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20/11/2019

Recursos materiales y visión prospectiva: los requerimientos de la defensa y la seguridad aérea

José Medina Go… / Domingo, 3 Noviembre 2019 - 21:13

El suscribiente se ha dado a la tarea de abordar en cada entrega semanal de esta columna parte de una necesaria reflexión en torno a la Defensa y la Seguridad Aérea de México. Este amplio abanico de aspectos por tratar y discutir es fundamental para abordar y aportar adecuadamente a una discusión obligada en el contexto nacional presente en torno al tema, el cual es fundamental para nuestra nación en el contexto contemporáneo.

 En entregas anteriores hemos discutido sobre la necesidad de la Defensa y la Seguridad aérea, sobre las vulnerabilidades (amenazas y riesgos) que pueden gestarse en este entorno, sobre la soberanía nacional como concepto, sobre la necesidad de una eficiente planeación y gestión de las Políticas Públicas aeronáuticas y aeroespaciales, sobre la co-responsabilidad entre la sociedad civil y las instituciones del Estado, algunos aspectos esenciales que debemos considerar en la materia, y apenas la semana pasada comentamos sobre los recursos tecnológicos que debemos considerar para abonar a la protección y salvaguarda del espacio aéreo nacional.

En esta ocasión es prudente y pertinente comentar sobre un componente esencial de esta gran ecuación, sin el cual es virtualmente imposible ejercer una adecuada gestión pública nacional en la materia: los recursos materiales de la Defensa Aérea. Por el término anterior debemos entender todos aquellos insumos nacionales que son o pueden ser usados para la protección y salvaguarda de la soberanía aérea, así como la proyección del Poder Nacional en el mismo ámbito. Como hemos comentado en ocasiones anteriores, la Doctrina Nacional vigente señala que en caso de una urgencia nacional la Fuerza Aérea Mexicana podrá hacer requerimiento y uso de todos aquellos recursos civiles y militares, públicos y privados, para hacer frente a dicha vulnerabilidad del país, ya sea por factores internos o externos al Estado. Por su parte, su primera línea de recursos son aquellos propios de la institución en cuestión, así como de la Aeronaval de la Armada de México.

Sin duda es urgente una inversión integral, tanto en tecnología como en recursos materiales y en adiestramiento de vanguardia. Pero hay ciertos límites indiscutibles de lo que se puede alcanzar si tan sólo invertimos en recursos terrestres, cuya finalidad es sólo apoyar las operaciones aéreas. De hecho, estos recursos deben ser usados como complementarios y de la mano de las operaciones aéreas de Defensa y Seguridad Nacional, no como sustitutos de “bajo costo” o como alternativas de largo plazo. Nadie discute su gran valor y aporte a la Defensa Nacional, pero tampoco es discutible que no pueden ser la única herramienta en manos del Estado.

Entonces es prudente regresar a una ya repetitiva indicación que lamentablemente raya en la súplica: es necesario y urgente renovar y ampliar las aeronaves de ala fija y rotativa de la FAM. No es la intención de la presente columna que el lector se adentre en un detallado análisis del Estado de Fuerza y del parque aeronáutico nacional de la FAM y de la Aeronaval de nuestro país. Suficiente sea aclarar que el mismo no es ni remotamente adecuado para las necesidades nacionales, y que cada vez más va quedando obsoleto al punto que es relativamente peligroso hacer uso de él. Independientemente si algunas aeronaves tienen un mantenimiento excelente -en algunos casos es extraordinario gracias a nuestros admirables mecánicos y especialistas militares en aviación- realmente las capacidades aéreas del Estado Mexicano son insuficientes y poco a poco se van degradando aún más gracias a la falta de inversión y recortes innecesarios e injustificados al desarrollo aeronáutico militar y naval nacional.

Actualmente, los Estados contemporáneos poseen tres alternativas en lo que se refiere a sus capacidades aeronáuticas nacionales para Defensa y Seguridad: la primera es hacer uso de los recursos existentes por medio de la aplicación de conceptos de aprovechamiento muy avanzados (low tech/high concept), la segunda es hacer uso de aeronaves de muy alta tecnología y saturar el espacio aéreo con las mismas para obtener los mayores beneficios (high tech/low concept), y finalmente es emplear alta tecnología aeronáutica con conceptos de aplicación elevados (high tech/high concept). La última recurre en el desarrollo prospectivo y empleo de aeronaves multipropósito de alto valor agregado.

Podríamos hablar de innumerables aeronaves de ala fija y rotativa que pueden ser usadas para cada una de las tres aproximaciones anteriores, pero en conclusión sería un ejercicio innecesario: México no se encuentra ni remotamente en cualquiera de los planteamientos ya señalados. La mayor parte de las aeronaves de ala fija de nuestra FAM orientadas a fines de intercepción y reconocimiento realmente fueron diseñadas con fines de “entrenamiento” o como “aeronaves de transición del adiestramiento”. Que las hemos usado como aeronaves multipropósito es innegable, pero también es un hecho que no fueron diseñadas para los fines que nuestra FAM les da. Tal vez la excepción podría ser el Northrop F-5, pero hasta esta aeronave fuer diseñada con otros fines en mente, y el número de estos nobles aviones que se encuentran en condiciones operacionales es totalmente insuficiente para labores de Defensa y Seguridad Aérea. Podríamos hablar de aeronaves de ala rotativa de la FAM sin embargo los EC725 Cougar y los UH-60 Blackhawk de la FAM realmente no son aprovechados al máximo, y su diseño original no se encuentra directamente orientado a la Defensa Aérea per se.

Es entonces necesario que reflexionemos sobre las actuales capacidades y planteamiento conceptual de nuestras instituciones titulares y coadyuvantes en la Defensa y la Seguridad Aérea, así como reconozcamos la urgente necesidad de invertir en aeronaves, recursos y capacidades adecuadas para proteger y salvaguardar nuestra integridad nacional, nuestros intereses y nuestra prospectiva en el entorno aéreo global del siglo XXI. Sin duda es un monto considerable el que debe empeñarse, así como no es un esfuerzo que se pueden emprender en un corto periodo de tiempo. Pero si es un compromiso que debemos adquirir y comenzar a dimensionar adecuada y eficientemente, ya que como hemos comentado en entregas anteriores ésta es la cara de México ante el mundo. Habla mucho de nuestro Estado las bajas condiciones de Seguridad y Defensa Aérea con las que contamos; pero hablará mucho más de nuestra Patria si nos comprometemos a desarrollar este importante campo para el porvenir seguro y eficiente de nuestras capacidades y del Poder Nacional.

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