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01/07/2022

Pandemia, no cede

Gonzalo Carrasco / Jueves, 13 Enero 2022 - 20:07

Los problemas originados por el tema de la pandemia por covid siguen en un desventurado apogeo. Continúan infinidad de contagios, problemas, y en no pocos casos la muerte de seres humanos. Desgraciadamente no hemos llegado al pico de afectación y no se vislumbra alcanzarlo pronto. Esto es algo que afecta de manera significativa a la industria de la aviación, no es algo nuevo ni que se invente, los contagios se dan por la interacción y acercamiento de gente, misma que de manera natural se tiene en cualquier medio de transporte y en la aviación más.

Recordemos que cuando apareció el covid y se le dio la verdadera importancia, por allá del primer trimestre del 2020 lo primero que se hizo fue cancelar los medios masivos de transporte, barcos, vuelos y autobuses, se pensaba, y con razón, que una de las armas contra el virus era el espaciar los acercamientos entre personas. 

Después de sendas reuniones con OACI y los especialistas de las operaciones aéreas, específicamente expertos en seguridad aeroportuaria, de los diferentes países, se logró echar a andar el transporte de pasajeros en vuelos regulares. Se crearon protocolos en cada una de las fases del transporte, la adquisición de boletos (billetes), la documentación para los vuelos, los procedimientos de embarque y desembarque. Esto fue minuciosamente seguido por los transportistas, (de este apego fue testigo quien escribe). Para evitar aglomeraciones se abordaba primero a los pasajeros que tenían asientos en la parte trasera del avión, se vigilaba que todos, sin excepción portaran un cubrebocas. Para la interacción entre personas, en los puestos de compra de boletos o documentación se emplazaron barreras para evitar la diseminación de gotas de saliva, se ubicaron botes de solución sanitizante en infinidad de lugares, etcétera.

Todos los procedimientos mencionados y muchos otros fueron propuestos y ponderados por un gran número de países. De hecho la Organización de Aviación Civil Internacional lideró muchas reuniones virtuales y lo importante era arrancar las operaciones aéreas, a como diera lugar, para no afectar más la industria. Por razones diversas tengo la necesidad de viajar mucho, y me dio un gran gusto constatar que los protocolos anunciados con bombo y platillo se seguían al pie de la letra, todo en aras de la seguridad e infundir en el usuario la urgente necesidad de respetar esta nueva manera de convivir. Como todo en la vida, las cosas se van relajando y los nuevos procedimientos no fueron la excepción, ya la distancia entre individuos formados en una fila, aunque está señalada de diversas formas, no se respeta, sin embargo debo reconocer que el uso del cubrebocas sigue respetándose.

Las líneas, pude verlo, ya no abordan a sus pasajeros con “criterio covid” ya lo realizan como sin nada hubiera pasado permitiendo de esta manera acercamientos peligrosos entre personas. Igualmente, para desembarcar a los pasajeros se llevaba a cabo este por filas, las primeras en desembarcar eran las de la clase primera y posteriormente se instruía a los pasajeros a respetar la forma de hacer este procedimiento. Por supuesto que esto se insistía en los parlantes de los aviones, aunque de repente había gente desbalagada que se levantaba de sus lugares haciendo caso omiso de las instrucciones de los sobrecargos. Me sorprendía gratamente que todo mundo se aplicaba y llamaban la atención a quien no seguía las instrucciones. “Es indispensable que no se levanten de sus lugares” insistía los sobrecargos y la gente se disciplinaba a lo instruido.  

Hace un par de semanas tuve necesidad de viajar a Estados Unidos a bordo de un vuelo de American Airlines y me llamó la atención que ellos no utilizan ningún tipo de procedimiento especial salvo la insistencia de usar el cubrebocas todo el tiempo. En mi último vuelo de Cancún a la Ciudad de México me sorprendió que, al llegar, se levantaron varias personas de su lugar sin respetar el protocolo, hice memoria y me di cuenta de que no se les instruyó a los pasajeros el desembarque con criterio covid. La gente estaba como antes, todos casi encima de todos, la distancia covid, ni quien la respetara, reconozco que tenían el cubrebocas, pero parecía que nunca hubiera habido epidemia alguna y mucho menos que la cantidad de muertos ya rebasa lo indecible. Al salir llamé la atención de la sobrecargo y me dijo que ya se había eliminado el procedimiento. No sé si esto es cierto, dije que iba a hacer un reporte y la señorita levantó los hombros y se concretó a ignorar mi comentario.  

Parece que no entendemos que la gente sigue infectándose de este tremendo mal, y que, aunque menos, sigue habiendo muertos. Si no entendemos que no podemos bajar la guardia nos van a cerrar la aviación, no lo duden. Las autoridades deben idear métodos para asegurarse que los usuarios y las líneas aéreas insistan en que debe continuarse con los protocolos se seguridad contra el covid, al grado de aplicar sanciones severas a quien no siga con las precauciones diseñadas para tratar de bajar los contagios.

Imaginen el mensaje que se manda a la industria, expresamente, a los usuarios del transporte con la abultada cancelación de vuelos por contagios de tripulantes. Se pensaría “si los tripulantes aéreos son contagiados en esa escandalosa proporción qué está sucediendo es porque viajan, lo que debo hacer es no viajar para no ser contagiado”.

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