenciar que en su participación en el Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles” en la Base Aérea Militar No.1 de Santa Lucía, Estado de México se había topado con flagrantes e indignantes actos de corrupción por parte de las autoridades locales encargadas de la obra. Manifestaron que en el desarrollo del proyecto para el cual se les contrató -principalmente traslado de materiales del Proyecto de Texcoco a Santa Lucía- los actores locales habían incurrido en incumplimiento de pagos, falsedad en la exposición del proyecto, omisiones en facturaciones, y en general prácticas fiscales y de pagos inaceptables. Muchos de ellos laborando desde diciembre del año pasado, estos contratistas de la “macro-obra” aeroportuaria reportaban cuantiosas pérdidas y tratos insostenibles que denominaron como “actos corruptos”.

Es importante reiterar que la premisa esencial del Titular del Ejecutivo Federal de este proyecto era que sería llevado con absoluta carencia de corrupción (de ahí que para garantizar esto el Ejército Mexicano sería el titular de la obra), ya que ésta era la causa esencial por la cual se habría abandonado el proyecto de Texcoco. De hecho, este es el fundamento ético-moral de la obra, la cual hasta nuestros días carece de una contextualización y proyección estratégica coherente y defendible ante la comunidad internacional. Lo anterior ha generado ya bastantes tensiones en el sector aeronáutico nacional e internacional, y sigue siendo un tema de debate por repetición incontestable en torno a la aparente inviabilidad estratégica del proyecto. Pero si a esto se le suman estos nuevos “cargos”, menudo embrollo se cierne sobre el proyecto.

Pero menos de 24 horas después México recibe otra noticia la cual fue contestada más con burla satírica-irónica que con la sorpresa que se podría anticipar: el avión presidencial Boeing TP-01 que el Gobierno de México mandó a Victorville, Estados Unidos, por orden de la máxima autoridad nacional y con intención de “ser vendido” -cosa que es imposible al estar en arrendamiento- regresa a territorio nacional con la finalidad de ser “subastado”. Valuado en más de $130 millones de pesos, esta aeronave difícilmente puede ser subastada, ya que su situación de arrendamiento representa un severo obstáculo. Sin embargo, el costo de mantener ésta en Estados Unidos era restrictivamente alto, y los costos generados por el almacenamiento, mantenimiento y custodia de la misma son superiores a los que se hubiera incurrido si la misma fuera empleada por el Estado Mexicano de manera activa.

Siendo honestos, esto también se veía venir; y lo que pudo ser en su momento un mero discurso de campaña y un arrebato ejecutivo se acabó convirtiendo en otro/nuevo tema de burla y discusión mediática-popular. Dejemos Banobras se encargue de justificar la decisión, y de los actores políticos nacionales de argumentar especulaciones abstractas; el hecho es que el “avión presidencial” regresa a México y con él toda la carga ideológica-demagógica que en sus alas reposaban a su aparente salida el 03 de diciembre del 2018.

Estos dos hechos nos llevan a la siguiente pregunta: ¿qué mensaje esta dando el Estados Mexicano en materia de Políticas Públicas, desarrollo aeronáutico y gestión estratégica? Sin duda la respuesta da para mucho, y realmente se contesta sola. Sin embargo, este costo no lo tiene contemplado claramente la presente administración. Los criterios ya referidos para la toma de decisiones son automáticamente invalidados, pues no sólo se aprecia la incapacidad de tomar y mantener decisiones racionales y eficientes en el largo plazo y que beneficien al país, no hay claridad ni transparencia, y las posturas de la actual administración distan mucho de dar confianza y certidumbre al sector aeronáutico nacional.

Lo anterior no busca ser un planteamiento irreflexivo, solo evidenciar que si nuestro país y su actual administración buscan extender un mensaje que transmita certidumbre, confianza y claridad al sector aeronáutico nacional e internacional sus actuales decisiones les están llevando en una dirección diametralmente opuesta. Más grave aún es ver que amplios sectores de nuestro país “se lo esperaban”, y por tanto su respuesta es acallada por la burla y la desestimación por obviedad. Esto es tal vez aún más peligroso.

La percepción, como hemos reiterado en este espacio numerosas veces, es esencial; y una mala consideración del entorno a nuestro desempeño puede ser profundamente perjudicial para el desarrollo estratégico nacional aeronáutico y aeroespacial. Lo que vimos la semana pasada en nuestro entorno fue dramático y con implicaciones profundas: cada vez más el Estado Mexicano y sus autoridades en turno transmiten un mensaje de incertidumbre, de tibieza, de duda, de incongruencia y de bajo dominio del tema en que se encuentran. Lo anterior es muy peligroso, y más que llevarnos a condiciones permisivas a la gestión y proyección estratégica nos orilla a un entorno donde la comunidad internacional cada vez más nos percibe con desconfianza e incredulidad.

Sea este un llamado a solucionar esta situación, a enmendar camino, y a reflexionar que no sólo es lo que como Nación expresamos, sino cómo lo expresamos. Mensajes como los apreciados la semana pasada son inaceptables, y requieren de urgente atención, a reserva que nuestro objetivo sea perder el poco capital moral que nos queda en la toma de decisiones estratégicas en el sector aeronáutico. Sea este entonces, un momento de reflexión y no de omisión.

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