
“Para comprender la seguridad no hay que enfrentarse a ella, sino incorporarla a uno mismo”. (Alan Watts)
Los altos índices de seguridad en la aviación moderna son el resultado de décadas de avances tecnológicos, reglas estrictas y una cultura de seguridad que ha hecho conciencia y que hoy está profundamente arraigada en todos aquellos profesionales que tienen que ver con la industria.
Sin embargo, la operación de una aeronave de pasajeros, como cualquier sistema complejo operado por seres humanos, no está exenta de riesgos. Prevenir accidentes aéreos es algo que implica la interacción de múltiples factores como tecnología, procedimientos operativos, mantenimiento, capacitación y supervisión.
Analizar cómo se pueden evitar los incidentes y accidentes aéreos requiere comprender muy bien que la seguridad es un proceso continuo, no un estado final.
En aviación, la tecnología hoy disponible desempeña un papel determinante y los sistemas de navegación avanzados como radares meteorológicos, motores súper eficientes y sistemas de alerta de proximidad al terreno entre muchos otros han reducido significativamente el margen de error.
La incorporación de inteligencia artificial y sistemas automáticos de monitoreo permite detectar fallas antes de que se conviertan en riesgos críticos y aun así la tecnología solo es útil si se acompaña de un mantenimiento riguroso.
Las aeronaves deben someterse a revisiones periódicas que cumplan estándares internacionales, un programa de mantenimiento adecuado puede prevenir fallas mecánicas que, de otra forma, podrían resultar catastróficas y es en este proceso donde los técnicos en mantenimiento tienen una enorme responsabilidad.
La formación de los pilotos y tripulaciones es otro aspecto crucial. La historia nos deja claro que la mayoría de los accidentes aéreos involucran algún componente humano, ya sea un error de juicio, una decisión tardía o una interpretación incorrecta de la información disponible.
Por esta razón, los simuladores de vuelo modernos permiten a los pilotos entrenar en escenarios extremos y poco frecuentes, como fallas de motor en momentos críticos durante el despegue, tormentas severas y todo tipo de emergencias que se programan por el instructor en los momentos menos esperados.
Este tipo de revisiones periódicas deben ser aprobadas por todos los pilotos del mundo bajo las mismas reglas cada seis meses o al menos una vez cada año y son revisiones reprobatorias que le pueden costar el trabajo a cualquier piloto por muy experto y antiguo que pueda ser.
Debido a lo anterior, los pilotos comerciales siempre deben estar al día estudiando los nuevos procedimientos y sistemas de su aeronave lo que los convierte en verdaderos profesionales de la seguridad.
A través del tiempo y a un alto costo en vidas en el pasado, se ha entendido muy bien que la capacitación constante en factores humanos incluyendo el CRM que se refiere a la comunicación, el manejo del estrés y la cooperación entre los tripulantes es esencial para mejorar la toma de decisiones por parte de ellos en situaciones críticas.
No se puede ignorar la importancia del control del tráfico aéreo. Los controladores aéreos como administradores del espacio aéreo actúan como el “cerebro externo” del sistema, coordinando rutas, altitudes y secuencias de aterrizaje para evitar colisiones y optimizar el flujo de aeronaves.
La modernización de los sistemas de control y la reducción de la carga laboral del personal es algo que debe ser tomado en cuenta especialmente en los días que vivimos.
Controladores profesionales, suficientes, con experiencia y bien entrenados son los encargados de minimizar en lo posible errores que podrían tener consecuencias fatales.
Un último elemento fundamental es la cultura de seguridad dentro de aerolíneas y al interior de los organismos reguladores o autoridades aeronáuticas.
Las empresas deben promover un ambiente en el que los trabajadores se sientan seguros para reportar fallas, riesgos potenciales o comportamientos inseguros sin miedo a represalias.
Los organismos internacionales, como la OACI, establecen normas que aplican en todo el mundo y que los países deben adoptar y actualizar continuamente.Un departamento de investigación de accidentes totalmente independiente, transparente, con presupuesto propio y formado por verdaderos profesionales preparados y con experiencia puede contribuir a seguir aprendiendo de cada incidente o accidente para evitar su repetición.
En conclusión, evitar accidentes aéreos es un esfuerzo multidimensional que combina tecnología, formación, regulación y cultura organizacional. Aunque el riesgo cero no existe, la mejora continua en estos ámbitos permite que la aviación siga siendo uno de los medios de transporte más seguros del planeta.
La clave está en no conformarse con los avances alcanzados, y todos los que se involucran en la operación de una aeronave de transporte de pasajeros y desde luego administradores y autoridades de aeronáutica tienen la obligación de seguir perfeccionando cada eslabón de este complejo sistema con voluntad y eficiencia.
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