
Hay anuncios que, en el papel, suenan a estrategia de largo alcance.
Y hay realidades, en pista, que huelen a corto circuito operativo.
Esta semana que concluyó, en medio de las posadas navideñas y del maratón Guadalupe–Reyes, la aviación mexicana nos mostró ambos extremos del radar.
Por un lado, lo que ya se había anticipado: Volaris y Viva anunciaron —sin demasiados rodeos— que efectivamente caminan como uno solo, al revelar su intención de conformar un nuevo grupo mexicano de aerolíneas bajo una sociedad controladora.
El discurso es impecable: crecimiento acelerado, mayor conectividad, economías de escala y consolidación del modelo de ultra bajo costo.
ENRIQUE BELTRANENA, presidente de Volaris, lo dijo con precisión quirúrgica: profundizar el modelo de precios bajos y vuelos punto a punto que transformó la industria en las últimas dos décadas.
JUAN CARLOS ZUAZUA, CEO de Viva, remató la narrativa: más ciudades, más frecuencias, más democratización del viaje aéreo.
Casi, casi, como ver a Batman y Robin patrullando Ciudad Gótica.
En el PowerPoint, todo vuela recto.
En la macroeconomía, el planteamiento tiene lógica empresarial.
Concentrar músculo financiero, blindar capital, resistir choques en la cadena de suministro y jugar en ligas donde hoy el tamaño sí importa.
A ver si ANDRÉS CONESA suelta el balón…
Pero mientras los inversionistas afinaban preguntas para la llamada del 19 de diciembre, en tierra ocurrió lo que siempre termina por desnudar a la industria.
En plena antesala vacacional, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), EDGAR MACÍAS, piloto de Magnicharters, decidió no despegar.
No por clima.
No por mantenimiento.
Por salario.
Cinco meses sin pago ni viáticos.
Cinco meses sosteniendo la operación con paciencia profesional… Hasta que se acabó.
El video es brutal por su sencillez: un comandante explicando a los pasajeros —de frente, sin intermediarios— que no hay vuelo hasta que la empresa cumpla.
¿Hasta dónde habrá llegado su desesperación?
Detrás, usuarios reclamando en mostradores.
Una escena incómoda.
Pero profundamente honesta.
Y ahí está el contraste que incomoda: La industria que presume consolidaciones multimillonarias…
Y el eslabón humano que sigue volando en crédito.
Y ni hablar de lo que no vemos.
Porque la aviación no se sostiene solo con sociedades controladoras, marcas resilientes o discursos de democratización.
Se sostiene con tripulaciones pagadas a tiempo, mantenimiento sin atajos y autoridades que no miren hacia otro lado.
La pregunta de fondo no es si Volaris y Viva pueden crecer juntas.
Probablemente sí.
La verdadera pregunta es si el nuevo tamaño traerá también una nueva responsabilidad.
Si la concentración servirá para fortalecer estándares laborales y operativos…
O si solo será un escudo financiero más robusto, mientras en la cabina alguien sigue esperando su nómina para llevar lo más básico a su familia.
En Al Vuelo, el radar es claro: El futuro de la aviación mexicana no se define solo en los consejos de administración.
Se define, todos los días, en la pista… antes de liberar frenos.
Querido Santa: Solo te pido que México tenga una mejor aviación comercial…
Y que la presidenta atienda el tema.
Feliz Navidad a todos nuestros lectores.
¡Queda dicho!
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