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16/10/2021

Mi primer “solo”

Francisco M. M… / Miércoles, 16 Junio 2021 - 21:48

Dedicado con respeto,  agradecimiento  y admiración  al Cap. Carlos Tarazona Codina, magnífico instructor y piloto, entrañable compañero, amigo y ejemplo.

El avión era mío, el cielo era mío y me sentía en pleno control haciendo todo tal y como lo había aprendido.

Y fue así como hice mi primer aterrizaje “solo”, que por cierto no fue muy bueno, pero de alguna manera fueron mejorando hasta que hice el quinto y final que fue el mejor de todos.

Tengo que decir que finalicé ese vuelo con cierta tristeza por tener que regresar al “mundo  real”  pero rodé mi avión a la plataforma de estacionamiento del aeropuerto de Brown Field  más ilusionado que nunca en mi vida.

Puse el freno de mano y llevé la palanca del acelerador a 800 RPM,  apagué el motor y pude percibir de nuevo por unos segundos aquel ya familiar y maravilloso olor a combustible y aceite quemado.

Desconecté el interruptor de la batería y aquel familiar “zumbido de las abejas” se fue apagando lentamente.

Entonces llegó el silencio total que disfrute mucho por un par de minutos, mientras respiraba lentamente, recorriendo con la vista los alrededores del aeropuerto y su pista. 

Comprobé por segunda vez los flaps arriba, el compensador en neutral, el aire caliente al carburador cortado, la bomba de combustible cortada, el faro anticolisión y luces de navegación apagados y comprobé también otra vez que el interruptor maestro de la batería estuviera en posición de off. 

Terminé de escribir los datos del vuelo en la bitácora, respiré hondo nuevamente mientras pasaba la vista por aquel mundo maravilloso y mágico que era la cabina de mi pequeño avión y luego di gracias a Dios, mientras veía venir a lo lejos a mis compañeros Ernesto, Steve, Mariana, Romi, Ed, Romagi y Riku que corrían hacia el avión para recibirme y festejar.

Mi primer vuelo “solo” fue un vuelo pleno en todos sentidos.

Pude vivir distintos sabores, variadas sensaciones y sentimientos que resultan difíciles de imaginar para aquellos que no comparten la pasión por el vuelo y desde luego muy difíciles de explicar con simples palabras por parte de quienes gozamos tanto, teniendo un poco de aire entre los pies y el suelo.

Nervio, desconfianza, temor, dudas y al paso de los minutos en el aire una alegría y confianza renovadas y una felicidad indescriptible.

Ni como olvidar aquel sensacional festejo de mi primer vuelo “solo” con Mike, mi instructor,   y mis amigos de la escuela en aquel muy lejano año de 1969.

Desde entonces, llevo en la mente ese inolvidable olor a gasolina de avión y aceite quemado durante el arranque y el posterior corte de aquel motor de apenas 65 caballos de fuerza fabricado en 1941

Nada como la incomparable sensación en el estómago cuando sentí las llantas del tren de aterrizaje dejando el piso, la bella sinfonía que produce la hélice girando a tres mil revoluciones por minuto, apuntando al cielo durante el despegue, el cielo azul y las nubes blancas, y el chillido de las llantas al tocar el pavimento de la pista durante los aterrizajes.

Sobre todo recuerdo la indescriptible y fabulosa sensación de soledad al mando de aquel pequeño avión que tuve la oportunidad de vivir ese día de mi primer solo ‘’allá arriba’,’  guardando siempre la ilusión de hacerlo otra y mil veces más.  

La vista desde los dos mil pies fue simplemente fantástica, aquella mañana.

Amelia Earhart tenía razón, “nadie puede decir que ha visto un árbol en toda su belleza hasta que no observa su sombra desde arriba”.

Ese día fue sin duda cuando mi propia vida, el cielo y el vuelo cambiaron su significado para mí y cuando mi corazón se quedó entre las nubes para siempre.

Y también fue en ese día cuando, conscientemente, pude renovar mi voluntad inquebrantable de convertirme en piloto comercial sin importar los obstáculos, ni las penas, ni las frustraciones, ni las tristezas porque al final todo eso no significaban y no significan  nada para cualquier verdadero aviador comparadas con solo un minuto sentado tras los controles de un avión.

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