Pasar al contenido principal
15/11/2018

Pilotos elegibles

Gonzalo Carrasco / Miércoles, 29 Agosto 2018 - 09:03

En el mundo siguen necesitándose pilotos, y tal parece que las principales empresas aéreas están preparándose para el inminente escenario en que sea imperioso recurrir a contrataciones masivas. Por ello, casi todas las naciones del mundo civilizado protegen a los aviadores que trabajan en las aerolíneas del propio país. En otras palabras: si quieres volar aviones de matrícula estadounidense, deberás tener la nacionalidad estadounidense. Fin de la discusión.

Respecto a los países asiáticos, estos han relajado su postura –al menos momentáneamente– y han abierto sus puertas a pilotos extranjeros, máxime que desean que sus propios aviadores adquieran la disciplina con la que, aparentemente, aprecian que las empresas occidentales realizan su trabajo. Y es que no solo se necesita que los pilotos realicen su labor de operar los aviones con destreza, sino que deben hacerlo con un cierto grado de profesionalismo. Así, cada vez más compañías verdaderamente profesionales prefirieren que prive lo segundo sobre lo primero.

Paralelamente, el nivel de adiestramiento necesario para alcanzar este grado de profesionalismo será muy alto en un futuro no muy lejano, y esto es entendible desde el momento en que el piloto no es solo la persona que conduce los aviones. Las exigencias de manejo de variables en diferentes condiciones que, por cierto, se presentan en muchos de los vuelos, son cada vez mayores, y esos cambios se están dejando ver más a menudo en la industria aérea mundial.

Aunque algunos sindicatos están presionando por beneficios (a cambio de realizar labores que van más allá de sólo volar aviones), la avalancha de necesidades puede ocasionar que la preparación de los pilotos se acelere. Y si de por sí el lograr buenos adiestramientos no es empresa fácil, también hay que mantenerse al día con el objeto de introducir métodos y procedimientos que harán que los niveles de seguridad se incrementen, por irónico que suene, de manera gradual pero con cierta prisa.

Por ejemplo, algunas empresas tienen volando a pilotos occidentales con copilotos del país en que se desempeñan, obligadas por la proliferación de “hallazgos” (así se le llama a los errores que ocasionaron casi tragedias en el argot aeronáutico actual) observados. Así, los niveles de riesgo en sus operaciones, con el consiguiente peligro potencial de vidas humanas, ha dado de qué pensar a los altos directivos y les ha hecho voltear la mirada hacia los especialistas, particularmente a grupos de pilotos retirados, que por su edad avanzada no pueden integrar las plantillas pero de quienes aprovechan la experiencia acumulada. A su vez, éstos ayudan a la identificación de riesgos potenciales, así como en la implementación de métodos para, si no erradicarlos, minimizarlos de manera importante.

Creo que ese es uno de los cambios a los que las grandes aerolíneas deberán apuntar, si es que quieren que el transporte de personas de manera segura y profesional siga siendo negocio.

Repensar... y dejar de simular

Volviendo a México, el esquema laboral todavía está muy intrincado: por un lado se tienen sindicatos blancos –que lo que menos tienen es un ejercicio sindical auténtico–, en donde los niveles de seguridad son impuestos por el patrón, quien toma el papel de dictador (o lo que más se le parezca). Por el otro lado están los gremios de pilotos propiamente dichos, que siguen los preceptos bajo los que fueron creados pero que necesitan "ponerse las pilas" e incrementar el grado de confiabilidad y profesionalismo de sus integrantes. 

Algunos de éstos aún no han entendido que deben caminar de la mano de las empresas, obviamente respetando sus orígenes y apegados a sus definiciones. Pero por encima de ello, la actitud de los pilotos agremiados deberá girar en pro de la seguridad: ya no se vale simular que se toman cartas en asuntos donde se requiere ser firme, pues el riesgo de llevarse al abismo a todo el grupo está latente en cada momento. 

Repito, ninguna de las partes debe rivalizar entre sí, sino complementarse y buscar hacer las cosas mejor cada día, con el objetivo concreto de que la empresa prevalezca. 

Por ejemplo, importantes compañías de los Estados Unidos ya está exigiendo que, quien quiera adherirse a sus filas como piloto, tenga estudios profesionales en el ramo. Es decir, ya no bastará con tener muchas horas de vuelo, pues finalmente cayeron en cuenta que sólo por cumplir este requisito no se adquiere la madurez necesaria para llevar a un grupo de personas de un lugar a otro de manera segura y profesional. 

Los hechos ocurridos en los últimos años, algunos de ellos lamentables, han orillado a nuestros vecinos a dar el golpe de timón necesario para lograr contar con los mejores pilotos disponibles. En general, lo que buscan no sólo es formar individuos confiables y profesionales, sino grupos de tripulantes de vuelo para quienes adaptarse a los nuevos retos se vuelva imprescindible. 

Como se ve en estas líneas, la situación actual exige que cada actor de la industria ponga de su parte: pilotos, sobrecargos, técnicos, directivos, autoridades y todo aquel que pretenda dar el tiente de seguridad –que por momentos se extraña–, no deben vacilar en aplicarse al máximo para retomar sendas que se han relegado a segundos planos.

Los dobles discursos y las pretensiones vagas no caben en el escenario de una aviación actual, moderna y sin cortapisas. Es indispensable repensar, todos, lo que hemos hecho y lo que estamos haciendo, y retroalimentarnos para corregir rumbos –si es que se han perdido– y revisar logros y resultados... todo en pro de nuestro mundo de la aviación, un sector vital para nuestro sano desarrollo como país.

Facebook comments