
A principios de esta semana amanecimos con ciertos rumores que conforme pasaban las horas se convertían en versiones confirmadas internamente, sobre la salida del director general de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC).
Lo desafortunado de esta situación, son las diversas razones que diferentes medios atribuyen a la destitución del titular de la AFAC, que, hasta el momento de la redacción de esta columna, no han sido confirmadas por las autoridades correspondientes, por lo cual y por ética profesional no me referiré a ellas en esta entrega.
Lo que me parece podría ser constructivo aportar, es subrayar la oportunidad que surge para renovar, revitalizar y fortalecer a la AFAC, órgano regulador del transporte aéreo de nuestro país.
Los últimos años han sido complejos y turbulentos para el sector del transporte aéreo en México, primero por la cancelación de un aeropuerto que nos hubiera llevado como país a otra dimensión en desarrollo económico, turismo y comercio; y siguiendo con la degradación de categoría en materia de seguridad aérea ordenada por la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos, categoría que por cierto le tocó recuperar al saliente director de la AFAC.
Algunos años atrás hice un análisis sobre el enorme nivel de rotación que ha existido en la dirección general de la AFAC y antes en la Dirección General de Aeronáutica Civil, a partir de que ocupaba el cargo el Capitán y Piloto Aviador Gilberto López Meyer, por cierto, en mi opinión muy personal el mejor director por mucho que ha tenido la autoridad aeronáutica mexicana. Los anteriores a Gilberto no me tocaron, yo solo llevo en esto de la aviación 22 años, así que no me puedo referir a los directores anteriores a Gilberto.
En estos 22 años de trabajar en la industria aérea he conocido a 10 directores de la aeronáutica civil mexicana (espero no se me esté escapando alguno), todos desde luego con muy diferentes lapsos de duración en su cargo, incluso Gilberto tuvo dos periodos como director en épocas diferentes. En una matemática elemental obtenemos el dato de que en promedio los directores de aeronáutica civil en México duran en su encargo 2.2 años, lo que indica que ni los entrenadores de la selección mexicana de futbol duran tan poco.
Esa nula permanencia y continuidad de los titulares del regulador aeronáutico, unos competentes, otros no tanto, y otros en la “nada jurídica” como decimos en ocasiones los abogados, ha tenido como consecuencia natural que nuestra querida autoridad de aviación civil viva y se gestione constantemente en altibajos, “borderline”, sacando la chamba como se dice comúnmente, con algunas épocas de “calma chicha” y algunas otras con turbulencias no solo moderadas, sino en largas temporadas con turbulencia de severa a extrema.
Con independencia de lo anterior, la autoridad aeronáutica de México ha tenido grandes logros, sin duda su labor como regulador de la industria aérea ha influido en que hoy existan y operen aerolíneas mexicanas de pasajeros y de carga de clase mundial, así como grupos aeroportuarios también de talla mundial. No obstante, también han existido desaciertos como el haber permitido la degradación de categoría en dos ocasiones.
En fin, me parece que puede ser un buen momento de refrescar a la autoridad de aviación de nuestro país, de inyectarle nueva energía y potenciarla para llevarla a ser una autoridad de clase mundial como lo es la industria aérea mexicana.
Imagínense un consejo asesor de la AFAC integrado por mujeres: hay estudios de diversas universidades que concluyen que la participación de la mujer en todos los niveles de las organizaciones incrementa considerablemente su productividad, pero especialmente la participación de la mujer en los consejos de administración provoca el incremento en alrededor del 30% en la eficiencia de las empresas, esto no tendría por qué ser diferente en las entidades del sector público.
Nuevamente imaginen ese consejo asesor integrado por intachables y brillantísimas mujeres expertas en aviación como Rosa María Montero, Rosario Avilés, Lilia Pous, Andrea Valencia, Natalia Deschamps, Diana Olivares, Lorena Alonso, Wendy Barrera y Era Calderón, por mencionar solo a algunas. Me parece que sin duda serían pieza importantísima en llevar a la aviación mexicana al siguiente nivel. Se vale soñar, sería espectacular. Aprovechando también que hoy tenemos una Subsecretaria de Transporte inteligente, receptiva y con interés de trabajar en conjunto con la industria.
Por cierto, hay otro camino, el que tomó el gobierno argentino el año pasado con la Administración Nacional de Aviación Civil, intervención que tuvo excelentes resultados.
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