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19/05/2022

Entre el Serie H en Santa Lucía y el Wright Flyer en Washington

Juan A. José / Martes, 10 Mayo 2022 - 18:31

Pues sí, a un mes de distancia de haber sido pasajero en uno de los vuelos inaugurales del Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles”,  regresé a Santa Lucía y no precisamente para hacer un vuelo, sino para convertirme en uno más de los miles de mexicanos que estamos transformando a esta infraestructura más bien en un destino de paseo, que en un aeropuerto. 

Sin duda, el gran atractivo del lugar se relaciona con lo impresionante de la obra aeroportuaria, pero también, con la acertada decisión de incluir en ella una importante componente cultural y museográfica, hay que reconocerlo, digna de ser visitada, en especial aquella instalada en llamada “Ciudad Militar” en la Base Aérea Militar Número Uno, oferta en la que obviamente llamó más mi atención más que nada, la del Museo Militar de Aviación, “Teniente, Piloto Aviador José Espinoza Fuentes” (MUMA), hoy día con el Coronel Piloto Aviador Antonio Bravo Álvarez, un verdadero aeronáutico por cierto, como director, experiencia de la que emana el presente comentario editorial.

¿A qué visitante del Museo del Aire y del Espacio en Washington, D.C, se le ocurriría, me pregunto, en caso de ser posible, tocar el Wight Flyer 1 ahí exhibido. Cuidado y a alguien se le ocurra acercarse más de lo necesario a la Mona Lisa en el Museo de Louvre, ¡no se la acaba!

Estamos hablando de piezas únicas, verdaderos patrimonios culturales nacionales que con justa razón, sus custodios legales deben proteger, como los mexicanos, debemos hacerlo, con esas piezas irremplazables afortunadamente albergan algunos de nuestros grandes museos, caso del recientemente instalado MUMA, en el que los mexicanos tenemos la fortuna de poder admirar interesantes artículos, caso notable desde mi punto de vista, del ejemplar  (me dicen los conocedores una cuasi réplica con motor Aztatl y hélice Anáhuac originales) del avión monoplano tipo “Serie H”, 13 de los cuales fueron fabricados a partir del año 1916 en los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas (TNCA) creados un año en los Llanos de Balbuena en la Ciudad de México a iniciativa del militar, político y empresario coahuilense Venustiano Carranza, entonces encargado del Poder Ejecutivo, con el objetivo de desarrollar y abastecer de equipo de vuelo a las fuerzas militares nacionales, poniendo al arma de la aviación al servicio del Ejército Constitucionalista.

Más allá del “Serie H”, el MUMA ofrece a los visitantes en sus hermosas y cómodas instalaciones una impresionante colección de aeronaves civiles y militares, en el marco de salas de exhibición de gran nivel y eventualmente una biblioteca especializada, lo que convierte en aquello que por décadas los aeronáuticos mexicanos anhelábamos tener: un verdadero museo de aviación. 

Haciendo a un lado filias o fobias políticas u otras opiniones, por lo menos quien firma esta nota, agradece a quien o a quienes decidieron obsequiarlo a México. ¿Qué pensaría el ya finado Don Manuel Ruiz Romero, uno de los más efectivos promotores culturales de aviación que jamás haya trabajado en México del MUMA? La verdad creo que estaría, como yo, ahora sí que, encantado.

El problema mi estimado lector y lectora y de ahí esta entrega, en la que no pretendo criticar, por el contrario, intento aportar, valorando el esfuerzo de quien tienen a cargo el recinto, tiene que ver con la decisión, la verdad de no sé tomada por quien, de que el espacio esté totalmente abierto al público, lo cual me parece maravilloso.

Desgraciadamente, y por cierto, qué ironía tratándose de un edificio dentro de una instalación militar, la libertad del público dentro del MUMA es tal, que puede poner en riesgo algunas de las piezas. Y es que una cosa es permitir que el visitante de un museo se acerque a una exhibición y otra es que se le permita tocarla, a menos que la misma haya sido instalada ahí con ese propósito, caso de los atractivos museos interactivos que crecientemente surgen en todo el mundo. El “Serie H” por ejemplo, no debe caer en esa categoría, es decir, se debe impedir que sea tocado con tal de preservarlo para las futuras generaciones.

Eso es lo que me preocupó durante un par de recientes visitas al MUMA en las que pude observar una y otra vez, como, seguramente sin malicia, pero sin duda con irresponsabilidad y falta de cultura, algunos visitantes tocaban las aeronaves. Una cosa es que se le permita al público subir al interior de ese Boeing 727-200 de la Fuerza Aérea Mexicana, también expuesto, hermoso, importante, e ideal para ser visitado, pero al final de cuentas para nada único, pero otra es que una aeronave como el “Serie H” no esté resguardada, ya no digamos por un elemento de seguridad, siquiera por una cinta unifila que establezca un límite en el acceso para quien pretenda hacerlo. Las imágenes que tomé y decidí incluir en el presente, creo que hablan por sí solas.

Debo confesar que, amante de la preservación de lo histórico, el no compartir con mis lectores mi preocupación por lo anterior, sería como traicionar tanto a la historia de la aviación, a mis colegas aeronáuticos, como a mis propios valores, lujos que la verdad no me puedo dar.

Es así que le invito a regalarse, especialmente acompañado de sus hijos o nietos menores de edad, un día de paseo por el rumbo de Santa Lucía para disfrutar de la magia de una colección de aeronaves, instalaciones y servicios propios de los mejores museos de aviación de América Latina, con la posibilidad de hacerse en la tienda de recuerdos, de ejemplares de literatura aeronáutica difícilmente disponibles a la venta en otras librerías, pero también, si me lo permite, le invito a contribuir a la preservación no solamente de este patrimonio cultural, sino de cualquier otro en el mundo, evitando tocar y por ende potencialmente dañar, muchas veces irreparablemente, lo que en ellos se muestra.

A disfrutar el MUMA entonces, pero con responsabilidad, apoyando con ello a quienes, como el coronel Bravo y su equipo de oficiales, hacen lo que está a su alcance para presentar con dignidad y calidad y lo más importante: protegiendo, el valioso legado histórico de la aviación civil y militar mexicana.

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