
El cielo entre México y Estados Unidos, que durante casi una década fue un corredor aéreo ejemplar gracias a la alianza Aeroméxico–Delta, entra en una turbulencia que no es solo técnica: huele a geopolítica.
“La fatalidad nos hace invisibles, porque la inevitabilidad es su esencia.”
En Crónica de una muerte anunciada, GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ insinúa que el destino actúa en silencio, volviendo ciegos a quienes podrían haber cambiado el curso de los hechos.
El Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT), a cargo de SEAN DUFFY, decidió revocar la inmunidad antimonopolio que desde 2016 permitía a ambas aerolíneas coordinar rutas, precios y frecuencias.
La orden es clara: para el primero de enero de 2026, una vez acabadas las uvas y en la última gota de champagne, ese acuerdo conjunto debe aterrizar… y quedarse en tierra.
No es una disputa menor. Esta sociedad se había convertido en un modelo de integración, con beneficios palpables: mejores tarifas, conectividad robusta y más destinos en ambos países.
Hoy, el DOT, con el aval de PAM BONDI del Departamento de Justicia, acusa que la alianza reduce la competencia.
En otras palabras, Washington —o más bien DONALD TRUMP— cree que unir fuerzas para volar barato es una amenaza para su mercado. Paradójico, cuando se trataba de un ejemplo de cooperación en el marco del T-MEC.
“Otros intereses”, dice México
La respuesta en Palacio Nacional no se hizo esperar. La presidenta CLAUDIA SHEINBAUM PARDO no solo calificó la decisión como injustificada; fue más allá:
“No encontramos ninguna razón para esta resolución… Creemos que son otros intereses los que están detrás”, subrayó.
México, asegura, respondió cada uno de los cuatro puntos de preocupación que planteó el DOT, incluidos los relativos al traslado de operaciones de carga del AICM al AIFA, argumento que para Estados Unidos parece haber sido el detonante.
“Están felices con ese movimiento”, ironizó la presidenta.
Aquí surge una pregunta obligada: ¿estamos ante un caso técnico de competencia o frente a un nuevo capítulo de fricciones comerciales y políticas que usan el cielo como tablero de ajedrez?
Una sacudida real
La turbulencia no es teórica. Expertos ya prevén boletos más caros, menos frecuencias y afectaciones en ciudades que no son hubs, aquellas que dependen de la conectividad que solo una alianza de este tamaño podía ofrecer.
Aeroméxico, al mando de ANDRÉS CONESA LABASTIDA, lamentó la medida y recordó que su acuerdo con DELTA, bajo la rienda de ED BASTIAN, ha sido un motor de turismo, inversión y movilidad binacional.
La empresa se aferra a que seguirán vigentes otros mecanismos de cooperación —códigos compartidos y programas de viajero frecuente—, pero la profundidad del joint venture difícilmente se sustituye.
Más que una disputa aérea
No se trata solo de Aeroméxico y Delta. Este episodio revela el dilema de fondo: la política aérea como instrumento de poder.
En un momento en que la región demanda integración logística para competir globalmente, Estados Unidos manda una señal ambigua: sí a los tratados, no a ciertas alianzas.
Es inevitable pensar que en esta decisión pesa algo más que simples tablas de costos y beneficios. Es geopolítica disfrazada de competencia.
El reloj corre: en poco más de un año la alianza debe desarmarse. Entre tanto, México revisará su Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), como lo anunció Sheinbaum Pardo, en busca de fortalecer su posición.
Pero el verdadero reto será evitar que esta turbulencia se convierta en un frente de tormenta que termine golpeando a los pasajeros, al turismo y a una industria que —irónicamente— había logrado lo que hoy parece prohibido: volar juntos para ir más lejos.
Como escribió GARCÍA MÁRQUEZ:
“Nunca hubo una muerte más anunciada.”
¡Queda Dicho!
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