
El sábado 25 de octubre de 2025, a las 18:00 horas tiempo de México, un cohete H3 despegó desde el Centro Espacial Tanegashima en Japón. A bordo, entre la carga de la primera nave de transferencia HTV-X de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), viajaba el nanosatélite GXIBA-1. Este pequeño dispositivo de 10x10x10 centímetros y un kilogramo de peso, diseñado y construido íntegramente en Puebla por estudiantes y profesores de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), representa un hito en la exploración espacial mexicana. Su misión: monitorear volcanes activos como el Popocatépetl para predecir erupciones y proteger comunidades vulnerables. México consolida así su presencia en el espacio con talento propio, sin colaboración técnica externa, solo con el apoyo logístico de JAXA.
El lanzamiento no fue sencillo. Programado inicialmente para el 20 de octubre, se pospuso por condiciones climáticas adversas en Tanegashima, una isla sureña de Japón propensa a tifones. JAXA, responsable de la misión H3 F7 —el séptimo vuelo de su nuevo cohete pesado—, priorizó la seguridad. El retraso, común en operaciones espaciales como el del AztechSat-1 en 2019, solo aumentó la expectativa. Eugenio Urrutia Albisua, director de Proyectos Aeroespaciales de la UPAEP, lo resumió: “En los lanzamientos puede pasar de todo hasta el último segundo. Pero saber que hoy despega un satélite hecho completamente en México nos llena de orgullo”. El cohete, fabricado por Mitsubishi Heavy Industries, alcanzó la órbita con éxito, llevando a GXIBA-1 rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI). Allí, astronautas lo desplegarán entre enero y febrero de 2026, en una órbita baja de 400 kilómetros, donde completará una vuelta a la Tierra cada 90 minutos.
GXIBA-1 no es un satélite cualquiera. Su nombre, en zapoteco, evoca “Universo” o “Estrellas”, un homenaje a las raíces indígenas mexicanas en un proyecto de vanguardia. Seleccionado en 2022 en la sexta convocatoria del concurso KiboCUBE —una iniciativa de JAXA y la Oficina de Asuntos del Espacio Exterior de la ONU (UNOOSA)—, superó seis rondas de revisión rigurosas. Solo dos equipos latinoamericanos han logrado esto, y UPAEP es el segundo. El desarrollo, iniciado en enero de 2022, duró tres años y medio. Un equipo de 25 estudiantes y seis profesores de ingenierías Aeroespacial, Electrónica, Software y Mecatrónica, junto con Derecho, Mercadotecnia, Diseño, Comunicación y Administración, integró 11 sistemas. Reutilizaron componentes del AztechSat-1 —el primer nanosatélite mexicano, lanzado en 2019 en conjunto con la AEM y la NASA y desplegado en 2020 desde la EEI— para ahorrar costos sin comprometer calidad.
La misión se inscribe en el programa Monitoreo y Exploración de Volcanes Activos (MEVA), impulsado por la UPAEP y liderada por el Dr. Héctor Vargas. GXIBA-1 mide cambios en gases volcánicos como dióxido de carbono (CO₂) y dióxido de azufre (SO₂), clave para predecir erupciones. Equipado con sensores avanzados y una cámara orientada a la Tierra, capturará imágenes de alta resolución para analizar dispersión de cenizas. Algoritmos de inteligencia artificial —Machine y Deep Learning, validados con datos del Centro Regional de Desarrollo Espacial (CREDES) de la AEM en el Estado de México— identificarán patrones en el Popocatépetl y otros 11 volcanes activos. Esto ayudará a la comunidad científica, como el Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM, a refinar modelos predictivos. Además, dos antenas de radio —una directa con la estación terrena UHF de la UPAEP en Puebla y otra para constelaciones satelitales— aseguran comunicación global, incluso cuando el satélite esté del lado opuesto del planeta.
El impacto trasciende la ciencia. México, con su geografía volcánica —el Popocatépetl expulsó cenizas que afectaron vuelos en 2023—, gana una herramienta para alertas tempranas. GXIBA-1 no genera basura espacial: sin propulsión, se desintegrará en la atmósfera al fin de su vida útil de un año. La colaboración con AEM incluyó talleres en antenas y radiofrecuencia, y estudios prospectivos. Enrique Sánchez Lara, profesor de la UPAEP, colaboró con el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) para crear regulaciones orbitales nacionales, inexistentes antes. Este esfuerzo posiciona a UPAEP en el proyecto IXTLI, la primera constelación satelital mexicana de observación terrestre que están desarrollando la UNAM y el IPN.
El lanzamiento, visto en vivo por la comunidad UPAEP en un Space Fest, inspiró a generaciones. Iván Ortiz de Lara, líder de software que llevó el satélite a Japón, recordó cómo el AztechSat-1 encendió su pasión en la preparatoria. JAXA, con estándares más estrictos que NASA, validó solo aspectos de seguridad, confirmando la madurez técnica mexicana. Hiroshi Yamakawa, presidente de JAXA, elogió el proyecto en 2022: “Pondrá muy en alto el nombre de México”.
En un mundo donde el espacio democratiza el conocimiento, GXIBA-1 muestra que México no solo explora, sino que protege. Desde Puebla, un equipo joven demuestra que las estrellas son alcanzables con ingenio local. El futuro espacial mexicano brilla más que nunca.
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