
La relevancia estratégica del mercado espacial militar ha pasado de ser un complemento de las fuerzas terrestres a convertirse en la columna vertebral de la seguridad nacional y la geopolítica moderna. Por ello, es importante analizar su importancia en el contexto actual de desarrollo del sector espacial global, la nueva carrera espacial y el NewSpace. A continuación, se detallan los puntos clave que explican por qué este mercado es hoy el centro de la estrategia global.
- El espacio como “Quinto Dominio” de guerra
Tradicionalmente, la guerra se libraba en tierra, mar, aire y, más recientemente, en el ciberespacio. Hoy, el espacio es reconocido oficialmente por las grandes potencias (como EE. UU., China y Rusia) como un dominio de combate activo. Lo cual implica que quien controla el espacio, controla la información y la capacidad de maniobra en los otros cuatro dominios.
- Dependencia crítica de la infraestructura terrestre
Actualmente, casi todas las operaciones militares modernas dependen de activos espaciales. Los sistemas de misiles, drones y navegación de tropas dependen de constelaciones de satélites (GPS, BeiDou, Galileo). Sin ellos, la “guerra de precisión” volvería a ser una guerra de desgaste con gran daño colateral. El espacio permite observar al enemigo en tiempo real y coordinar fuerzas a miles de kilómetros de distancia sin cables físicos, a través del C4ISR, acrónimo de Mando, Control, Comunicaciones, Computación, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento.
- Del “Old space” al “Hybrid space” (Integración Comercial)
Una de las mayores relevancias estratégicas actuales es la fusión del uso dual: lo civil y lo militar. El sector defensa ya no solo construye sus propios satélites (caros y lentos), sino que además utiliza infraestructuras comerciales. Por ejemplo, Starlink, el uso de constelaciones comerciales en conflictos recientes (como Ucrania) ha demostrado que las redes privadas pueden ofrecer una resiliencia que las redes militares tradicionales no tienen. Es decir, la estrategia obliga a los gobiernos a proteger no solo sus activos militares, sino también las empresas privadas espaciales de su país.
- La carrera por la “Resiliencia espacial”
Anteriormente, las potencias espaciales y emergentes tenían pocos satélites, pero muy grandes y costosos (objetivos fáciles de atacar). La tendencia estratégica actual es la proliferación, lo que implica lanzar cientos de satélites pequeños (SmallSats). Si un enemigo destruye uno, la red sigue funcionando, provocando disuasión al hacer que un ataque al espacio sea ineficaz o demasiado costoso, se busca evitar que el conflicto escale fuera de la atmósfera.
- Superioridad tecnológica y económica
El mercado espacial militar es insuperable un motor de innovación, tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a imágenes satelitales, la propulsión nuclear espacial y las comunicaciones láser nacen de los robustos presupuestos de defensa, pero terminan avasallando el mercado comercial. El dominar este mercado asegura que una nación mantenga la vanguardia tecnológica frente a competidores directos.
- Geopolítica y soberanía
La geopolítica contemporánea ha trasladado su eje de gravedad de la superficie terrestre hacia la órbita baja y geoestacionaria. La soberanía de una nación ya no se limita a sus fronteras físicas o su mar territorial, sino que se extiende a su capacidad de operar de forma autónoma en el espacio. La capacidad de lanzamiento propio (soberanía de acceso) ahora es un símbolo de poder. No depender de terceros para poner activos en órbita garantiza que un país pueda reaccionar ante una crisis de seguridad de forma autónoma. En ese escenario, la geopolítica y la soberanía se articulan a través de los activos espaciales para proteger la seguridad nacional.
La geopolítica actual también se centra en las armas contraespaciales. La soberanía está en riesgo si un adversario tiene la capacidad de cegar satélites con láseres o destruirlos físicamente. Por ello, la seguridad nacional ahora incluye la Conciencia Situacional Espacial / Space Situational Awareness (SSA), a grandes rasgos, saber quién está en órbita y qué intenciones tiene, para evitar que la soberanía nacional sea comprometida desde el espacio. En el siglo XXI, la soberanía es digital y orbital. En este contexto, si un país no posee o no controla sus propios activos espaciales cede parte de su seguridad nacional y espacial a quienes sí dominan ese entorno (dominio espacial). La capacidad de observar, comunicar y navegar desde el espacio de forma independiente es lo que define hoy a una potencia soberana.
Respecto a este importante tema, el portal New Space Economy publicó el pasado 13 de enero de 2026 el documento Un análisis profundido del mercado espacial militar / An In-Depth Analysis of the Military Space Market disponible en https://newspaceeconomy.ca/2026/01/09/an-in-depth-analysis-of-the-military-space-market/?utm_source=linkedin&utm_medium=jetpack_social A continuación les elaboro un breve análisis / resumen del referido documento.
El documento examina cómo el espacio ha dejado de ser un dominio puramente científico para convertirse en un escenario estratégico y competitivo fundamental para la defensa nacional global, destacando los siguientes elementos:
- Definición y alcance del dominio
El informe define el sector espacial militar como un ecosistema integral de hardware, software y personal dedicado a operaciones en, desde y hacia el espacio. Se destaca que este dominio carece de fronteras físicas tradicionales, lo que obliga a redefinir los conceptos de maniobra y soberanía.
- Áreas críticas de operación (misiones Core)
El documento identifica cuatro pilares fundamentales que sostienen la actividad militar en el espacio:
- ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento): Es el segmento de mayor crecimiento que se divide en: Satélites Electroópticos e Infrarrojos: el espectro de la vista para monitoreo visual; SAR (Radar de Apertura Sintética): permite observar a través de nubes y en la oscuridad total; SIGINT (Inteligencia de Señales): la interceptación de comunicaciones y señales electrónicas enemigas.
- SATCOM (comunicaciones satelitales): La columna vertebral del mando y control moderno, permitiendo la comunicación global segura.
- PNT (Posicionamiento, Navegación y Sincronización): Fundamental no solo para el movimiento de tropas, sino para la precisión de misiles y el funcionamiento de infraestructuras críticas civiles.
- Alerta temprana de misiles: Sistemas diseñados para detectar lanzamientos desde cualquier punto del globo de forma instantá
- Dinámicas y cifras del mercado
A diferencia del pasado (old space), el mercado actual se caracteriza por un crecimiento sostenido: el mercado de militarización espacial se estima en unos $63 mil millones de dólares para 2026, con proyecciones que superan los $80 mil millones para 2030; la inversión pública vs privada: por primera vez en la historia reciente, los presupuestos de defensa espacial han comenzado a superar a los presupuestos civiles en varios países, y el dominio regional: Norteamérica (especialmente EE. UU. y su Space Force) sigue liderando, pero Asia-Pacífico es la región de más rápido crecimiento debido a las ambiciones espaciales de China e India.
- Tendencias tecnológicas y amenazas
El informe subraya un cambio de paradigma hacia la resiliencia: De los satélites grandes a constelaciones pequeñas: el uso de satélites pequeños (SmallSats) en la órbita baja terrestre (LEO) hace que el sistema sea más difícil de destruir que un único satélite masivo y costoso; IA y automatización: integración de IA para el procesamiento de datos en tiempo real y la detección de maniobras hostiles. Además de la militarización y seguridad espacial o Contraspespacio (Counterspace): el desarrollo de armas ASAT (antisatélite), interferencias electrónicas (jamming) y ataques cibernéticos, lo que convierte al espacio en un entorno altamente congestionado, disputado y competitivo.
- El dilema de la dependencia
Una conclusión clave del documento es la vulnerabilidad paradójica: cuanto más depende una nación de sus activos espaciales para ganar guerras terrestres, más incentivos tienen sus adversarios para atacar esos mismos activos. Esto ha impulsado la demanda de servicios de conciencia del dominio espacial (SSA) para rastrear cada objeto en órbita y prevenir potenciales ataques o colisiones.
En suma, el análisis de New Space Economy presenta un mercado que ya no es opcional para las potencias mundiales. La integración de capacidades comerciales en la arquitectura militar (el uso de SpaceX o Starlink como ejemplos) está acelerando la innovación, pero también aumentando la complejidad ética y regulatoria del uso del espacio exterior. La relevancia estratégica radica en que el espacio ya no es un lugar para “apoyar” a la defensa, sino el lugar donde se decide quién tiene la ventaja competitiva informativa. Un apagón de los activos espaciales militares de una potencia neutralizaría sus ejércitos en cuestión de minutos, lo que convierte a este mercado en una prioridad absoluta de inversión y protección.
En este escenario de seguridad, propiciado por la nueva carrera espacial y el NewSpace se mueven las potencias espaciales y emergentes, donde la geopolítica transita de la Tierra al espacio ultraterreste delineando la astropolítica (geopolítica del espacio exterior), campo que estudia las relaciones de poder, estrategias políticas, militares y económicas que se desarrollan más allá de la Tierra, incluyendo la órbita terrestre, la Luna y destinos futuros como Marte, abarcando desde la carrera espacial hasta la explotación de recursos y la seguridad en el espacio profundo. La astropolítica analiza la manera en que eventualmente los conflictos terrestres, la tecnología y la competencia entre naciones (incluidos los actores privados) se proyectan en el espacio, influyendo en los tratados bilaterales y multilaterales, la militarización del espacio y la exploración de nuevas fronteras, como la economía cislunar y lunar.
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