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17/09/2021

La quiebra de Aeronaves de México

Francisco M. M… / Miércoles, 15 Abril 2020 - 20:40

“Aprender sobre tus errores te hace inteligente, aprender de los errores de los demás te convierte en genio” - Anónimo

El 15 de abril de 1988, Aeronaves de México fue declarada en quiebra, tomando como pretexto el estallamiento de una huelga por parte del sindicato de trabajadores de tierra de la empresa.

La falta de eficiencia operativa, la impuntualidad y una pésima administración teniendo como accionista principal al propio gobierno, permitía todo tipo de interferencias que costaban muchos millones de dólares con cargo a las finanzas de la aerolínea.

La empresa tenía a los proveedores que vendían a los más altos precios todo lo imaginable, las rentas de los aviones eran probadamente las más altas del mercado en el mundo.

No era un secreto que personalidades de todo nivel, y entre ellos extranjeros, estaban en la nómina de la compañía que llegó a incluir políticos y bellezas del medio artístico, entre muchos otros que sangraban de manera increíble las finanzas de la aerolínea.

Los aviones eran utilizados para todo tipo de vuelos “particulares” y compromisos políticos y se llegó al grado de utilizarlos para vuelos presidenciales, afectando los itinerarios y a miles de pasajeros con las consecuentes pérdidas.

Para colmo los contratos de los diferentes sindicatos de la empresa, incluyendo el de pilotos, contenían cláusulas verdaderamente inconcebibles y únicas en la industria aérea que también eran una enorme carga para las finanzas de la línea aérea.

En fin, como la mayor parte de las empresas del gobierno en esos días, Aeronaves de México llegó a ser ejemplo de ineficiencia operativa, laboral, administrativa y financiera.

Quienes formábamos la delegación de Aeroméxico de ASPA nos dejamos llevar por la situación y nos encontrábamos felizmente instalados en nuestra zona de confort o lo que yo llamé alguna vez “la Isla de Guilligan”, que era  una serie cómica de TV, en donde los protagonistas vivían la peor de las situaciones posibles después de un naufragio, llegando a una isla paradisíaca pero alejada de la civilización, en donde encontraron una vida relajada y feliz que los hacía olvidar su situación de náufragos.

De un día para otro, todos los trabajadores nos encontramos en la Secretaría del Trabajo cobrando nuestra liquidación a través de una sindicatura, la cual fue de acuerdo a la Ley de Quiebras, por lo que el monto del cheque fue verdaderamente bajo, cubriendo sólo un par de meses de sueldo a cambio de muchos años de trabajo.

Debo decir que hubo muchas culpas y muchos culpables de esa quiebra, pero nos llevaría libros enteros explicar el porqué y los procesos, pero al final ASPA reaccionó positivamente cuando el gobierno planteó la posibilidad de crear una nueva aerolínea con el mismo nombre comercial, Aeroméxico.

La propuesta era iniciar con contratos laborales en ceros, con salarios muy bajos, jornadas de trabajo muy largas, recesos muy cortos, sin prestaciones adicionales a las de ley,  con unos cuantos aviones, algunas rutas que no incluían las internacionales y con solo 300 pilotos, de los casi mil que llegamos a ser originalmente.

Los 300 pilotos fuimos seleccionados de acuerdo con nuestro número escalafonario y todos teníamos la categoría de Capitanes, así es que la mitad ocupamos el asiento izquierdo y la otra mitad el asiento derecho en nuestros aviones.

Pasaron unos meses de negociaciones y propuestas, hasta que llegamos a aquella asamblea general en ASPA donde se nos informó que el gobierno había aprobado la nueva empresa Aerovías de México que iniciaría operaciones oficialmente el 1 de octubre de ese mismo año de 1988.

Ese mismo día de la asamblea, los pilotos de la delegación Aeroméxico hicimos un compromiso de tres puntos que quedó grabado y escrito en actas.

Nos comprometimos a dar todas las facilidades necesarias para continuar con la formación de Aerovías de México, nos comprometimos igualmente en que hasta el último piloto reajustado durante la quiebra sería reinstalado en su puesto en la nueva empresa, confirme ésta se fuera consolidando y también nos comprometimos a ser la mejor aerolínea de México.

Pudimos lograr todo lo anterior y mucho más, y a pesar de los obstáculos durante los últimos 32 años, Aeroméxico ha sobrevivido, crecido y obtenido un importante lugar internacional, teniendo grandes éxitos muchas veces sorteando graves crisis.

Hoy toca a otra generación de pilotos y a una administración responsable y empática cuidar de una maravillosa herencia profesional y sindical, cuidar de su fuente de trabajo  y no cometer los mismos errores que nosotros cometimos en el pasado, especialmente el de haber sido una vez cómplices por omisión.

Especialmente en esta época de crisis que vivimos actualmente y los graves problemas económicos que se ven venir para todo el mundo, la nueva generación de trabajadores de Aeroméxico, en todas sus áreas, tiene la obligación ética y moral de poner su mayor esfuerzo e imaginación para que su fuente de trabajo siga siendo lo que ha sido hasta hoy, y mejor todavía por ellos mismos y por sus familias, a pesar de cualquier obstáculo.

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